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Hambre y desolación en albergues

Albergues en Antigua

El albergue de la escuela primaria del municipio de Antigua, tiene bajo su resguardo a 300 personas.

- Univision.com

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Desolación en albergues de Veracruz

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Cardel,  Veracruz

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Karl dejó muerte y destrucción y convertido en tormenta avanza al centro de México

FOTO Karl dejó muerte y destrucción

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Albergues a marchas forzadas

 

ANTIGUA, Veracruz – Rosa Hilda Beltrán vio como se desmoronó todo su patrimonio Su único pecado fue vivir junto al río que pasa por su municipio. Cuando pasó Karl, su casa se inundó pero nada que no pudieran manejar, creían que ya estaban a salvo cuando no imaginaban que lo peor vendría después.

Fueron tan intensas las lluvias y los vientos que provocó Karl, a su paso por Veracruz, que el río subió y arrasó con todo.

“Salí corriendo de mi casa, avance un par de calles y ahí el agua ya me llegaba hasta el cuello. Fue cuando mi esposo me dijo que me regresara o me iba a ahogar. Nos subimos al techito de lámina. Al lado estaba una señora con dos bebés recién nacidos”, dijo la afectada a Univision.com

Hilda ahora vive “permanentemente” en un albergue del municipio de Antigua. Son casi 300 las personas que perdieron sus casas y sus pertenencias y por tanto no tienen a dónde ir.

“Cuando el Ejército y la policía vieron como estaba el agua, ni siquiera intentaron sacarnos, se dieron la vuelta. Fueron unos vecinos que llegaron con unas lanchas y las jalaron con unas sogas. Nadie se ha parado a ver cómo estamos”, dijo Roberto Robles, otro de los damnificados.

Son tres los albergues del municipio de Antigüa. El más poblado es el ubicado en la escuela primaria José Cardel.

Se puede ver a las personas descalzas, con algunas pertenencias en el patio central del lugar. Los salones son los centros de acopio, donde sobresalen cobijas y colchonetas, hasta ahora es lo único que se les ha proporcionado.

“No hemos comido nada. Apenas un pan con café. Somos pobres, no tenemos con qué salir a comprar, si no tenemos dinero ni familia, ¿quién nos va a dar?”, expresó llorosa Caridad Chava Morales, de 72 años.

Tanto a Caridad como a Rosa Hilda así como a la mayoría de la gente albergada la ropa les queda grande y se debe a que no es de su talla. Y es que ni eso les quedó. La ropa que llevaban puesta se las arrancó la corriente del río, ahora usan las que les regalaron en el albergue.

En los albergues de este municipio veracruzano destaca lo amontonado de los damnificados.

“Necesitamos apoyo de alimentos. Hasta ahora no nos han mandado nada, más que lo que ven. Es urgente porque la gente no ha comido nada. Nosotros los hemos apoyado en lo que hemos podido pero no es suficiente”, aseguró un cabo militar que prefirió mantener su nombre oculto.

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