Indígena mexicana demuestra su orgullo por lengua materna

Notimex | Feb 21, 2012 | 3:52 PM

Afirma que no es motivo de vergüenza

SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, México - Como la de muchas indígenas absorbidas por la vorágine de la modernidad para convertirse en un elemento más de la “aldea global”, la de Marcelina Rodríguez Hernández no ha sido una historia fácil.
“Dejé la tierra donde está la raíz de mis abuelos, donde está mi ombligo; me sentía como las mariposas que se transforman, que vuelan y se mueren; así me sentía”, dice.
“Dejé de hablar mi lengua materna a los 15 años y empecé a hablar ‘la castilla’ o castellano tartamudeando y con miedo por no saber hablar bien”, agrega.
Eso es lo que Rodríguez Hernández piensa años después de reconocer el valor de su lengua materna y darse cuenta que ésta no es motivo de vergüenza, sino que realmente es su riqueza, lo que le da identidad y la hace sentir amor y apego a su tierra.
Hoy, Marcelina, técnica del Área de Sociedad, Cultura y Salud del Colegio de la Frontera Sur, conmemora el Día Internacional de la Lengua Materna luego de participar en un coloquio sobre el tema que se inauguró con música tradicional y un ritual encabezado por gente de Oxchuc.
“Pedimos al patrono de Santo Tomás y Santa María por nuestra lengua materna, que debemos revivir y rescatar. Lo más importante para muchos de los indígenas presentes es que no se avergüencen de hablar sus idiomas, pues la lengua materna está viva”, aseguró.
'Perdí mi identidad'
En entrevista con Notimex, la indígena tzotzil, oriunda del municipio de San Miguel Mitontic, ubicado en los altos de Chiapas, lamentó la paulatina pérdida de su idioma desde que salió de su comunidad, Chimucum, municipio de San Miguel Mitontic.
“Por causa de la migración definitiva perdí mi identidad, mi forma de vestir, de hablar y la comida, que era toda natural, sin químicos”, agregó.
Luego, comencé a vestir ropa de colores, pantalón y faldas, y dejé el traje típico de mi pueblo. Me daba pena hablar en mi idioma, el tzotzil, con las amigas y con los mestizos”, recordó.
Al llegar a la ciudad, continuó, sentí que mi idioma materno era motivo de vergüenza y discriminación y fue otra de las causas para olvidarlo.
“Cuando alguien me saludaba en tzotzil, se ponían coloradas mis mejillas. No respondía porque sentía que se burlaban o criticaban, pues hablar en lengua indígena es motivo de burla, dicen que es uno chamula o india, pero es por falta de conocimiento y comprensión”, consideró.
Y ahora me doy cuenta que realmente mi idioma es motivo de identidad, “en casa no hablaba nada de tzotzil con mis hijos ni con nadie más, sólo con mi mamá cuando la visitaba, y así fui perdiendo muchas palabras”, mencionó.
Afirmó que en su idioma las formas de expresar los sentimientos y otras emociones, son diferentes, contienen más afecto, más figuras, “algo que me gusta de nuestro idioma es que es metafórico, por ejemplo, en tzotzil se menciona mucho el corazón.
Llamado a no olvidar las raíces
Al llegar a un lugar o encontrar a alguien, primero hacemos un saludo inicial: mi li’oyote (¿estás aquí?). La otra persona responde li’oyone (estoy aquí), y después hacemos una pregunta relacionada con el corazón, y que es cercana a “¿cómo estás?”: k'uxi avo'onton (cómo está tu corazón)”.
“Lo mismo sucede con las otras partes del organismo; o sea, no son solamente partes, sino también son un todo de un cuerpo que se estima, que se valora”, definió.
Puntualizó que “las partes de nuestro cuerpo literalmente se mencionan como si fueran un cuerpo pequeño, como la rodilla: sjol kakan, cabeza de mi pie, el tobillo: sat kakan, ojo de mi pie”.
Con las palabras también relacionamos a las personas con la naturaleza, por decir algo, un árbol tiene sus frutos o semillas (sat), y a los ojos también les llamamos sat, porque son la semilla de la cara, abundó.
Asimismo, refirió que los brazos (mi brazo: jk’ob) son como las ramas (sk’ob te’) y la barba de los hombres (yisim) es como la raíz de las plantas (yisim te’)”.
Por lo anterior, Marcelina pidió a quienes hablan otras lenguas maternas no olvidar sus raíces, porque es un tesoro que les da identidad. Y no solamente su idioma, sino también las expresiones de su cultura, como el vestido y la comida.
“Vale mucho tu identidad. Si tú hablas en tu lengua y te critican no te sientas mal; al contrario, siéntete orgulloso y feliz de ser bilingüe”, exhortó la indígena chiapaneca.
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