El día que cambió el mundo
Eran las 8:46 de una mañana soleada en New York. Nada presagiaba lo que se venía. Un avión de American Airlines se estrelló contra una de las Torres Gemelas. Y minutos después, otro avión hizo lo propio en la otra torre. Mientras otro avión se incrustaba en el Pentágono en Washington DC, otro caía en un campo en Pennsylvania. A partir de allí, el mundo dejó de ser lo que era y ya nunca nada fue igual.
Las torres del World Trade Center eran el símbolo del capitalismo norteamericano: dinero y poder. Fueron la postal de la Gran Manzana, el centro de las finanzas, imponentes, hasta el 11 de setptiembre de 2001, cuando terminaron en escombros tras el impacto de dos aviones.
El vuelo 11 de AA fue el primero en dar contra una de las torres, la Norte. Las cadenas de TV comenzaron a emitir las desconcertantes imágenes que se vieron en todo el mundo. Muchos creían que se trataba de un mero accidente.
Minutos después, a las 9:03, el vuelo 175 de United Airlines se estrelló contra la Torre Sur ante la mirada de millones de televidentes en todo el mundo. Ya no era un accidente. Era un ataque.
Durante el secuestro de los aviones, los atacantes usaron cuchillos para matar a los pilotos y a algunas azafatas. Los vuelos iban a Los Angeles y San Francisco, pero terminaron en Manhattan. Las imágenes en la televisión parecían sacadas de una película de catástrofe. Nadie creía lo que sus ojos veían. Por primera vez en su historia, Estados Unidos era atacado en su propio suelo por una fuerza extranjera.
La Torre Sur se desplomó a las 9:59, como un castillo de naipes, en vivo y en directo, por TV, tras arder por más de 56 minutos. El mundo entero vio cómo hombres y mujeres atrapados en el edificio saltaban al vacío en desesperación.
La segunda Torre, la Norte, se desplomó a las 10:28. Manhattan se llenó de polvo, llanto, desesperación y muerte. El mundo no salía de su asombro.
Miles de personas aún sufren complicaciones pulmonares por inhalar el fatídico polvo. Muchas murieron por las consecuencias respiratorias. Y quienes sobrevivieron, conviven con los fantasmas de aquel día que jamás podrán olvidar.
Un diario argentino tituló su portada del día siguiente con el profético 'Un Nuevo Mundo'. Y no se equivocó. Nada fue lo mismo desde aquella mañana, hace nueve años.
Pero no todo se centró en Manhattan. A las 9:37, el vuelo 77 de American Airlines se estrelló contra el Pentágono, la sede central de la secretaría de Defensa. El poder hegemónico militar de Estados Unidos, junto al financiero, estaban bajo ataque. Otro vuelo, el 93 de United Airlines, cayó en un campo en Pennsylvania. Los captores lo querían estrellar contra el Congreso.
Se estima que a raíz de los ataques, 2,996 personas murieron, la gran mayoría, inocentes. Meseros, personal de limpieza, bomberos, secretarias, financistas y cocineros, entre otros, perdieron la vida aquel día, además de todos los pasajeros de los cuatro aviones mas los 19 secuestradores. Se dice que entre las víctimas había ciudadanos de más de 70 países, muchos de ellos hispanos.
Fue la noticia del día, del año, del siglo. Y los medios de todo el mundo la reprodujeron en sus portadas. Algunos diarios hasta imprimieron ediciones especiales el mismo día de los ataques, mientras el humo aún salía de los escombros.
De a poco, el desconocimiento daba paso a las informaciones más precisas. Un grupo islámico era el responsable de los ataques en respuesta al tratamiento de los palestinos y el apoyo incondicional de Estados Unidos a Israel.
¿Y quién fue el cerebro de los ataques? El ex aliado de EU en su lucha contra la invasión rusa en los años setentas, el ex muyajedín Osama Bin Laden, un millonario saudita.
En solo horas, mientras las tareas de rescate y limpieza continuaban en Manhattan y en Washington DC, se estableció la conexión entre bin Laden y los talibanes en Afganistán, quienes supuestamente le daban refugio. Y con el dictador Saddam Hussein en Irak, quien se decía, apoyaba al musulmán terrorista.
Fue así que comenzó la caza tras los pasos de bin Laden, quien se convirtió en la persona más buscada en el mundo.
¿Y el presidente de entonces, George W. Bush? Cuando ocurrieron los ataques, estaba en una escuela primaria en Florida. Un asistente se le acercó y le susurró a los oídos que las Torres Gemelas habían sido atacadas por terroristas. Desde ese momento y hasta que respondió, pasaron casi diez minutos.
Estados Unidos cambió para siempre. Una de las primeras decisiones políticas fue la imposición de la Ley Patriota que, entre otras cosas, daba rienda suelta al espionaje de los ciudadanos, aún en las bibliotecas públicas. También se creó la secretaria de Seguridad Nacional.
A raíz de que muchos de los atacantes habían entrado a EU con visas de turistas, se impusieron estrictas medidas de control en los aeropuertos del mundo, incluido EU, por orden del gobierno de Estados Unidos. Huellas digitales y chequeos electrónicos son moneda corriente hoy en los aeropuertos norteamericanos.
De repente, las principales ciudades norteamericanas cambiaron de fisonomía. La presencia de soldados, policías y agentes federales le dieron otro aspecto a los grandes centros urbanos. Estados Unidos era otro.
A raíz de los ataques se instaló en la sociedad norteamericana un fuerte rechazo a la población musulmana y al Islam basado en un alto grado de intolerancia, como la oposición a la construcción de una mezquita cerca de la Zona Cero en Manhattan.
La población hispana no escapó a la ola intolerante. Muchos comenzaron a reclamar medidas más duras para frenar el ingreso de extranjeros al país. Y los latinos fueron blanco de la xenofobia, que hoy tiene epicentro en Arizona, donde se aprobó una durísima ley contra los inmigrantes.
El mundo perdió la inocencia a manos del miedo. Y ya nada fue igual. Cámaras infrarrojas en los aeropuertos, cámaras en los semáforos, cámaras en los ascensores. La vida comenzó a ser vigilada desde todos los ángulos.
La búsqueda de bin Laden llevó a Estados Unidos a invadir Afganistán. Y luego Irak. Hoy, tras nueve años, bin Laden no aparece y las guerras en ambos países continúan, con casi 4,500 soldados de EU muertos y decenas de miles de víctimas civiles, la mayoría mujeres y niños.
La intolerancia hacia musulmanes aún late hoy. En vísperas del noveno aniversario, un pastor evangélico en Florida, Terry Jones, anunció que quemaría copias del Corán, el libro sagrado de los musulmanes, porque considera al Islam una religión del diablo.
El mundo cambió el 11 de septiembre de 2001. La inocencia fue reemplazada por el miedo y la paz por la guerra. Desde entonces, vivimos en un mundo vigilado, temeroso y a la defensiva. Nada es ni será igual.