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Ciudad Juárez vive sin ley
La violencia y el crimen en Ciudad Juárez ha sobrepasado cualquier ley y limite. Considerada como unas de las entidades más peligrosas de México y el mundo, Ciudad Juárez es escenografía de violentos enfrentamientos entre capos y militares que velan por la seguridad perdida de la zona.
Tan sólo en el 2009, Ciudad Juárez cerró con un saldo de más de 2,600 muertos. En los últimos tres años en México, los crímenes han sumado 15 mil.
Hace tiempo se creía que las víctimas eran sólo los mismos capos que se mataban entre sí. Pero la realidad es otra: mujeres embarazadas, ancianos, jóvenes, inclusive menores de edad, policías, militares y periodistas son víctimas de las balas asesinas.
Las formas de asesinato llegan a los excesos. Desde decapitados hasta cuerpos descuartizados, baleados y con claras señales de tortura aparecen a diario.
Los cadáveres son encontrados en terrenos abandonados, envueltos en bolsas de basuras, cobijas o tirados a plena luz del día. Sino es que el ataque se da en las principales avenidas, restaurantes, o centros comerciales.
Como una medida para tratar de contrarrestar a los grupos criminales que se pelean la ciudad, se puso a andar la Iniciativa Mérida.
En este plan Estados Unidos destinará $1,400 millones entre 2008 y 2010 a las acciones mexicanas y centroamericanas para combatir con más eficacia a los carteles de la droga.
Además de la ayuda coordinada con el gobierno del estadounidense, el presidente mexicano Felipe Calderón ha visitado tres veces la entidad en lo que va del 2010 para decir desde allí que combatirá a los narcotraficantes hasta derrotarlos.
Escuchar a las familias y analizar las problemáticas en el terreno para establecer nuevas estrategias de combate han sido las prioridades y la apuesta de Calderón.
Mientras los 1.3 millones de habitantes de la violenta zona exigen mayor seguridad y una mejor calidad de vida en tierra que parece ser de narcos, los crímenes van en aumento.
La disputa por las rutas de la droga hacia Estados Unidos, el primer consumidor mundial de cocaína, se recrudeció en los últimos cuatro años, cuando los asesinatos pasaron de unos 300 a más de 2,660 en 2009, mientras que en lo que va de 2010 suman más de 400, según conteos de la prensa y agencias internacionales.
Por su situación geográfica Ciudad Juárez -fronteriza con Estados Unidos- es escenario también de aquéllos que no pudieron cruzar ilegalmente la frontera.
Fuertes dispositivos de seguridad se realizan a diario en autobuses, restaurantes, plazas, escuelas en busca de indocumentados y delincuentes que se refugian allí.
La urbe es el fondo de una sangrienta guerra entre el cartel de Juárez y el de Sinaloa.
Los asesinatos ocurren en plena calle, fiestas o centros de rehabilitación para adictos y no pasa un día sin que aparezcan tirados cadáveres por ajusticiamientos entre pandillas como 'Los Aztecas', asesinos a sueldo del cartel de Juárez, o 'Los Micles', que responden al de Sinaloa.
En esta declarada guerra contra el narcotráfico, Felipe Calderón ha hecho lo que ninguno de sus antecesores se habría imaginado: ordenar a sus propias fuerzas armadas combatir a los grupos criminales.
Desde el inicio de su gobierno, en diciembre de 2006, Calderón ha sacado a las calles a más de 45 mil soldados para tratar de apoyar a las autoridades civiles en los estados más conflictivos del país.
La economía también se ha visto severamente afectada. Según un reportaje de la BBC Mundo, al menos 5 mil negocios han cerrado desde el 2006 debido a la creciente ola de violencia.
"Claro que vivimos con miedo. Cada día es levantarse y no saber si va a uno a terminar el día con vida", comentó a Univision.com Lourdes Rosales, una vendedora de una tienda de regalos en un centro comercial de Ciudad Juárez.
De la vida nocturna sólo quedan destellos. Bares, restaurantes y discotecas permanecen vacías o cerradas. Nadie se atreve a salir de noche.
En los últimos días el conflicto en Ciudad Juárez ha dado un nuevo giro. Al menos 47 estadounidenses han muerto, desde enero de 2008, en crímenes relacionados con la violencia de los capos.
El más reciente ataque fue contra una funcionaria del consulado de Estados Unidos en México y su esposo, cuando salían de una fiesta.
Los históricos sucesos de Ciudad Juárez han provocado que su población, renuente por muchos años a salir de su hábitat, decida dejar sus propiedades, familia y bienes con tal de vivir tranquilos y seguros.
Es el caso también de los oriundos de otras zonas que hace tiempo llegaron con los juárenses para tener mejores oportunidades laborales y calidad familiar.
En Juárez el temor de ser asesinado vive presente en todos sus ciudadanos. La gente evita salir a menos que sea necesario. Prefieren reunirse en casas y sólo con conocidos.
"En los semáforos nos detenemos siempre viendo a todos lados. No hablamos con desconocidos y tampoco contestamos llamadas que no reconozcamos. Vivimos sin ser libres", dijo a Univision.com Eduardo Gallegos, habitante de la urbe.
Entre las medidas que la población ha tomado ante el hartazgo de vivir en riesgo es crear comandos armados que, por su propia cuenta, le pongan un cuatro a los grupos de delincuentes.
Bajo lemas como: Mataremos a un criminal cada 24 horas, grupos de ciudadanos han advertido al gobierno que si no bajan los índices de asesinatos, ellos entrarán en acción.
La gente se siente bombardeada por medios de todas partes del mundo que quieren que les cuenten las historias, a sabiendas de que si alguien habla, puede firmar su sentencia de muerte.
La gente que atestigua está atemorizada, y los familiares de las víctimas, devastados. Es difícil encontrar testimonios, explicó a Univision.com Rocío Gallegos, jefa de informacion del Diario de Juárez.
La mala fama de Ciudad Juárez no comenzó con los crímenes de narcotráficantes. Hace más de 10 años, los feminicidios que empezaban a azotarla, le dieron la vuelta al mundo.
Desde mediados de 1990 la ola de violencia contra las mujeres ha dejado más de 300 muertes sin resolver.
El escenario de Ciudad Juárez es desgarrador. Los narcotráficantes no ceden, muy por el contrario, no paran sus amenazas contra el gobierno y la propia sociedad.
Sin embargo Felipe Calderón ha declarado que no se deja intimidar.
"El Estado mexicano no habrá de permitir que organizaciones delictivas, de facto o de cualquier tipo vulneren la libertad de los mexicanos y la legalidad que requiere el Estado nacional", puntualizó el presidente mexicano.
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