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El pulso mexicano de la crisis
Esta comunidad de unos 58 mil habitantes se encuentra a unas 30 millas al sur de Miami, enclavada entre los pantanos del Everglades y los campos de frutas y verduras. Fundado hace 94 años, este pueblo es uno de los que más ha crecido en el país, duplicando su población en los últimos años.
No obstante, la crisis está golpeando a este rincón del sur de Florida y a su gente, especialmente a los inmigrantes.
Homestead ha experimentado un inusitado crecimiento con la reciente construcción de unas 12 mil viviendas. Parece mentira que esta comunidad fue la que peor sufrió el embate del huracán Andrew en agosto de 1992, que literalmente barrió con el pueblo.
Pero hoy, como en todos lados, la crisis se deja ver con locales comerciales vacíos y gente que está buscando la manera de sobrevivir.
Los campos en los alrededores de Homestead siguen atrayendo gente durante las temporadas de cosecha. Pero el trabajo es duro y la paga no es de las mejores. Por día, un campesino debe cosechar unas 100 cajas de 30 libras cada una para sacar al menos entre $40 y $50.
Y muchas veces, en plena temporada, la labor no cesa los fines de semana. ¿El horario? Desde la mañana temprano hasta las 6 o 7 de la tarde.
Desde que abrió sus puertas en el 2000, La Fondita ha sido un punto neurálgico en la comunidad latina de Homestead.
Ubicado sobre la avenida 6º, a pocas cuadras del centro comercial, el pequeño restaurante derrocha todo el sabor de los tradicionales platillos mexicanos.
La Fondita es el punto donde confluyen muchos de los sueños y desafíos de quienes llaman Homestead su hogar. Por eso, es el lugar indicado para tomarle el pulso a la gente, especialmente en lo que a la crisis se refiere.
Hoy, las historias que se escuchan en la barra apuntan a estos tiempos difíciles que han hecho replantear a más de uno su camino. Jornaleros, campesinos y trabajadores de la construcción comparten a diario más que la comida.
El lugar es atendido por su dueña, Balbina Serrano, y sus dos hijas, Aleida (foto) y Maricela. Con el correr del tiempo, y mucho esfuerzo, le han ido agregando espacio para agasajar a sus clientes.
"La gente viene y nos cuenta de sus vidas, sus historias. Y nosotras tratamos de ayudarlos, de escucharlos", dice Aleida mientras prepara una de las mesas.
Joel Estrada y Adrián Pérez son dos mexicanos que viven desde hace tiempo en Homestead. Ambos trabajan en la construcción y varias veces a la semana, almuerzan en el local de Balbina y sus hijas.
Los tacos dominan la elección del mediodía, antes de regresar a su trabajo.
"Los mexicanos estamos en peligro de extinción. Muchos se están mudando a otros estados y otros están regresando a México", dice Joel.
Tiene 32 años y llegó a Estados Unidos desde el estado de México en 1992. Vive en Homestead desde hace 14 años. "La vida está más dura. Ya casi la mitad de los mexicanos que estábamos en Homestead, se ha ido. Ahorita los trabajos en el campo los toman los haitianos y los guatemaltecos".
"Creo que si esto sigue así, dentro de un año seremos muy pocos los mexicanos aquí, quizás un 10 por ciento de lo que éramos hace dos o tres años". Joel trabaja en la construcción.
¿Será por el miedo a los operativos de Inmigración? "No he visto redadas, y cuando las hacen, son para agarrar a los que tienen órdenes de deportación o cosas así. La gente se está yendo porque no hay trabajo", responde sin dudar.
La jornada del mediodía sigue su curso en La Fondita. Detrás de la barra se toman los pedidos y comienza el ritual de la preparación de los platillos que han conquistado el paladar de no pocos en la zona.
Tacos al pastor, 'gorditas', enchiladas de queso y hasta sopa de camarón, se adueñan del momento.
"Cuando yo recién llegué, había trabajo como para tirar para arriba", dice por su parte Adrián Pérez, un chiapaneco de 23 años que vive en Homestead desde hace 5 años. Al igual que Joel, también trabaja en la construcción.
"Ya se puso fea la cosa, y los poquitos trabajos que hay, uno los agarra para cubrir la renta y esas cosas. Ya no se pueden hacer otras cosas, no hay dinero suficiente".
Adrián se pone serio y responde a la pregunta de si la gente mexicana ya no está llegando a Homestead. "Creo que ya no están viniendo como antes, los trabajos se están agotando. Algunos se van para más al norte y otros se van para México".
"Y yo pienso igual. Para estar con esta crisis así, yo mejor me voy a pasarla en México, donde estoy más tranquilo".
Balbina Serrano es la dueña de La Fondita y en los últimos meses ha visto que las cosas han cambiado.
"Hay mucha más gente sin trabajo. Es mucha la pobreza. Yo trato de ayudarle a esta gente que se junta acá todas las mañanas a esperar que les den trabajo, haciéndole tamales. Yo me levanto a las 3 de la mañana y les traigo 200 tamales a toda la bola".
Maricela, una de las hijas de Balbina, atiende el restaurante durante la mañana. Cuenta que el estacionamiento del lugar se convierte cada madrugada en un hervidero de gente a la espera de la 'chamba' diaria que les deje unos dólares en el bolsillo.
"Trabajan uno o dos días, pero no encuentran nada más", agrega Balbina.
"La gente aquí nos tiene como su familia y nos cuentan sus cosas y ahora nos dicen que llevan dos semanas, un mes sin trabajo. Gente que ha perdido coches, casas...por lo mismo, porque no hay trabajo", dice Aleida mientras su madre asiente con la cabeza.
"Hasta hace un año, siempre estábamos ocupadas, siempre. No descansábamos ningún ratito. Ahora no hay mucho movimiento como antes".
¿Y el futuro de La Fondita? Todo indica que no es impune a la crisis que atraviesa el país. Un hijo de Balbina, que tiene su taller de autos al otro lado de la calle, les ayuda con dinero todas las semanas para que el popular restaurante siga abierto.
"Todo está peor cada día. Pero éste es nuestro trabajo y tenemos que seguir", dice Balbina.
¿Qué las mantiene aquí, contra viento y marea? es la pregunta casi obligada. "Mire, yo he pensado en dejarla (La Fondita) pero la compramos con tanto sacrificio, la tenemos pagada, que ya no podemos irnos. Y tenemos que seguir adelante", responde Balbina.
"Pero pidiéndole a Dios para que se arregle esto".
Homestead es uno de los pueblos que más crecimiento poblacional ha experimentado en Estados Unidos, pasando de 30 mil a 58 mil habitantes en pocos años. Pero en los trabajos del campo, hay novedades, según la alcaldesa, Lynda Bell.
"Estamos viendo un cambio, pasando de campesinos mexicanos a haitianos y guatemaltecos. Pero creo que es generacional", opina.
Bell puso como ejemplo a su yerno, un mexicano que llegó a Homestead junto a su familia, todos campesinos, desde Texas, y ya no levanta cosechas.
"Lo que vemos es que la cuarta o tercera generación de mexicanos ya no desean trabajar en los campos, como lo hicieron sus padres o abuelos".
Quizás todo se trate de una cuestión generacional, agravada por la crisis económica. Lo cierto es que las cosas están cambiando en Homestead, el pequeño pueblo que sobrevivió el huracán de 1992.
Mientras tanto, La Fondita y su gente -a ambos lados de la barra- seguirán compartiendo la vida. La pregunta es por cuánto tiempo.
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