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Cementerio de narcos, hasta muertos gozan de lujos

Las extravagancias de los narcotraficantes no tienen límites. Algunas de las tumbas que fungen como su última morada bien podrían ser habitadas por vivos.
Las tumbas del cementerio sinaloense Jardín de Humaya son un ejemplo de la extravagancia al morir, pues en este sitio han sido enterrados algunos de los narcotraficantes más famosos del país.
Es común en este camposanto encontrar fotografías de personas con armas, mantas y figuras religiosas de distintos tamaños.
El capo ' Nacho Coronel' es uno de los más famosos personajes del cementerio, pues su tumba es un mausoleo de grandes vitrales.
Su entierro luego de que cayera abatido por fuerzas castrenses el pasado mes agosto, estuvo marcado también por el lujo del féretro.
Jardines de Humaya está hubicado al sur del estado de Sinaloa y en este lugar también reposan los restos de quien fuera rival en vida de 'Nacho Coronel', Arturo Beltrán Leyva, el 'Jefe de Jefes'.
El 'narcocementerio' cuenta con mausoleos de dos o tres niveles construidos con mármol, adornos de oro y piedras preciosas. Uno de ellos tiene línea telefónica, y otro cuenta con equipo de sonido y aire acondicionado.
Beltrán Leyva también goza de una gran tumba con vitrales de grandes proporciones, que reciben un mantenimiento especial semanal.
El 'Jefe de Jefes', que fue asesinado por elementos del Ejército y la marina en diciembre de 2009 mientras celebraba una fiesta en unos deprtamentos del lujo del estado de Morelos, descansa en su mausoleo que nunca imaginó estaría cercano al de Coronel.
En una entrevista con la BBC Mundo, el periodista y autor del libro 'El cartel de Sinaloa', Diego Osorno aseguró que estas tumbas reflejan 'cómo ven la vida y la muerte' los narcotraficantes y sus familias.
El cementerio está ubicado a unos kilómetros de barrios pobres de Culiacán, donde viven algunos de sus trabajadores. Osorno relató que algunos 'albañiles que trabajan en el cementerio han construido tumbas más grandes que las casas donde viven'.
La fama de este cementerio entre los narcotraficantes al parecer se inició con la inhumación de Lamberto Quintero, un famoso capo de la década de los 80.
A ese traficante siguió otro, Inés Calderón Quintero, uno de los iniciadores del tráfico de cocaína a EU. La demanda de espacios en este cementerio ha ido en aumento debido a las disputas entre cárteles del narcotrafico que pelean por territos y rutas.
Los lujos mortuorios de los narcos son semejantes a los que acostumbran en vida. Armas bañadas en oro, objetos comunes con incrustaciones y atuendos caros, son un ejemplo de la manera en que exhiben su estatus y posición dentro de la delincuencia organizada.
El Museo del Narco, no abierto al público, en la ciudad de México tiene una colección permanente de algunos objetos que les han sido incautados a elementos de las organizaciones criminales.
Muchos de los objetos que componen esta colección son armas con baño de oro y piedras preciosa incrustadas, sombreros con placas de oro, celulares con diamantes, cadenas de varios quilates, entre otras.
Otra forma en la que los narcos muestran su poder adquisitivo y sus lujos es en sus casas. Un ejemplo es la casa donde fue sorprendido el capo Edgar Villareal alias 'La Babie', donde se encontraron autos, camionetas y objetos de lujo.
En la residencia se encontraron muebles con acabados finos, mesa de billar, bar equipado y gran variedad de bebidas alcohólicas.
Con la ola de violencia que vive el país desde el 2006, los funerales con caravanas de camionetas de lujo y extravagancias han sido más frecuentes.
Sin contar las celebraciones por la tradición mexicana del día de muertos, donde este 'narco-panteón' no se queda atrás y congrega a los familiares para llevar a sus muertos más música y comida, como acostumbraron en vida.

Las extravagancias que se derivan del narcotráfico pueden ser inimaginables.

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