Blog: Lo que sí debemos aprender de la Linmanía

Univision.com | Feb 28, 2012 | 1:08 PM
La bloguera visitante de hoy, Sally Chan, es una lectora de Cerrando Brechas que actualmente trabaja en su grado doctoral en política pública en la Universidad de Maryland, Baltimore County.  –Rima Brusi
Por Sally Chan
Al ver el ascenso de Jeremy Lin, muchos asiáticos en Estados Unidos nos sentimos como se deben haber sentido los afroamericanos cuando Barack Obama fue electo presidente.  Orgullosos. "Finalmente", pensé cuando lo vi en las noticias, "uno de los nuestros en un espacio que se consideraba tradicionalmente fuera de nuestro alcance".
Jeremy Lin se parece al estereotipo de los asiáticos en algunas cosas. En otras no tanto.  Fue a Harvard, y se declara orgullosamente nerd. Pero también se ríe de sí mismo, como vemos en un video viral reciente de You Tube (How to get into Harvard ft. Ryan Higa).  El atletismo de Lin no es compatible con el estereotipo de los asiáticos, y tiene por ende a todo el mundo hablando.
Lin ha sido descrito como "flacucho" y es, en sus propias palabras, "no demasiado atlético".  No le ofrecieron una beca de baloncesto al graduarse de escuela superior, ni lo reclutaron fuertemente al graduarse de la universidad.  Terminó en la liga de desarrollo de la asociación de baloncesto.  Es el Rocky Balboa del siglo 21, el ganador inesperado.  Los fanáticos y los periodistas están encantados con él, y no es para menos. Todos nos hemos contagiado de Linmanía.
En un artículo reciente en el USA Today, el secretario de educación, Arne Duncan, describió a Lin como una víctima clásica de los estereotipos. "Fue menospreciado, no reconocido", dijo.
Pero el mismo estereotipo que lastimó a Lin en el baloncesto me ayudó a mí en la escuela.
Hace algunos meses, la bloguera visitante Clarise McCants escribió sobre su crianza y educación en Filadelfia.  Yo también crecí en un barrio pobre en el noreste de Filadelfia, y me mudé de casa con mis padres inmigrantes cinco veces antes de cumplir los 13 años.
Durante mucho tiempo, creí que mis dificultades no eran muy distintas de las que experimenta un niño pobre, negro o hispano.  Pero hoy reconozco que tuve una ventaja crucial: Los adultos en mi entorno nunca dudaron de mi capacidad para hacer el trabajo. Nadie me puso en un currículo de segunda, nadie me descartó.  Terminé en un programa IB en Florida (el estado donde cursé la escuela superior) porque mis maestros y los administradores en mi escuela siempre creyeron en mí, a pesar de mis bajas puntuaciones en los exámenes y a pesar de estar atrasada en matemáticas.  Me gradué con mi diploma de IB y con suficiente ayuda financiera para asistir a la universidad que fue mi primera opción, Bryn Mawr.
De modo que reconozco que el estereotipo asiático me ayudó. Sin embargo, estoy convencida de que los estereotipos raciales y étnicos lastiman mucho más de lo que ayudan.  Quién sabe cuánto talento perdemos en tantos campos distintos, sencillamente porque eliminamos a aquellas personas que parecen no cuadrar.
Si algo nos dice el caso de Lin, es que no debemos hacer caso de los estereotipos. Que no podemos limitar las posibilidades humanas.
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