Al estilo 'Fast and Furious' en Chile

EFE | Feb 14, 2012 | 5:38 PM
SANTIAGO DE CHILE - Automóviles a 260 kilómetros por hora, motores de 1,000 caballos de potencia y enigmáticas convocatorias por Twitter o Facebook. Son las carreras clandestinas chilenas al estilo del filme Rápido y Furioso, que cada día crecen en número de seguidores, pero también en peligrosidad.
“Esto es como fumar, le gusta a gente de todas las edades, clase y condición social. Da igual que sea juez, ladrón o policía. Esto es como un vicio”.
Quien así habla es Carlos Jofré, un mecánico y corredor argentino natural de Mendoza y famoso en el mundo de las carreras clandestinas o “arrancones” porque fue quien introdujo en Chile el “nitro”, el dispositivo que hacía volar el auto de Toretto en la película.
Jofré es también campeón de Chile del “cuarto de milla”, la competición de aceleración entre dos vehículos sobre una distancia de 400 metros que oficialmente se corre en circuitos especialmente acondicionados para este fin.
“Son sólo seis o siete segundos en los que corres a ‘full’ (toda velocidad), no te puedes confundir en nada. Te sube la adrenalina y el corazón se te pone a mil. Debajo del pie derecho tienes mil caballos (de potencia). Yo he tenido suerte, nunca me ha pasado nada”, comenta.
De ser una práctica asociada inicialmente con delincuentes juveniles, los “arrancones” se han transformado en un deporte que atrae a un sorprendente número de aficionados, corredores y empresarios exitosos.
Sólo en Estados Unidos, la National Hot Rod Association (NHRA) cuenta con más de 80,000 miembros y 16 millones de seguidores, lo que la sitúa por delante de la NHL (la liga de hockey sobre hielo) y la NASCAR (carreras de automóviles de serie).
Pero en Chile actualmente no hay una sola pista donde los aficionados a la mecánica, las carreras y la adrenalina puedan desarrollar su pasión.
En la ruta de la velocidad
Para organizar competiciones de ese tipo hay que pertenecer a un club reconocido por la Federación Chilena de Automovilismo Deportivo y contar con un permiso de organización.
Pero en este país no hay asociaciones que agrupen a estos aficionados, que encuentran en internet refugio y punto de encuentro con colectivos como “Club Cuarto de Milla”, “Carreras Clandestinas” o “Tuner Show Chile”, y hacen de las calles y autopistas urbanas su centro de operaciones, lo que despierta preocupación en las autoridades.
“A veces voy a las carreras clandestinas y no me puedo creer que corran como lo hacen, con gente al lado de la pista, borrachos o drogados manejando autos potentes. Yo creo que si no ha habido más accidentes es porque Dios es chileno”, bromea Jofré.
En junio deL 2011, cinco senadores de diferentes partidos políticos presentaron un proyecto de ley para sancionar a quienes organicen y compitan en carreras ilegales de autos, pero la iniciativa está paralizada.
Si se convirtiera en ley, los aficionados a la versión callejera del “cuarto de milla” se arriesgan a ser sancionados con la pena de presidio menor (entre 61 y 540 días de cárcel), seis meses de suspensión de la licencia de conducir y una multa de entre $800 y $1,600 (600-1.200 euros).

Hay de niveles

“En las pruebas oficiales sí hay control de alcoholemia, pero en las clandestinas, no. Ahí va cualquiera y siempre están llenas de gente. Hay tres o cuatro rutas. En total deben juntarse 7,000 u 8,000 personas”, asegura Carlos Jofré.
Las carreras clandestinas se desarrollan entre semana. Los aficionados eligen lugares apartados de los municipios del extrarradio de Santiago, donde pueden verse Toyota Supra, Subaru Impreza, Mitsubishi Lancer Evoo o Nissan Skyline GTR.
Pero también en las carreras clandestinas se reproduce el clasismo latente en otros ámbitos de la sociedad chilena: los corredores de los barrios acomodados del este de Santiago prefieren la autopista Costanera Norte para lucir sus Lamborginis, Ferraris y Mustangs.
“En este país se volvieron locos cuando salió la película Rápido y Furioso. Todos se prendieron (engancharon), las carreras clandestinas se popularizaron”, asegura el campeón nacional de “cuarto de milla”.
Pero además de ese filme, que va por su sexta entrega, otros factores como el rápido crecimiento del parque automovilístico y la inexistencia de trabas arancelarias para la importación de vehículos y repuestos contribuyeron a la expansión de este peculiar deporte.
“Hay gente que se llega a arruinar. Yo mismo, cuando vivía en Argentina, andaba todo el mes en bus y ni me compraba ropa, pero no me faltaba la plata para competir o comprar una pieza. No me da vergüenza decirlo”, confiesa Jofré.
El gran problema de los “arrancones” es que no existe seguridad para el público ni para los corredores, quienes tampoco se someten a controles de drogas o alcoholemia.
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