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La vida de 220 sexoservidoras en área de Tijuana
En la frontera de Tijuana, el 12 por ciento de las mujeres que se dedican a la prostitución está siendo forzada u obligada por la necesidad financiera.
- Getty Images
Por la fuerza o por necesidad financiera
En la frontera de Tijuana, el 12 por ciento de las mujeres que se dedican a la prostitución está siendo forzada por sus novios, esposos o "padrotes", revela uno de los primeros estudios en su tipo realizado por la San Diego State University para el Departamento de Justicia de Estados Unidos.
El resto son mujeres seducidas por esta lucrativa industria que lo hace por necesidad financiera.
Desde principios del siglo XX, Tijuana se convirtió en un atractivo para los extranjeros y soldados estadounidenses que saciaban sus placeres carnales en esta ciudad.
Y desde entonces, el turismo sexual se convirtió en un negocio que ha sido muy generoso con los gobernantes en turno. La gran mayoría de los clientes de las prostitutas establecidas en Tijuana proviene del Sur de California, quienes son atraídos por famosos cabarets como Adelitas, Chabelas, Chicago o La Tropa, mientras que la clientela asiática suele ser ya tradicional en el Club Hong Kong.
El estudio de San Diego State University, encabezado por el doctor en sociología Sheldon Zhang, se titula: Sex Trafficking in a Border Community: A field Study of Sex Trafficking in Tijuana, México.
Está basado en entrevistas con 220 prostitutas y 92 proxenetas de Tijuana, además de agentes policíacos, funcionarios públicos, activistas e informantes. Los "chulos" o "padrotes" utilizan una serie de técnicas para manipular o físicamente forzar a las mujeres hacia la prostitución. Las mujeres son aisladas y se les prohíbe tener comunicación con sus familias. Muchas de ellas son reclutadas con engaños en ciudades del sur y centro de México.
En Tijuana hay alrededor de seis mil prostitutas registradas, y se estima que hay otras tantas que no están registradas. La gran mayoría se prostituye en alguno de los 200 centros nocturnos concentrados en la llamada Zona Norte o "La Cawila", nombre derivado de la calle Coahuila.
La mayoría son mexicanas
El 94 por ciento de las mujeres consultadas para este informe entregado al Departamento de Justicia (DOJ) de Estados Unidos, son mexicanas, en su mayoría procedentes de Puebla, Sinaloa, Veracruz y Jalisco. Un 34 por ciento de ellas son originarias de Baja California. El otro seis por ciento es de El Salvador, Guatemala, Honduras y Uruguay.
El DOJ se deslinda de las opiniones y puntos de vista expresados en el informe, ya que indica se trata de un documento de investigación que les fue presentado y que esa agencia no lo publica.
Mujeres muy jóvenes
El análisis que se hace de la prostitución en Tijuana, determina que el 73 por ciento son jóvenes de entre 18 y 29 años de edad, pero un grupo pequeño, el tres por ciento, resultó ser menor de edad.
El estudio narra las historias de varias de ellas sin identificarlas, como el caso de una niña de 15 años, estudiante de secundaria, quien trabajó como modelo y en una fiesta conoció a un hombre que administraba una agencia de servicio de acompañantes que le ofreció mucho dinero. Y así la enganchó.
El 55 por ciento de ellas tienen al menos un hijo qué mantener y en su mayoría son jóvenes que tuvieron que abandonar sus estudios en la secundaria. Sólo el 13.6 por ciento cursó un tiempo en la universidad.
Aparentemente, quienes tienen mayor nivel de educación en la industria del sexo, tienden a trabajar como acompañantes o escorts y reciben mejor paga. El 74 por ciento de las sexoservidoras, dijo haber entrado a este negocio por cuenta propia y por el potencial para hacer dinero rápido.
El 47.3 por ciento de las mujeres entrevistadas trabaja en los llamados table dance, un 32.3 por ciento en las calles, el 11.4 por ciento lo hace como escort, el 5.5 por ciento en salas de masaje, y el resto en una mezcla de diferentes lugares.
El promedio de años que llevaban trabajando en lo que se considera el oficio más antiguo del mundo, es de dos años.
Varios clientes al día
También en promedio, las prostitutas de Tijuana atienden de tres a cuatro clientes al día, pero hay quienes llegan a satisfacer a unos 20 hombres en una noche. Las cantidades entre lo que cobran unas y otras es abismal, van desde los $5 por sexo oral hasta los $4,000 por clientes exclusivos, incluyendo propinas y viajes.
De modelo a prostituta
A sus 15 años, la niña sorteaba la secundaria y un trabajo de medio tiempo como modelo, hasta que un día, en una fiesta del trabajo, una amiga le presentó a un hombre que administraba una agencia de servicio de acompañantes. La jovencita quedó deslumbrada con lo que le pagarían.
"Decidí trabajar en esto principalmente por el dinero", dice el testimonio plasmado en el informe. "Ganaba en la agencia de modelos, pero nada como ¡Wow!... Mi amiga me enseñó lo que necesitaba para empezar a trabajar, que las primeras veces me sentiría nerviosa y un poco asustada, pero que me acostumbraría muy rápido. Cualquiera puede trabajar en esto, siempre y cuando obtenga su tarjeta de control sanitario y sea joven. Eso es todo".
La maquiladora no deja
A los 14 años de edad quedó embarazada. Ahora su hijo mayor tiene 15 y otros cuatro más por mantener. Es de Sinaloa y llegó a Tijuana para trabajar en una maquiladora. Pero para la escuela, la ropa, la comida y la renta, ese salario no es suficiente, y más si el padre de los chamacos es un desentendido. Por eso, esta mujer que sólo cursó la primaria, decidió ser prostituta.
En dólares, no en pesos
Originaria de Guatemala, esta mujer de 31 años de edad dejó su país para buscar mejor suerte en este oficio. Allá trabajó en un club de caballeros. Empezó a los 21 como mesera y luego la "promovieron" para dar masajes. Así conoció a un cliente que le recomendó emigrar a otro país, donde podría conocer a clientes de Europa, donde podría ganar en dólares y no en pesos. Entonces se fue a Cancún, donde trabajó por tres años como escort y después se mudó a Tijuana.
La alcaldía por el table
Trabajó como contadora en una alcaldía de Durango y como hubo cambio de gobierno y recién se había divorciado de su esposo que era un vividor, decidió mudarse a Tijuana, donde le ofrecieron una chamba en el gobierno, para empezar una vida nueva.
A los pocos meses de haber llegado a la ciudad, sus hijos enfermaron y el tratamiento era muy costoso. No ganaba lo suficiente para ello, se había retrasado con la renta y el pago de servicios, y ya le debía mucho dinero a su familia.
Fue entonces que una compañera del trabajo le recomendó al gerente de un club, quien sólo la contrató como mesera porque para ser bailarina tenía que bajar de peso. Le tomó 8 meses ponerse en forma y empezó a trabajar de lleno en el table dance. Al año el club fue cerrado, pero de inmediato consiguió trabajo en otro. Desde entonces, dice, no ha dejado de bailar.
El sueño americano
En su natal Guatemala, de niña trabajaba limpiando un hotel y vendiendo dulces en el mercado. Hoy tiene 21 años y vende placer en Tijuana.
Cuando iba en quinto grado dejó la escuela para contribuir a la economía de la familia, porque eran muy pobres, todos dormían en el mismo cuarto, sólo dividido por una cortina. A veces no tenían ni para comer y la violencia de la ciudad era insostenible.
Por eso salió de su país y decidió emigrar al norte en busca del sueño americano. Pero no tenía ni dinero para pagar un "coyote", y entonces ofreció su cuerpo como paga. Trabajó de prostituta en varias ciudades de México. Solía hacer favores sexuales a los choferes de camiones para que la transportaran. Llegó a Tijuana y no siguió más. Aún espera cruzar la frontera, pero por mientras, está dispuesta a hacer dinero.
Esclavitud moderna
A los 17 años, cuando viajaba en un camión de la escuela a su casa, en Puebla, un hombre le sacó plática. Le dijo que en Tijuana había muy buenas oportunidades de trabajo en la limpieza de casas.
Deslumbrada por el dinero que le prometieron, la joven le dijo a sus padres de la oferta de empleo, quienes la regañaron por hacerle caso a un desconocido. Ella, considerando que ganaría mucho dinero limpiando casas y que pronto podría callarles la boca a sus papás, decidió escaparse.
El hombre le ofreció pagarle el boleto de avión y viajó a Tijuana en compañía de otras dos jovencitas. Ya en Tijuana, las tres muchachas fueron encerradas en una vivienda y tras varios días de estar bajo presión, fueron forzadas a vestirse con ropas llamativas, faldas cortas y tacones altos. Unos hombres las esperaban en un bar. El resto de la historia es predecible.
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