Comenzó campaña contra hambruna de tarahumaras

AFP | Jan 19, 2012 | 2:41 PM

Acopio de alimentos

MEXICO - Mientras organizaciones, religiosas, gubernamentales y civiles iniciaron la recolección de víveres y fondos para combatir la hambruna en la Sierra Tarahumara, el presidente Felipe Calderón dijo que la repartición de despensas no es la solución.
Tras el rumor de presuntos suicidos de tarahumaras por falta de alimento, organizaciones iniciaron en México una campaña de recolección de fondos y alimentos para combatir la hambruna crónica que aqueja a los indígenas rarámuris, y que se agravó por la sequía histórica que en 2011 afectó la región en que viven.
En el Zócalo (plaza central) de Ciudad de México, en un centro de acopio, voluntarios de organizaciones gubernamentales y personal de la alcaldía recibían este miércoles alimentos enlatados, agua y cobijas que serán enviados a la sierra Tarahumara, en el estado de Chihuahua (norte), hogar de los rarámuris.
"No podemos negar que hay una pobreza acumulada milenaria (...) que aqueja de manera específica a esta etnia de los rarámuris, la cual tiene sus propias creencias, formas de enfrentar la vida y conceptualización", comentó Laura Gurza, coordinadora de protección civil del gobierno federal. 
La Iglesia Católica abrió una cuenta bancaria para recibir donaciones, mientras que el gobierno federal anunció un paquete por 22.000 millones de pesos (unos 1.620 millones de dólares) para combatir la sequía en siete distritos del norte de México.
"El problema de la hambruna siempre ha existido, pero con la sequía se ha agudizado. No es que tengamos más casos, pero sí son más graves. Hace unos días murió una niña de tres años, lo que no pasaba en años", comentó vía telefónica a la AFP el sacerdote José Guadalupe Gasca, director de una clínica en Creel, un poblado de la sierra la Tarahumara.
Faltan medidas estructurales, dijo Calderón
El mandarario mexicano reconoció la crisis que se vive en la Sierra Tarahumara pero dijo que con la entrega de viveres no se solucionará la crisis, ya que se requieren de medidas estructurales para combatir el problema de la hambruna que se ha agravado por la fuerte sequía que se registra en varios estados del norte de México.  
En 2011, gran parte del norte de México sufrió una de sequía histórica que devastó casi un millón de hectáreas de cultivos y provocó la pérdida de unas 50.000 cabezas de ganado, según la secretaría de Agricultura.
El domingo, una organización campesina denunció una supuesta ola de suicidios entre rarámuris ante la impotencia de no tener alimentos. La versión fue desmentida por el gobierno y religiosos en la zona, pero desató un debate sobre los alcances de la pobreza de este pueblo.
La sierra Tarahumara no sólo es hostil por lo escarpadado de su terreno, sino también por la presencia del crimen organizado. En Creel, en 2008, hombres armados irrumpieron en una fiesta y asesinaron a 12 jóvenes y un niño de un año. En 2010, un comando se apoderó de los accesos del pueblo.
Los rarámuris, cuya población se estima en unos 120.000, habitan en pequeñas comunidades dispersas en la sierra, donde se refugiaron desde la conquista española para evitar ser evangelizados.
Algunos aún viven en cuevas, otros en casas de materiales frágiles y suelen emigrar según las extremas condiciones climáticas, con temperaturas superiores a 40 grados en verano y de hasta 20 bajo cero en invierno.
"Rarámuri" significa "de pies ligeros", quizá porque los pertenecientes a esta etnia son corredores de gran resistencia. Son conocidos por sus triunfos en ultramaratones de más de 100 km, que recorren con sandalias que hacen con neumáticos viejos.
Su religión es un sincretismo de tradiciones prehispánicas y el catolicismo, y la mayoría sólo habla su lengua, el rarámuri.
"Muchos rarámuris viven en zonas muy aisladas, donde no hay actividad económica. Hay veces que les puede tomar hasta quince días llegar a la clínica, y generalmente no llegan por sí sólos, sino que los traen las brigadas de salud", dijo a la AFP René Cuéllar, médico de la clínica Santa Teresita, en Creel.
En este poblado de 5.000 habitantes y cruce de distintos caminos, la clínica trabaja desde hace 45 años, dirigida por una orden de sacerdotes jesuitas y sostenida con donaciones privadas y gubernamentales.
Tiene capacidad para atender a 55 niños y 22 adultos, y habitualmente está al 60% de su capacidad. Ahora hay más de 20 menores con desnutrición severa, atendidos por mujeres rarámuris, que visten sus ropas tradicionales y hablan en su lengua para que los niños no se sientan en un lugar ajeno.
Cuéllar refiere que en la clínica se les da una "atención integral, con medicamentos y una dieta personalizada, con verduras, pescado, pollo, además de maíz y frijol, lo que comen en sus comunidades".
El periodo de recuperación de los pacientes se ha prolongado de unos 20 días hasta más de dos meses y el personal de la clínica está consciente que la situación podría agravarse aún más, ya que las consecuencias por la sequía durarán meses.
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