Después de 27 días de naufragio, lo rescataron vivo en Ecuador

EFE | Mar 29, 2012 | 10:34 AM

El joven está en 'shock'

El pueblo costero de Farallón es famoso en Panamá por sus playas, por su actividad pesquera y porque en él el general Omar Torrijos tenía una residencia de descanso. Ahora también es conocido porque uno de sus vecinos, Adrián Vázquez, sobrevivió 27 días a la deriva en alta mar.
Pero si el joven Adrián, de 18 años, a quien todo el mundo conoce como Santi, tuvo la suerte de ser rescatado por un buque atunero cerca de las Galápagos, a más de mil kilómetros de la playa de donde partió, sus dos acompañantes no tuvieron la misma suerte.
Según el relato que el propio Santi hizo al capitán del pesquero ecuatoriano "Duarte 5" cuando lo rescataron, sus acompañantes, Elvis Oropeza Betancourt, de 31 años, y Fernando Osorio, de tan sólo 14, no aguantaron lo que soportó él y fallecieron por inanición.
Santi no puede hablar aún de lo que le pasó, y reposa casi en total silencio, pero arropado por su familia, tendido en una tumbona colocada en el patio de su casa en un humilde barrio de este pueblo panameño de pescadores.
El padre, Arnaldo Vázquez, ni siquiera ha permitido que los policías que acudieron a su casa a indagar lo sucedido pudieran hablar con el joven, porque aún "no es conveniente".
"Este 'pelao' es duro, este 'pelao' es fuerte", dice Arnaldo Vázquez totalmente confiado en la recuperación física y anímica del joven, a quien por momentos aún se le ve con los ojos vidriosos y la mirada perdida, y que recibe atención psicológica.
Esperan recuperación física y psicológica
El joven, que regresó a Panamá desde Ecuador en la tarde del pasado martes, tras haber permanecido más de un mes sin ver a sus familiares, aún recibe suero debido a la fuerte deshidratación que sufrió en el naufragio, pero sigue sin querer hablar de lo sucedido.
"La noche de su llegada, él hizo un intento de contarle a sus padres en confidencia (lo que le pasó), una parte, pero en el momento que está contando la historia se pone a llorar (...) los ojos los tenía aguaditos", declaró Olga, una de sus tías.
"Según dice, la historia es muy grande. Un mes, cada día es una historia, y cada noche es una historia", agregó la tía, que asegura que Santi quiere poner orden en sus recuerdos escribiendo su peripecia "en una agenda" y que eso "para él va a ser un desahogo".
La Tía Olga achaca el naufragio a la escasa experiencia del grupo, que salió el 22 de marzo de la cercana playa de San Carlos en un bote de siete metros de eslora y, tras la muerte de los otros dos tripulantes, Santi fue encontrado fortuitamente a unos 1.200 kilómetros de distancia, cerca de las Galápagos.
"Él no es pescador", confirma su padre, que trabaja en la logística en el Decámeron, un cercano hotel de playa que ha reactivado la economía de esta pequeña población pesquera, y en el que se le había unido Santi, trabajando de jardinero.
'Inexpertos'
José Coronado, un veterano pescador retirado de la playa de San Carlos, que participó en las partidas de búsqueda cuando se perdió la embarcación, coincide en que la falta de experiencia y el desconocimiento de la zona pudo haber sido un factor.
"Son 'pelaos' inexpertos, porque los viejos marinos de por aquí ya saben lo que hay que hacer" cuando una embarcación tiene una avería en el motor y queda a la deriva, dice Coronado, quien conoce bien al padre de Santi de los días en que acudía a esa playa con una carta de navegación en la mano para proseguir la búsqueda.
Cuando hay norte, agrega, la corriente en la zona es lo suficientemente fuerte como para arrastrarlo a uno a Ecuador, pero si tienen un percance, los pescadores del lugar llaman por teléfono a los numerosos colegas que faenan por la zona, pero "ellos estaban empezando a pescar por aquí".
"Cualquiera se embarca, y eso es lo que siempre yo he dicho, que no debe ser así, que debería de haber experiencia" como requisito para permitir a alguien salir a pescar, dijo el pescador jubilado, que comienza a contar sucesos de su profesión y no termina.
Quien sí parece tener colmada con creces su dosis de mar, según su padre, es Santi, quien no quiere volver a oír hablar de salir a pescar y a quien todavía le aguarda el amargo momento de verse las caras con las familias de Elvis y Fernando, sus compañeros fallecidos, para relatarles sus últimas horas de vida.
©EFE
Comentarios