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Una vuelta al infierno: La historia de un sobreviviente del narco

Víctima de la violencia

Al subirlo a la camioneta al asiento trasero, Rubén se percató de que iba en medio de dos personas: una mujer y un hombre. Ambos armados y vestidos de policía. Salieron del lugar seguidos por otra camioneta.

Fueron golpeados y les cubrieron con su camisa la cabeza, para no ver el camino. Minutos después, a Rubén le preguntaron cuál era su relación con “El Patón”. Él  contestó: “es mi amigo. Estábamos en el rezo de mi mamá”.

“Yo me puse nervioso venía pensando en escapar. Quise abrir la puerta del lado de la chava para tirarme de la camioneta y no pude. Empecé a forcejear con ella y en el momento del forcejeo, ella no la pensó y fue cuando me disparó”.

La detonación de momento no le dolió. Aturdido y casi desmayado por el impacto en el rostro fue cayendo. Escuchó que la mujer decía “creo lo maté”.    

En cuestión de segundos reaccionó. Se hizo el muerto pensando que lo podrían tirar para no manchar la camioneta de sangre.

“Después de media hora de camino nada más sentía yo calientito, como iba desangrándome. Simplemente la mujer se monto en mí, me levantaba la cabeza, me pegaba, pellizcaba, y decía “creo que le saque los sesos”. Yo dentro de mí pensé, qué tan grave ha de haber sido el impacto para que ella piense que estoy muerto”.

Los sicarios se venían burlando, y decían “si se ponen al pedo igual les va a pasar, así que mejor calladitos. La camioneta siguió avanzando, y llegaron a un lugar en medio del monte. Al bajarse, los de la otra camioneta dijeron “bajen a este chavo que está muerto”.

“Me bajaron y me depositaron a unos cuantos metros en la maleza. Empezaron a interrogar y torturar a mis amigos, que ¿quién vendía droga? Y por quererse desafanar (librarse) del problema, “El Patón” comenzó a mencionar a otros chavos que también venden droga”.

Los sicarios les dijeron “a ver si es cierto todo lo que me dices, si no vas a ver ahorita”, y los subieron a la camioneta. Uno de ellos dijo, hablando de Rubén, “a ese chavo quiero que lo suban, y que lo quemen”.

“Eres uno de ellos, no te hagas”

“Yo pensé que me iban a quemar, en el momento me dio miedo, pensé que me iban echar gasolina. Tenía ganas de echarme a correr, pero dije 'no, si me echo a correr ahorita me van a disparar'. Ya fue que me puse flojito otra vez y  me arrastraron a la camioneta. Me aventaron atrás. Uno de ellos iba a ir conmigo sentado en la batea pero le dijeron que se fuera adelante", aseguró. 

Al avanzar la camioneta, minutos después, José advirtió que estaba cerca de las vías del tren, en Tres Valles, Veracruz. Se quitó la cobija e intentó, poco a poco, tirarse para que no lo vieran. Se aventó de la camioneta, salió rodando y se quedó quieto. La camioneta siguió derecho. No se percataron que había escapado.

“Ya fue cuando me toqué la cara y me di cuenta que la tenía destrozada. A lo lejos vi unas luces, fui a pedir ayuda. Una chava hasta se espantó, me ayudaron, llamaron a la policía y a la ambulancia”, expresó.

Al llegar al hospital del pueblo no lo pudieron atender, lo pusieron en una camioneta esperando llevarlo a otro hospital. En esas horas de espera pensaba que podrían regresar a rematarlo, ya que la policía  trabaja con los criminales.

Horas después llegó la Marina quién lo interrogó. Le decían “eres uno de ellos, no te hagas”. José negó esa afirmación, y les reveló la verdad, dijo que lo habían levantado en la casa de un amigo que vende droga. Los marinos lo llevaron al puerto de Veracruz, dónde  fue atendido y operado.

El daño que provocó el fusil fracturó la mandíbula, perdió hueso y mucho tejido. Todos los dientes de abajo y dos de arriba fueron despedazados.     

Una salida del infierno

Una semana después de estar en el hospital fue trasladado por su familia a la Ciudad de México para evitar que lo fueran a buscar.

“Dios me ayudó. Tenía miedo que se dieran cuenta que estaba respirando o que me tomaran el pulso, para ver si estaba muerto o me dieran el tiro de gracia”.

“Nunca había visto gente tan cruel. La chava que me dio el tiro se me encimó y decía “creo que le saqué los sesos y se reía”. Era una mujer como de 28 años, bonita, chaparra. Me movía como jugando.

José, desde que subió a la camioneta, pensó que lo iban a matar, estaba resignado, el mayor temor era que lo torturaran.

Sus amigos fueron encontrados descuartizados con un narco-mensaje. Tres dias después de los hechos los periódicos daban la noticia.

Para Rubén esta experiencia lo ha cambiado, piensa ayudar a sus padres y salir adelante. Están felices de que su hijo librara la muerte.

En la actualidad su propósito es recuperarse, para eso necesita algunas intervenciones quirúrgicas. Le agradece a Dios el haberle concedido la oportunidad de salir del infierno, y regresar de la muerte. 

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