Jack el Destripador, el asesino que extraía las tripas de sus víctimas
El reciente caso del homicida serial que mató a varias prostitutas en New York trajo a colación la historia del más sanguinario asesino de todos los tiempos, quien durante unos meses en 1880, aterrorizó Londres con su daga y su saña contra mujeres que practicaban la prostitución. Las degollababa y les sacaba las tripas y el resto de los órganos. Nunca fue apresado. Y no se sabe cómo o cuándo murió. Te invitamos a que conozcas a Jack, el Destripador.
Se dice que era alto, de unos 40 años y que siempre portaba una larga capa y un sombrero de copa color negro. Atacaba siempre de noche, amparado en la oscuridad. Aterró el barrio de Whitechapel, en las afueras de Londres. Nunca nadie supo su identidad. Solo se lo conocía por la manera que firmaba las cartas que enviaba a las agencias noticiosas de entonces.
El 31 de agosto de 1880 tuvo lugar su primer crimen, en el barrio plagado de pobreza, mugre y prostitución. El cuerpo de Anne Marie Nichols fue hallado en un oscuro callejón, degollada y con varios de sus órganos extraidos, como sus tripas. Se tardó días en reconocerla, hasta que su padre lo hizo en la morgue. Fue atacada por la espalda, de sorpresa, y degollada con la mano izquierda, según el informe del forense.
Tras el horrendo crimen, el asesino envió una carta a la Agencia Estatal de Noticias: "Querido Jefe, desde hace días oigo que la policía me ha cogido, pero en realidad todavía no me han pescado. No soporto a cierto tipo de mujeres y no dejaré de destriparlas hasta que haya terminado con ellas. El último es un magnífico trabajo, a la dama en cuestión no le dio tiempo a chillar. Me gusta mi trabajo y estoy ansioso de empezar de nuevo, pronto tendrá noticias mías y de mi gracioso jueguecito..."
Firmado: Jack el Destripador, desde el Infierno.
Se supo más tarde que usaba una daga larga, delgada pero muy filosa. Días después del horrendo crimen, y cerca del lugar de los hechos, el cadáver de otra prostituta fue hallado. Se llamaba Annie Chapman y vivía sola. Se prostituía para comer y buscar alojamiento, cosa que de vez en cuando lograba. Su cuerpo tenía cortes profundos por todos lados, y como en el caso anterior, había sido degollada. Su intestino fue hallado fuera de su cuerpo, encima de un gran charco de sangre. No había indicios, huellas, nada. Nadie sabía quién era el asesino. Solo se sabía que era obra de Jack el Destripador.
En sus cartas, el asesino mostraba su odio hacia las mujeres que ejercían la prostitución como medio de vida. Y dejaba entrever que su intención era 'limpiar' la ciudad de semejante 'basura'.
Mas tarde, el cadáver de otra prostituta apareció en una de las calles del barrio Whitechapel. Y las cartas seguían llegando a las autoridades que investigaban los horrendos crímenes.
Una testigo aportó un dato interesante: Horas antes del macabro hallazgo, vio a la víctima hablar con un hombre alto, de unos 40 años, que lucía una larga capa negra. El asesino actuaba con rapidez y precisión. Y el terror se apoderó de Londres.
El asesino seguía escribiendo cartas y poemas destinados al jefe de la policía londinense, jactándose de su habilidad para escabullirse en la oscuridad de las calles y evitar ser atrapado por la multitud que le perseguía, o haciendo alarde de la perfección de sus crímenes y anticipando otros nuevos ataques, siempre seguro de sí.
A fines de septiembre del mismo año, otro cuerpo fue hallado, pero esta vez no se había ensañado tanto con su víctima, por lo que se cree que su fechoría pudo haber sido interrumpida por un testigo. La mujer se llamaba Elizabeth Stride y había llegado desde Suecia en busca de una mejor vida, aunque terminó en la prostitución. Testigos dijeron haberla visto con un hombre alto, de capa y sombrero y con un gran maletín.
Semanas más tarde, fue hallado el cuerpo de Kate Edowes, otra prostituta. Pero el 9 de noviembre de 1880 fue el turno de Mary Kelly, una joven de 21 años, también prostituta. El cadáver estaba tumbado sobre la cama con múltiples heridas de arma blanca, completamente mutilado y con la arteria carótida seccionada. La ferocidad de este asesinato asombró a los cirujanos veteranos de policía. El médico forense necesitó varias páginas para redactar el informe de las lesiones y órganos extraídos. Tras este crimen, el asesino desapareció y nunca más fue relacionado con algún homicidio. El terror cedió pero la atracción hacia Jack el Destripador nunca disminuyó.