La amenaza Iraní

Univision.com | Dec 09, 2011 | 12:08 AM
'La Amenaza Iraní' 'La Amenaza Iraní'
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Te presentamos un resumen de 'La Amenaza Iraní', un documental exclusivo de Univision Investiga y Documentales Univision.

Por Vitneis Didziulis, Jorge Mota, Gerardo Reyes y Casto Ocando

La noticia le dio la vuelta al mundo en octubre pasado: el gobierno de Estados Unidos había frustrado un plan de ciudadanos iraníes para matar en Washington D.C. al embajador de Arabia Saudita.
Uno de los acusados, bajo órdenes de las fuerzas especiales de Irán, viajó a México a fin de contratar sicarios del cartel “Los Zetas” para que ejecutaran el atentado, según los cargos.
Mucho antes de que esta operación se diera a conocer, en México se preparó un plan igual de alarmante, pero hasta ahora desconocido: atacar masivamente los sistemas informáticos del gobierno de Estados Unidos y eventualmente realizar una ofensiva física, según dijeron a Univisión personas que asistieron a las reuniones.
De acuerdo con grabaciones y testimonios obtenidos por Univisión, diplomáticos de Irán y Venezuela, con el apoyo de la embajada de Cuba en la capital mexicana, presuntamente promovieron y financiaron un plan de sabotaje masivo de los servidores de la Casa Blanca, el FBI, el Pentágono y de varias plantas nucleares de Estados Unidos. También se contempló la posibilidad de ataques armados, según los testigos.
El sabotaje cibernético contra Estados Unidos desde México es solo un capítulo del historial secreto de Irán en su ofensiva cultural, militar y de negocios en América Latina.
Los frustrados asaltos informáticos fueron denunciados por estudiantes y ex profesores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) que se infiltraron en los círculos diplomáticos haciéndose pasar por hackers o piratas cibernéticos.
Univisión tuvo acceso a decenas de horas de audio y video grabados por los jóvenes.
“Los objetivos del plan que se discutieron fueron atacar en primera instancia de manera cibernética a los Estados Unidos y posteriormente hacerlo de manera física”, explicó Juan Carlos Muñoz Ledo, un mexicano experto en informática que dirigió la infiltración de los diplomáticos. “Eso era lo que querían propiamente tanto las embajadas de Irán como la de Venezuela”.
Muñoz dice que la idea del ataque cibernético salió de la embajada de Cuba y posteriormente fue presentada a las embajadas de Irán y Venezuela para su aprobación.
El embajador de Irán en México entre 2007 y 2010, Mohammad Hassan Ghadiri, confirmó que se reunió con los mexicanos y que propusieron un ataque cibernético pero negó rotundamente que haya aceptado participar en el complot.
“Si ellos han propuesto esto y nosotros hemos dicho esto no es nuestro trabajo. Hemos rechazado”, dijo Ghadiri. “Ellos fueron unos infiltrados para proponer cosas así. He dicho que no somos interesados porque no tenemos interés en hacer esas cosas,” agregó el diplomático. “Me parecieron agentes de la CIA”.
Pero esta grabación sugiere que Ghadiri sí estaba interesado en objetivos específicos.
  - Ghadiri: Ahora es muy importante saber qué tienen en mente, atacar a Irán o no, la defensa nuclear de ellos.  - Muñoz: El profesor nos pidió ubicar las centrales nucleares en los Estados Unidos.  - Ghadiri: sí, es muy importante, instalaciones militares y no militares.  - Muñoz: Tenemos que preguntarles qué empresas podemos atacar, porque sus sistemas son muy débiles en comparación con los militares, los de la CIA y la Agencia de Seguridad Nacional. Es muy fácil de entrar, y como una metáfora, poner una bomba.  - Ghadiri: Una bomba digital.  - Muñoz: Sí, una bomba digital.
Las grabaciones muestran también al actual cónsul de Venezuela en Miami, Livia Acosta, recibiendo y pidiendo información sobre los servidores de plantas nucleares de Estados Unidos. Cuando ocurrieron los hechos, Acosta se desempeñaba como agregada cultural de Venezuela en la embajada de México.
  - Muñoz: …Se les dieron las ubicaciones de todas y cada una de las plantas nucleares en Estados Unidos.  - Acosta: Ah mira, eso está bueno.  - Muñoz: Y no solamente eso sino las claves, falta una sección.  - Acosta: Pues eso también deberías dármelo a mí.  - Muñoz: Si, si, no, si, si, si.  - Acosta: Pa' mandárselo al presidente, el jefe de defensa pues de seguridad del presidente es mi amigo. Y está allí con el presidente y anda con el presidente para arriba y para abajo.  - Muñoz: Y quién es?  - Acosta: Se llama Alexis López  - Acosta: Es un general.
El general López, jefe de custodia del presidente venezolano Hugo Chávez,  sería el supuesto intermediario que entregó la información al presidente.
Acosta: Yo quiero hacer énfasis, lo  que tú me diste, lo último, ya lo pues lo vio el presidente.
Acosta declinó varias solicitudes de parte de Univisión para explicar su rol en el supuesto complot.
Algunos de los estudiantes relataron estas experiencias a funcionarios del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, (Department of Homeland Security), en solicitudes de asilo que presentaron a principios del año con el argumento de que estaban siendo perseguidos en su país. Uno de los funcionarios federales escribió en el reporte preliminar que existe un “miedo creíble”.
(Vea aquí la solicitud de asilo).
“La solicitante ha establecido que hay un significativa posibilidad de que su testimonio pueda ser hallado creíble en una audiencia de asilo… y ha establecido un miedo creíble de persecución de iraníes’’, afirmó en el reporte  el oficial de asilo Ewin Leslea, al referirse al testimonio de la madre de García en mayo de este año.
Los jóvenes también entregaron personalmente y por correo copias de las grabaciones a organismos como  el FBI, el Pentágono, funcionarios de la embajada de Estados Unidos en México y congresistas estadounidenses de estados fronterizos.
Univisión intentó obtener respuesta de las oficinas del gobierno. Algunas no respondieron y en otras afirmaron que preferían no hacer comentarios.
La oficina de prensa de la congresista Loreta Sanchez confirmó que su personal puso en contacto a Muñoz y a los estudiantes mexicanos con agencias federales.
Durante varios meses reporteros de “Univisión Investiga” siguieron las huellas de la ofensiva de Irán en América Latina a fin de explorar los mitos y realidades de sus intenciones  en la región, un tema que ha adquirido tal importancia en Estados Unidos que es parte del debate de las elecciones presidenciales del 2012.
Los reporteros visitaron México, Venezuela, España, Colombia, Argentina, Brasil, Bolivia y varias ciudades de Estados Unidos. Entrevistaron expertos de diferentes tendencias, algunos de los cuales sostuvieron que Irán está buscando todas las formas de solidaridad en América Latina, legítimas e ilegales, para desafiar y en algunos casos atacar a Estados Unidos.

La conexión mexicana

En la mayoría de los planteles de educación pública de América Latina, hay una marcada  influencia de los grupos de izquierda que comparten  un fuerte  discurso  “antimperialista”. La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) no es la excepción. Varios de estos grupos promueven en el campus de la universidad y fuera de él, actividades en solidaridad con los llamados “pueblos en lucha” como Cuba, Venezuela y la República Islámica de Irán. A finales de 2005 los grupos se transformaron en brigadas. Uno de ellos adquirió el nombre de Brigadas de la Revolución Islámica y otro  el de Brigadas Bolivarianas del Pueblo de Venezuela. Este tipo de militancia se extiende a los sindicatos de docentes de la universidad como es el caso de la Unión de Profesores de la Facultad de Ingeniería, donde se incubó el proyecto de sabotaje a Estados Unidos, según las fuentes. A partir de 2006, la coordinación de los grupos de solidaridad con Irán y Cuba quedó bajo la responsabilidad de Francisco Guerrero Lutteroth, un enigmático pero muy popular profesor de ingeniería de la UNAM, quien a su vez era el vicepresidente de la Unión de Profesores de Ingeniería. La fuente explicó que Guerrero Lutteroth organizó una extensa red de estudiantes que recibían salario en efectivo por participar en un programa cuyo fin era penetrar redes de cómputo, hacer trabajos de espionaje cibernético “y sobre todo actividades de hackers” para “dañar los sistemas cibernéticos de las agencias de seguridad nacional e inteligencia del gobierno norteamericano, extraer información privilegiada e injertar información falsa para posteriormente extraerla y después manejarla como datos reales que pudieran comprometer al gobierno de Estados Unidos y también al de Israel”. Voceros de la UNAM que fueron contactados por Univisión para obtener su versión, no respondieron a varias solicitudes verbales y por escrito. Juan Carlos Muñoz Ledo, estudiante de sicología fue contratado por Guerrero Luteroth en 2006, según explicó a  Univisión en una de numerosas entrevistas personales y telefónicas. Formalmente se le asignó el trabajo de impartir cursos de informática a profesores de la facultad de ingeniería. Pero muy pronto se enteró de que las intenciones eran otras. De acuerdo con instrucciones de Lutteroth, Muñoz debía asumir el papel de  “vocero” de los “hackers” o piratas cibernéticos ante las embajadas de Irán y Venezuela. Muñoz aseguró  que no estuvo de acuerdo con el plan y decidió recaudar pruebas para denunciar a sus instigadores. Su motivación, explicó, era “detener las actividades que estos señores están haciendo dentro y fuera de la Unam porque finalmente nos están afectando a todos, porque no tienes ni idea de lo que pueda suceder si una planta nuclear o un arsenal nuclear de los Estados Unidos es afectado”. La vulnerabilidad cibernética de Estados Unidos no es un secreto. Richard Clarke, quien ha asesorado sobre el tema a tres presidentes de Estados Unidos, advirtió a principio de noviembre que antes de inmiscuirse en un nuevo conflicto bélico, Washington debe considerar seriamente que países como China, Corea del Norte, Irán y Rusia podrían responder lanzando un devastador ataque cibernético capaz de destruir plantas de energía, redes bancarias y sistemas de transporte. El experto agregó que ese panorama es posible dado que el sistema de defensa de Estados Unidos depende íntegramente de computadores. Muñoz convenció a varios amigos de que le ayudaran a infiltrar los círculos diplomáticos que parecía empeñados en llevar a cabo el asalto cibernético. Entre ellos a Noemí  Cabral y Sara María Gómez, compañeras de clase. Lo que comenzó  para ellos como una aventura de espionaje, terminó con un hallazgo que cambiaría sus vidas. En noviembre de 2006, Guerrero Luteroth citó a Muñoz en la embajada de Irán a una reunión con el embajador Roohi Sefat.  Muñoz llevaba una cámara diminuta sacada de un celular que transmitía el video en forma inalámbrica a un aparato escondido debajo de la pretina del pantalón. Para distraer a los interlocutores del hecho de que  portaba la pequeña cámara en la mano, Muñoz jugaba con una moneda. El video muestra los movimientos vertiginosos de la cámara mientras Muñoz habla con el embajador en inglés y le ofrece información sobre la CIA y otros organismos de Estados Unidos. “Pensamos que podemos establecer un contacto entre ustedes e instituciones similares que existan en Irán”, se escuchar decir a una traductora de Sefat. Luego Muñoz le pide al embajador que pose con él en una foto, lo cual acepta. A su lado aparece Guerrero Luteroth. La facilidad con la que ingresó esta y otras veces los equipos a la embajada y la desprevención de los diplomáticos iraníes tenían una explicación, según Muñoz. Los diplomáticos confiaban  plenamente en Guerrero Luteroth. Esta situación lo llevó a sospechar que Guerrero Luteroth no actuaba solo sino en colaboración con otras embajadas, pues le resultaba muy difícil entender que los diplomáticos iraníes, con su recelo hacia  los servicios de inteligencia de Estados Unidos o Israel, aceptaran “a una persona que llegue a sus recintos así porque sí, sin conocerlo y sin saber de él”. A medida que se ganó la confianza del profesor Guerrero Luteroth, Muñoz se enteró de las actividades de la red de hackers. Supo por ejemplo, según explicó, que estudiantes de ingeniería y física estaban trabajando en la creación de un virus para atacar a Estados Unidos así como en una campaña para sembrar información falsa en la red. Pero quizás lo que más lo intrigó, y nunca pudo comprobar si era cierto, es que el grupo se atribuyó un ataque masivo al sistema de informática del Pentágono en 2007.
En junio de ese año el secretario de Defensa, Robert Gates,  reportó que 1,500 computadores de la entidad habían quedado fuera de servicio como parte de un ataque cibernético. Cuando Muñoz visitó por segunda vez la embajada de Irán,  ya había tomado posesión el nuevo embajador Mohamed Hassan Ghadiri, un extrovertido diplomático dispuesto a avivar  en México el discurso musulmán y antiestadounidense. En este segundo encuentro se analizó el tema de las actividades cibernéticas contra Estados Unidos, según palabras de Muñoz. Por la misma época el grupo visitó la embajada de Venezuela donde fue recibido “cálidamente”, explicó Muñoz. En ambos encuentros acordaron  trabajar en conjunto, establecer vínculos de cooperación y continuar analizando las potencialidades del grupo de hackers que comandaba Guerrero Lutteroth. Según Muñoz, a partir de este momento ambas embajadas comienzan a donar servidores, equipos de computación y dinero para garantizar el funcionamiento de los diversos grupos de la Unam. En una entrevista desde Teherán donde ejerce como profesor universitario y estratega político, el ex embajador admitió que recordaba la propuesta de Muñoz y que la sometió a consideración de su gobierno pero que éste la  rechazó. “Yo escribe al Irán que una persona puede hacer esto. Han dicho que no recibirlo más porque no es trabajo de la embajada”, afirmó Ghadiri. El embajador  dijo que tenía la impresión de que los estudiantes eran infiltrados de la CIA. “Si quieren saber cuáles son las embajadas que hacen espionaje, puedo decir que son las de Estados Unidos”, afirmó Ghadiri. En febrero de 2008 murió de un infarto Guerrero Luteroth dejando un largo rastro de intrigas sobre sus vínculos con la inteligencia cubana. Bajo un nuevo liderazgo de un profesor de la UNAM, el proyecto de ataques cibernéticos continuó, según Muñoz.

La infiltración en Irán

En su  empeño por exponer las maniobras de Irán, Muñoz logró que un estudiante de la universidad convenciera a Ghadiri que lo enviara a un curso de Islam en la ciudad sagrada de Qom. Se trataba de Jose Carlos García Tolentino, un estudiante de 19 años de la facultad de derecho de la UNAM. “Realmente no era para yo ir a estudiar a Irán, sino de que ya todo esto se tenía planeado de ir a grabar, y regresar a México para mostrar todo lo que se están haciendo ellos”, explicó. A  fines de 2010 García realizó los trámites para  asistir a un curso intensivo de dos meses de duración en idioma español que empezaría a principios de año. Recibió la visa y un pasaje pagado por el gobierno iraní, pero cuando fue a abordar el avión en Ciudad México, la aerolínea no le permitió viajar.
“Al presentarme en diciembre al aeropuerto me dijeron que yo tenía una restricción de vuelo para Irán porque no podía pasar por espacio aéreo de Estados Unidos”, recordó. El nombre Carlos García aparece en la lista de personas que no pueden volar en aerolíneas estadounidenses o sobrevolar territorio de este país. La recomendación que le dieron en el aeropuerto fue presentarse a la embajada de los Estados Unidos en México y aclarar que no era el Carlos García  de la lista negra. Pero viendo amenazado su misión, García se comunicó por video conferencia con el director del curso en Qom, el Sheik Alí Qomi, quien se preocupó y le aconsejó que comprara boletos en otra aerolínea que no sobrevolara a Estados Unidos, que hiciera escala en un tercer país, y que una vez él llegara a Irán, le reintegraban el costo del pasaje. Finalmente el dos de enero García salió de México rumbo a Irán, con escala en Frankfurt, Alemania, con sus equipos de grabación.  En la escala volvió a surgir el problema del nombre y  permaneció detenido en el aeropuerto hasta que su vuelo partió a Teherán. Cuando llegó a Irán, le contó el incidente de Alemania a los responsables del curso lo que de inmediato empezó a despertar sospechas. “Desde el momento que yo llegué y les conté eso fue cuando él me empezó a decir que yo era un espía, incluso destinó a unos compañeros míos a cuidarme cada vez que yo prendiera la computadora y guardara las cosas para que ellos estuvieran checando constantemente lo que yo estaba haciendo”, contó.
García se sorprendió al saber que uno de sus profesores sería el sheik Mohsen Rabbani, a quien la justicia argentina señala como uno de los autores intelectuales de un ataque terrorista en ese país en el que murieron 85 personas. “La versión que ellos dieron es que Rabbani estaba en Argentina en esta mezquita que estaba cerca de un centro judío en donde pusieron bombas. Que ninguna persona había muerto, que había explotado una bomba en la parte de afuera y una en la parte de adentro, pero que él no tenía nada  que ver con eso y lamentablemente por eso el ya no podía volar a ningún otro país, porque ya era buscado por la INTERPOL”, recordó García.
Aunque lo mantuvieron bajo sospecha, durante dos meses pudo documentar varias reuniones y fue testigo de los cambios de mentalidad de sus compañeros latinos, como resultado del intenso entrenamiento ideológico que recibían. “Uno de los argentinos con el que yo pude platicar, uno que lleva un año ahí estudiando, me dijo que (antes) él tenía otra visión sobre la lapidación y los latigazos que se les dan a las personas, que eso era muy malo y todo eso, pero que ya estando ahí te das cuenta que es lo correcto, que es lo mejor, que si lapidas a una persona, si cuelgas a una persona y la matas, que salvas muchas más vidas”, recordó García. Al finalizar el curso el resto de sus compañeros partieron a sus países de residencia, pero él no pudo salir de inmediato.  Una vez más el problema de su nombre le impedía volar, esta vez de regreso a casa. Los iraníes lo trasladaron a un hotel cercano a la universidad y un día aparecieron dos oficiales que revisaron su habitación cuidadosamente y encontraron sus equipos de grabación. “Uno de los dos que iban conmigo se enojó mucho..., lo único que dijo es, llevémonos todo lo que tenemos ahorita y mañana venimos por ti a las diez de la mañana, tienes que tener tus maletas listas para ya irnos porque te vamos a llevar a otro lado…”, cuenta. García logró conservar un teléfono celular con el que logró comunicarse con el grupo de Muñoz, que había estado en comunicación casi diaria con él vía internet y telefónica durante el curso. Tras evaluar la situación en que estaba García, sus compañeros mexicanos lo convencieron de abandonar el hotel cuanto antes y  dirigirse a Teherán para ingresar a la embajada de España y pedir asilo. No tenía su pasaporte ni conocía el idioma. Pero tenía algún dinero con el que podría pagar un taxi. Salió del hotel bien temprano, con la excusa de hacer sus oraciones. Tomó un taxi y por señas logró hacerse entender. Tras un viaje de tres horas tocó la puerta de la embajada de España.
“Me dijeron que bajo mi situación era muy difícil porque ellos lo que tenían que hacer era mandarme a un hotel en este caso y si ellos me mandaban a un hotel yo corría el riesgo de que los iraníes me buscaran y me encontraran y me sacaran del hotel”, recordó. Lo convencieron de que se dirigiera a la embajada mexicana. Así lo hizo. Tras muchas explicaciones y largos trámites, el gobierno iraní le devolvió el pasaporte y permitió su  salida del país. El 12 de marzo, García  comenzó su retorno a México. La Secretaría de Relaciones Exteriores de México nos confirmó vía telefónica que José Carlos García Tolentino llegó a la embajada mexicana en Teherán a principios de marzo en busca de ayuda. El propio embajador Ghadiri confirmó el incidente en su entrevista  con Univisión desde Irán, y  acusó a García de ser un espía. “Es como he dicho, fue un agente, fue por arrestarle que se escapó a la embajada de México en Irán, pero todo su instrumento esta en Irán, instrumento de espionaje”, dijo Ghadiri. Tras varios días readaptándose a la vida en México, José Carlos y su familia comenzaron a sentirse vigilados por lo que ellos sospechan eran agentes iraníes en este territorio, y decidieron cruzar la frontera norte. Con apenas lo necesario, salieron rumbo a Tijuana. Hoy en día tramitan un asilo político pues aseguran que sus vidas corren peligro si permanecen en su país. En la actualidad Sara María Gómez y otros miembros del grupo de Muñoz  están en los Estados Unidos solicitando asilo político. Noemí Cabral y el propio Muñoz, aún permanecen en territorio mexicano. Muñoz sostuvo que ha recibido varias emenazas de muerte.

La conexión venezolana

La estrategia de Irán para penetrar  en América Latina ha tenido en el presidente Hugo Chávez un aliado clave. De acuerdo a numerosas evidencias y testimonios inéditos a los que tuvo acceso Univisión. Chávez ha firmado hasta ahora 86 acuerdos con Irán que abarcan temas militares, nucleares, económicos y de construcción de fábricas y viviendas populares, y ha ayudado a promover el acercamiento de Irán con otros países como Bolivia y Nicaragua.
“Sembraron a nuestro país con fábricas lácteas, nos trajeron fábricas de tractores que nos cuesta la mitad del precio que compramos en otros países. Tienen una fábrica de carros casi a la mitad o menos de la mitad de los precios. Abonan a la vida, no a la muerte”, dijo Raymundo Kabchi, asesor en temas del Medio Oriente. Pero de acuerdo con  expertos y autoridades internacionales, las conexiones de Irán y Venezuela van más allá de los convencionales acuerdos de cooperación binacional. Luego de firmar un acuerdo de cooperación nuclear con Irán en 2008, Chávez expresó su intención de desarrollar “nuestro primer reactorcito nuclear”, un anuncio visto con suspicacia a nivel internacional, debido a las ambiciones de Irán de construir armas nucleares. Las alarmas volvieron a sonar cuando un alto funcionario del gobierno chavista afirmó a fines de septiembre de 2009 que Venezuela estaba recibiendo ayuda de Irán para establecer el tamaño de las reservas de uranio en el sur del país. “Se están haciendo unas aerofotografías, con la colaboración de Irán. Esas aerofotografías no son para uranio, son aerofotografías para saber qué productos minerales hay en Venezuela. Y en esas aerofotografías repito, no sólamente aparece uranio, aparece uranio, aparece coltán, aparece oro, aparece diamantes”, dijo el entonces ministro de Ciencia y Tecnología Jesse Chacón. Expertos han cuestionado el “secretismo” que protege los acuerdos de cooperación entre Venezuela e Irán, como las fábricas de bicicletas y la de tractores, ubicadas en zonas que, según ellos, han sido designadas de exclusión aérea por el gobierno venezolano. “Yo no he visto la primera bicicleta iraní rodando por las calles de Venezuela, y si a eso le sumas que la zona donde está establecida la fábrica de bicicletas hay prohibición de vuelos tú dices "bueno, si es una fábrica real de bicicletas o de tractores, o de cualquier otro elemento, ¿por qué tanto secretismo?”, se preguntó la experta en derecho internacional María Teresa Belandria. Una relación no menos problemática entre Irán y Venezuela tiene lugar en el campo de las finanzas internacionales. Para mitigar los efectos de las sanciones impuestas por Estados Unidos y las Naciones Unidas, el gobierno iraní utiliza bancos venezolanos. Las transacciones permitían adquirir  tecnología avanzada.
“Los bancos iraníes están sancionados internacionalmente, no pueden mover dinero fácilmente. Pero los bancos venezolanos no están sancionados. Entonces han construidos bancos internos en Venezuela”, explicó el experto en temas iraníes Douglas Farah. “Pa’ mandárselo al presidente” En una nueva dimensión de la cooperación venezolano-iraní desconocida hasta ahora, fuentes de Univisión aseguran que diplomáticos de ambos países destacados en México trabajaron en forma conjunta para organizar ataques informáticos y físicos contra objetivos en Estados Unidos. Según grabaciones de video y audio, la entonces agregada de asuntos culturales y segunda secretaria de la delegación, Livia Antonieta Acosta Noguera participó en las conversaciones. Antes de llegar a México, la funcionaria había ejercido responsabilidades de promoción ideológica a través de los Círculos Bolivarianos en Venezuela, y había ocupado un cargo en la embajada de República Dominicana. De acuerdo con testimonio de Muñoz Ledo, la diplomática venezolana no sólo estaba al tanto de los planes de la presunta guerra cibernética contra Estados Unidos, sino que tenía toda la información que el grupo de hackers estaba pasando al embajador iraní Ghadiri. Las grabaciones indican que cuando Muñoz le informó a Acosta que le había dado a los iraníes “las ubicaciones de todas y cada una de las plantas nucleares en USA”, la venezolana expresó interés y exigió que le suministraran esa misma información, “pa’ mandárselo al presidente” venezolano Hugo Chávez. Acosta aseguró que mantenía un canal privilegiado para enviar información directamente al presidente Chávez: su amigo el general Alexis López, entonces jefe de la custodia presidencial del jefe de Estado venezolano. “Está allí con el presidente, y anda con el presidente para arriba y para abajo”, aseguró Acosta refiriéndose al general López en una de las conversaciones grabadas por Muñoz Ledo. Acosta Noguera es en la actualidad la cónsul de Venezuela en Miami, donde reside la más grande comunidad de venezolanos fuera de territorio venezolano. Univisión trató en repetidas ocasiones de obtener una versión de la cónsul Acosta a los señalamientos de Muñoz Ledo, pero no obtuvo respuestas. Cuestionarios y llamadas telefónicas realizadas a la embajada de Venezuela en Washington tampoco fueron respondidas. La participación de una diplomática venezolana en los presuntos ciber-ataques en combinación con Irán sorprendió a especialistas norteamericanos. “Esa conversación (entre Acosta y Muñoz) me preocupa porque nosotros no emprendemos ese tipo de planificación en contra del gobierno de Venezuela”, dijo a Univisión John Kiriakou, ex oficial de la CIA que lideró los esfuerzos antiterroristas después de los ataques del 11 de septiembre de 2001. Kiriakou agregó que le resulta “todavía más inquietante” la cooperación en este terreno entre diplomáticos venezolanos e iraníes. “Es preocupante que el gobierno de Venezuela sí esté haciendo planes contra Estados Unidos. Ahora, si están trabajando o no con los iraníes, si lo están es todavía más inquietante, algo para lo cual tendremos que planificar”, puntualizó Kiriakou. Miembros de la comunidad libanesa en Venezuela, señalados por Estados Unidos como financistas de grupos considerados terroristas como Hezbollah y Hamas, han criticado la política de Washington de calificar como terroristas a organizaciones respetadas en el mundo musulmán. Tal es el caso de Faouzi Kannan. Propietario de una agencia de viajes en el centro de Caracas, Kannan es señalado por el Departamento de Estado de coordinar viajes a miembros de Hezbolá, y de haber recaudado dinero para esa organización. De acuerdo al Departamento del Tesoro, Kannan también participó en reuniones donde se habló de secuestros y ataques terroristas. Pero en una entrevista con Univisión, Kannan rechazó las acusaciones y atribuye su inclusión en la lista negra del Departamento del Tesoro “porque yo soy musulmán”. “Yo soy musulmán, que puede hacer, yo soy orgulloso que yo soy musulmán. ¿Cuál es el problema si uno es musulmán? ¿No debe vivir?”, argumentó Kannan en un español con fuerte acento. Kannan negó que hubiese dado alguna contribución financiera a Hezbolá, pero defendió a la organización calificándola como un grupo que “defiende a su país”. “No son terroristas. Si usted en su país viene alguien quiere te mata, usted defiende su mismo. Usted terrorista no puede ser”. Dentro de las filas de las fuerzas armadas venezolanas hizo carrera una de las fórmulas de lucha de Hezbollá: la guerra asimétrica. Uno de los principales exponentes teóricos de esa estrategia es el escritor español Jorge Verstrynge, autor del libro La guerra periférica y el Islam revolucionario, una obra usada como manual de instrucción en la Academia Militar de Venezuela. Verstrynge, un ex miembro del conservador Partido Popular español, ha dado conferencias en Venezuela en las que han participado el propio presiente Chávez y sus más altos oficiales, para exponer una polémica hipótesis: el ejército venezolano únicamente podría enfrentar una potencial invasión de Estados Unidos, utilizando tácticas de guerra de guerrilla, las que califica como “el arma atómica del pobre”, y ataques suicidas a través de “voluntarios de la muerte”, entre otras estrategias. Vestrynge aseguró que a raíz de sus conferencias, el gobierno venezolano comenzó a promover la creación de “mini milicias” en el país, para hacer realidad un postulado del teórico español: la guerra periférica. Para el periodista español Antonio Salas (seudónimo), quien se infiltro en las milicias bolivarianas, la guerra asimétrica tiene otra connotación. “La guerra asimétrica es una forma elegante y diplomática, en realidad, de hablar de terrorismo”, aseguró Salas en una entrevista exclusiva con Univisión. Salas es autor del libro El Palestino un recuento de sus experiencias como infiltrado en Venezuela que  puso al descubierto no sólo cómo operan estas milicias, sino también sus conexiones con el terrorismo internacional. Haciéndose pasar como un inmigrante palestino criado en Venezuela, que deseaba contribuir a la lucha armada, Salas se ganó la confianza de los revolucionarios y penetró la organización. Salas grabó secretamente una serie de videos dentro de campamentos de entrenamiento en Venezuela, y mostró cómo los milicianos bolivarianos se consideran a sí mismos como combatientes no distintos a grupos como Hezbolá, ETA o las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
“Yo me encontré con que miembros del gobierno de Chávez que vienen de una formación ideológica de extrema izquierda y de una trayectoria dentro de la guerrilla de los grupos armados, interpretan cualquier movimiento armado revolucionario como hermanos. Ni Hamás ni Hezbolá ni ETA ni las FARC son terroristas, sino que son compañeros a los que hay que ayudar”, dijo Salas. Entre las figuras destacadas Salas se encontró con Alberto Carías, antiguo Subsecretario de Seguridad Ciudadana de Caracas, que actuaba como coordinador de los grupos milicianos; y un coronel del ejército regular bolivariano, que le dio instrucción sobre cómo usar armas de combate como ametralladoras y lanzagranadas. Salas también aseguró que conoció en la Isla de Margarita a un activista que se identificó como ex jefe de inteligencia de Hezbolá, y que vive en esa isla del Caribe venezolano “como un empresario más”.
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