Publicidad | Vea su anuncio aquí

  • La próxima revuelta
  • La próxima revuelta
  • La próxima revuelta
  • La próxima revuelta
  • La próxima revuelta
  • La próxima revuelta
  • La próxima revuelta
  • Revuelta egipcia en fotos
  • La próxima revuelta
  • La próxima revuelta
  • La próxima revuelta
  • La próxima revuelta
  • La próxima revuelta
  • La próxima revuelta
  • La próxima revuelta
  • La próxima revuelta
  • La próxima revuelta
  • La próxima revuelta
  • La próxima revuelta
  • La próxima revuelta
  • La próxima revuelta
  • La próxima revuelta
  • La próxima revuelta
  • La próxima revuelta
  • La próxima revuelta
  • La próxima revuelta
  • La próxima revuelta
  • La próxima revuelta
  • La próxima revuelta
  • La próxima revuelta
  • La próxima revuelta

¿Dónde será la próxima revuelta?

Las revueltas de Túnez y Egipto asomaron como una inesperada y poderosa arma social capaz de poner fin a dictaduras que llevaban décadas, y gobiernos poderosos que se sujetaban al poder con la fuerza de las armas, la represión y el miedo. Surgieron bulliciosas, multitudinarias, pacíficas y con un mensaje claro: no más abusos, democracia participativa y justicia social. Dos movimientos tienen en jaque al mundo entero.
La primera revuelta ocurrió en Túnez. Se le conoce como la Revolución de los Jazmines. Comenzó el 17 de diciembre de 2010 en la ciudad de Sidi Bouzid cuando Mohamed Bouazizi, un joven universitario diplomado en informática, se quemó a lo bonzo para protestar contra la confiscación por parte de la policía de su puesto callejero de venta de frutas. La reacción del pueblo fue inmediata y se desató un movimiento contra del gobierno del presidente autocrático Ben Alí, quien llevaba gobernando más de 32 años.
A las manifestaciones por la muerte de Bouazizi se sumó el rechazo a la subida al precio de los alimentos básicos, la corrupción, la pobreza y la carencia de oportunidades para salir de la crisis financiera que golpea Túnez desde principios de 2008. Ben Alí respondió con represión y el pueblo reaccionó con más protestas que fueron transmitidas en vivo por las principales cadenas de televisión a nivel mundial. Se trataba de un hecho único en un país árabe.
El 14 de enero de 2011 Ben Alí cedió a las protestas y huyó después de tres décadas en el poder. Buscó refugio en Arabia Saudita y muchos pensaron que la revuelta había llegado a su fin. Pero no fue así. Túnez sentó un precedente no esperado en un mundo donde la democracia batalla todos los días entre gobiernos instaurados de manera dudosa, monarquías implacables y dictaduras que, muchas veces, la prensa hace de la vista gorda para que sigan existiendo como si nada.
Once días después de Túnez comenzó la revuelta de Egipto, el 25 de enero. Miles de civiles salieron a las calles para exigir democracia, freno a la corrupción, respeto a los derechos humanos y la salida del poder del presidente Hosni Mubarak, quien gobernaba desde 1981. El régimen reaccionó con una brutal represión policíaca que dejó un saldo de más de 300 muertos y miles de heridos.
El movimiento social egipcio fue encabezado por jóvenes. Se unieron manifestantes de diversas corrientes políticas y creencias religiosas con un solo propósito: instaurar un nuevo gobierno representativo de la voluntad popular. En tiempo récord, los viejos aliados de Mubarak –entre ellos Estados Unidos y Europa- se unieron al clamor de la revuelta para exigir al régimen que atendiera el clamor del pueblo.
La revuelta de Egipto contó con un aliado inesperado: el ejército. La institución, que durante tres décadas se mantuvo firme junto Mubarak (quien fue general y vicepresidente de Anuad el Sadat), ahora se unía al clamor del pueblo que demandaba cambios democráticos en una nación donde, al igual que en resto del mundo árabe, la voluntad del pueblo no siempre es escuchada y atendida.
El día 18 de la revuelta Mubarak renunció a la presidencia de Egipto y el ejército asumió el poder. Al alto mando militar Disolvió el Congreso y la Constitución, y anunció que entregará el poder al gobierno civil que sea electo en un plazo de seis meses. ¿Terminó ahí la revuelta? ¿Es el último movimiento social de estas características que verá el mundo? ¿Qué está ocurriendo en el resto del mundo árabe? ¿Puede suceder lo mismo en Asia, Europa o América Latina? ¿Qué es una revuelta?
Revuelta, explica el diccionario digital Wikipedia, “es un movimiento social espontáneo, de carácter violento y opuesto a alguna figura de poder”. Pero o ocurrido en Túnez y Egipto echó por tierra esa definición. Si fueron movimientos sociales, pero pacíficos, y el objetivo no era una figura de poder, sino todo el poder, íntegro, desde el presidente hasta el último funcionario. Por qué no decirlo, el sistema, al que consideraban injusto, abusivo, represivo, corrupto y lesivo para los intereses nacionales.
Otra gran diferencia con la definición clásica de revuelta fue la manera, la forma en cómo fueron organizadas las protestas de Túnez y Egipto, y la manera en cómo el pueblo pudo vencer los mecanismos de represión e inteligencia montados por los gobiernos de Alí y Mubarak respectivamente. No utilizaron prensa escrita, radio o televisión, ni tampoco organizaron grandes reuniones para planificar protestas: usaron Internet, las redes sociales y desde ahí lograron unificar un mismo mensaje, objetivos claros y una convocatoria acertada.
No hubo ejército, ni tanque ni cañón ni muro ni bala capaz de detener la voz del pueblo. La revuelta entonces surgió como espontánea, masiva, coordinada, sin necesidad de un liderazgo basadlo en un solo hombre, sino en una exigencia clara, precisa, fuerte e imponente: democracia. Y no se movieron del lugar de la protesta hasta conseguir el objetivo: la renuncia del gobierno y la apertura de un proceso de democracia para elegir nuevas autoridades.
¿Y ahora? ¿Qué ocurrirá después de Egipto? ¿Llegarán las revueltas a América Latina? ¿Peligran los gobiernos democráticos? ¿Es probable que se levantes los pueblos para denunciar injusticias y exigir una profunda transformación social? ¿Es la pobreza un factor que pueda desesncadenar una revuelta? ¿Y el narcotráfico? ¿La pobreza? ¿La corrupción? ¿El aumento de precios de productos básicos? ¿El precio del petróleo? ¿Los escñandalos cometidos por los presidentes, jefes de estado, primeros ministros, reyes io príncipes?
Después de Túnez y Egipto la lista de posibles futuras nuevas revueltas crece día a día y los argumentos se repiten, como calcados al carbón. El hecho que en algunos países haya democracias no quiere decir que existan condiciones para una revuelta. Y no necesariamente un gobierno electo una o varias veces quiere decir que el pueblo no tomará la decisión de salir a las calles a exigir un cambio, y que ese pedido se haga exclusivamente a través de las urnas. Esta es la lista de las “posibles revueltas” que de una u otra manera asoman en el horizonte.
Argelia. Tras las revueltas de Túnez y Egipto el país se ha vuelto inmerso en una serie de protestas masivas en demanda de democracia. El ministro de Asuntos Exteriores, Murad Medelci, anunció que el gobierno levantaría el estado de emergencia que desde hace 19 años permanece en el país, medida dirigida a detener el descontento social. Pero el pueblo no acepta y exige la renuncia del régimen del presidente Abdelaziz Buteflika, quien gobierna desde 1999. La revuelta dirigida por un movimiento laico exige democracia.
Yemen. Miles de manifestantes han copado las calles del centro de Saná, la capital, exigiendo la renuncia del presidente Ali Abdullah Salih. Los manifestantes piden democracia, freno a la corrupción, se quejan de la carestía de los alimentos, demandan el respeto a los derechos humanos y que se ponga fin al nepotismo. Los líderes aseguran que no dejarán las calles hasta que se vaya el presidente.
Irán. En 2008 miles de opositores al gobierno del presidente Mahmud Ahmadineyad salieron a las calles para exigir democracia. Fueron reprimidos, algunos dirigentes encarcelados y otros condenados a muerte. Las revueltas de Egipto y Túnez revivieron aquellas revueltas y nuevamente salen a las calles en un movimiento que cuenta con el apoyo de Estados Unidos. El gobierno de Teherán hace lo posible por bloquear el Internet para evitar que el pueblo se organice y salga de forma multitudinaria a las calles, como en Egipto, y provoque la caída del régimen.
Marruecos. En respuesta a las revoluciones pacíficas de Túnez y Egipto, el Gobierno marroquí, encabezado por el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, ofreció gestionar una transición hacia un gobierno civil democráticamente electo por el pueblo. El régimen está tratando de evitar una revuelta anticipándose a las exigencias, pero al mismo tiempo fijando el plazo del cambio o la retirada del poder.
Jordania. Durante y después de la revuelta de Egipto, cientos de jordanos salieron a las calles para exigir elecciones libres y la bajada de los precios de la canasta básica. Las manifestaciones se llevaron a cabo los días viernes, a la salida de las oraciones en las mezquitas y fueron convocadas por los movimientos musulmanes radicales. El Rey Abdalá II, anticipándose a las protestas, solicitó de manera urgente al Parlamento una “apertura franca y diálogo sobre todas las cuestiones para fortalecer la confianza entre el pueblo y las entidades estatales.
Arabia Saudita. El reino saudí analiza detenidamente las revueltas ocurridas en Túnez y Egipto. Gobernado por una familia real sunita, los Al-Khalifa, que cuenta con el irrestricto apoyo de Estados Unidos, el gobierno ataja con dureza cualquier indicio de levantamiento popular. La oposición chiíta y grupos radicals islámicos batallan por la caída del reino y la instalación de un regimen islamita. Otros grupos pregonan la instauracion de una democracia representativa.
Bahréin. El 14 de febrero se llevó a cabo una “jornada de ira” convocada por dirigentes chiitas con el fin de organizar una revuelta similar a la de Egipto. Imágenes de video tomadas por manifestantes y publicadas en internet mostraron a la policía antidisturbios atacando a los manifestantes pacíficos con gas lacrimógeno y balas de goma. Dos manifestantes murieron y decenas resultaron heridos. Los manifestantes exigen demandas constitucionales y que el regimen ponga fin a los abusos de los derechos civiles.
Siria. Otro de los países árabes gobernado por un régimen de mano dura encabezado por el presidente Bashar al-Assad. El mandatario es hijo de Hafez al-Assad, quien gobernó desde 1970 hasta su muerte en 2000. Los opositores quieren su renuncia y convocatoria a elecciones libres.
Libia. Tras la detención del abogado Fethi Tarbel, un defensor de presos de conciencia libios, estallaron revueltas en Quryna de Bengasi, la segunda mayor ciudad del país. El movimiento se propagó luego a Trípoli donde cientos de personas, además de pedir su liberación, lanzaron consignas contra el gobierno de Muamar Gadafi y exigieron derrotar la corrupción. Organizados a través de la página Facebook, el movimiento llamó a una revuelta para el 17 de febrero, al que denominó Día de la Ira en Libia.
Jordania. Miles de jordanos salieron a las calles durante la revuelta de Egipto para pedir al rey Abdalá II la destitución del primer ministro, Samir Rifai, y la adopción de reformas económicas y políticas en el país. Los manifestantes exigieron, durante tres semanas, cambios profundos en SAman, capital, y las ciudades de Irbid, Zarqa, Ajlun, Mafrak, Karnak y Aqaba. Los partidos islámicos en la oposición, los sindicatos, la sociedad civil y los grupos de activistas convocaron y lideraron las protestas.También piden la disolución del Parlamento y llamaron a la formación de un gobierno de transición que convoque a nuevas elecciones.
Italia. El sábado 14 de febrero miles de personas manifestaron en Italia en contra del gobierno del primer ministro Silvio Berlusconi, quien enfrenta un juicio por incitación a la prostituciòn de menores. La jornada, la primera de varias convoicadas en todo el país, es encabezada por el movimiento social del Pueblo Violeta para pedir la dimisión del primer ministro. Miles de mujeres también protestaron por la imagen lesiva del colectivo femenino que presenta el actual jefe de Gobierno. El caso de Italia no es como las revueltas de Túnez y Egipto, pero se trata de un movimiento parecido que busca el mismo fin: la renuncia del gobierno y la convocatoria a elecciones para que el puebli eliga un nuevo gobierno.
Bolivia. El presidente Evo Morales enfrentó en enero una ola de protestas por la escasez de alimentos y un incremento en los precios de la canasta bàsica y los combustibles. La revuelta llegó al punto en que el gobierno se viuo obligado a echar pie atrás en los inbcrementos que había adoptado como parte de un paquete de medidas para enfrentar kla crisis econónocas que azota al país sudameticano. Movimientos similares fueron advertidos en caso que el gobierno vuelva a aumentar los precios.
Argentina. Aumento del nivel de desempleo, productores agrícolas que denuncian bajos precios de las cosechas, sequía y la regulación estatal del mercado son factores que amenazan con desencadenar una revuelta social. Además, el sector rural acusa al gobierno de Buenos Aires de la presidenta Cristina Fernández de favorecer a las firmas exportadoras en detrimento de los agricultores con sus intervenciones en los mercados de alimentos del país. El futuro inmediato en el país sudamericano es incierto.
Chile. Es uno de los países sudamericanos más estables. Pero una reciente revuelta en el sur, tras un aumento en el precio de los combustibles, obligó al Presidente Sebastián Piñera a dar marcha atrás y escuchar atentamente a las demandas del pueblo. Se trató de una primera advertencia para un gobierno electo en un país dividido.
Palestina. Durante la revuelta de Egipto el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abbas, aceptó la dimisión del Gobierno encabezado por Salam Fayad. La situación de división política entre la ANP y el Gobierno de Hamás en Gaza impedido la celebración de comicios, pese a que los mandatos presidencial y parlamentario expiraron. Una revuelta social podría desencadenarse en cualquier momento.
Venezuela. A mediados de febrero el director nacional de inteligencia de Esdtados Unidos, Janes Clapper, advirtió que que el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, afrontará posiblemente protestas populares por su continuo impulso de un socialismo del siglo XXI y por el pobre rendimiento de la economía. Agregó que "la mala gestión de Chávez de la economía venezolana y la espiral ascendiente de la tasa de criminalidad explican los pobres resultados electorales conseguidos por el gobernante en 2010.
Los países que conformaban la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS): Azerbaiyán, Bielorrusia, Chechenia, Estonia, Georgia, Kazajstán, Kirguistán, Letonia, Lituania, Moldavia, Tayikistán, Turkmenistán, Ucrania, Uzbekistán. En todos ellos han habido revueltas, pequeñas hasta ahora, que denandan libertad, soberanía y democracia.
Sin duda las revueltas de Túnez y Egipto son un factor desencadenante. El mundo árabe, Europa y América Latina sienten que, por primera vez en la historia, pueden derrocar a un gobierno a través de movilizaciones populares pacíficas convocadas y organizadas a través de las redes sociales como Facebook y Twitter. Esto es algo sin precedentes, único, histórico. Sin dida, las revueltas están cambiando al mundo.

Publicidad | Vea su anuncio aquí

Haz click en las flechas para ver la próxima foto

Publicidad | Vea su anuncio aquí