Crucifixiones en Filipinas, un doloroso ritual
Nuevamente las imágenes de los polémicos ritos que se llevan a cabo en Filipinas durante la Semana Santa, dieron la vuelta al mundo.
Es común que durante el Viernes Santo, fieles católicos se flagelen con una fusta mojada mientras recorren algunas iglesias de las localidades.
Algunos con la cara oculta, caminan sin dejar de golpearse, como penitencia para expiar sus pecados.
Las heridas sangran pero es tanto su fervor que no dejan de flagelarse.
Otros fieles optan por cargar una cruz y recorrer las principales calles de su localidad.
Esta emulación de lo que, según la iglesia católica hizo Jesús durante el Viacrucis, es una práctica que no solamente ocurre en Filipinas sino en otras partes del mundo.
Sin embargo, en este país se ha vuelto muy popular por las crucifixiones reales que llevan a cabo.
Este año fueron 30 fieles católicos los que decidieron hacer este sacrificio.
Las crucifixiones han atraído a miles de turistas, nacionales y extranjeros en los últimos años.
Aquellos que deciden hacerlo no pueden evitar hacer muecas de dolor ante la perforación de las manos.
Los clavos que atraviesan las extremidades de estos filipinos llegan a ser de hasta 12 centímetros de largo.
Aunque inicialmente eran hombres los que participaban, a últimas fechas se ha visto un incremento en el número de devotas femeninas.
A pesar de que los líderes de la Iglesia Católica han intentado disuadir a los creyentes, los rituales continúan.
Los penitentes son crucificados ante la multitud y permanecen así durante algunos minutos.
Después son bajados y llevados a una enfermería improvisada donde se les limpian las heridas para evitar una infección y en pocas horas están completamente recuperados.
Es impresionante el número de fieles y turistas que llegan cada año para ser testigos de este ritual.
Además de expiar sus pecados, algunos creen que este sacrificio les traerá salud a ellos y a los suyos.
En total fueron 30 personas las que decidieron crucificarse, nueve de ellas en la localidad de San Pedro Cutud, al norte de Filipinas.
Aunque en otros años las autoridades católicas filipinas se han opuesto a estos ritos, este año simplemente dijeron que no es algo que recomienden.
Sin embargo parece que es una tradición que va tomando fuerzas en un país donde 80% de los 94 millones de habitantes, se ha declarado católico.