El mercado de flores en México enciende su magia

AFP | Oct 26, 2012 | 12:05 PM

Una fiesta entre vivos y muertos

Un ejército de comerciantes trabaja sin descanso en el mercado de Jamaica, uno de los más antiguos de Ciudad de México, para abastecer de flores las tradicionales ofrendas de muertos que este año, que en muchos casos, estarán dedicadas a víctimas de la violencia del narcotráfico.
El olor del Cempazúchitl, una flor amarilla con que se adornan los altares que para honrar a los muertos se levantan en sitios públicos y en viviendas, se confunde con el incienso y la mirra que emanan de otros puestos y el aroma del azucarado pan de muerto recién horneado.
Los días previos al 2 de noviembre, cuando los mexicanos reciben en casa a sus muertos, "el volumen de flor de campo que se vende es abundante, se cuenta por muchas toneladas", dice a la AFP, Salvadora Romero, una locataria de 83 años que trabaja en este lugar desde hace 53 años.
Son más de 5.800 toneladas, según el Consejo Mexicano de la Flor. Una larga hilera de camiones cargados de flores era visible al amanecer de este lunes frente al iluminado pasillo principal de este mercado, cuyo diverso surtido floral lo convierte en un mosaico interminable de colores y texturas.
"Los altares de muertos son un sincretismo de la cultura prehispánica con la española que se ha ido fusionado con otras costumbres y lejos de desaparecer cada año se reafirma", explica Andrés Medina Hernández, investigador de historia y antropología de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Los mexicanos han practicado históricamente el culto a los muertos en la intimidad, pero fue poco después de la revolución en el siglo XX, que la generación de artistas e intelectuales como Diego Rivera y Frida Kalho, la llenó de color y la convirtió en una celebración pública.
Majestuosos altares
Los altares con las ofrendas a los muertos se arman ahora, además de en las casas, en museos, centros comerciales y edificios públicos. La Universidad Nacional Autónoma de México, que instala una de las más grandes y creativas, que este año dedicó al escritor argentino Jorge Luis Borges.
"Esta es nuestra tradición y no debe morir", indica Juana Martínez, de 58 años y artesana de típicas calaveras de cartón que, ataviadas con brillantes vestidos de mujer y sobreros de ala, se conocen como Catrinas.
Martínez, famosa en el mercado Jamaica por sus Catrinas, confiesa que cada año la invitan para comerciarlas en tiendas de museos, pero no le gusta porque "ahí no se vende como en el mercado", dice mientras pinta una serie de estas calaveras que dice vendió a Coca-Cola a 186 dólares cada una.
Conforme la violencia del narcotráfico ha aumentado, dejando 45.000 muertos desde diciembre de 2006, las celebraciones han tomado también un cariz de reclamo.
Un grupo de 33 madres centroamericanas de migrantes desaparecidos llegarán el 2 de Noviembre al pueblo de San Fernando, ubicado a 160 km de Estados Unidos, para levantar un altar en honor a 72 inmigrantes de Centro y Sudamérica masacrados en agosto de 2010.
El izquierdista Partido de la Revolución Democrática anunció que su ofrenda estará dedicada a 13 periodistas asesinados este año, mientras el movimiento de víctimas por la Paz con Justicia y Dignidad, encabezado por el poeta Javier Sicilia, sembrará cruces con los nombres de los asesinados en el Ángel de la Independencia, un monumento símbolo de la capital mexicana.
El antropólogo Medina explica que la fiesta de los muertos tiene su origen en la que realizaban al finalizar sus cosechas los antiguos habitantes de México, como parte de un ciclo continuo de la muerte y la vida.
El ritual "sintetiza una antigua cosmovisión que sigue viva en México", donde las calaveras y el hueso simbolizan la semilla que tiene que volver a la tierra para renacer, agrega.
En millones de hogares, la noche del 1 al 2 de noviembre, las familias se reunirán en torno a altares en los que el centro son las fotos de sus muertos, a los que agasajan preparando sus comidas y bebidas favoritas.
La noche del 2, la fiesta se traslada a los cementerios donde entre flores, rezos y la infaltable música de mariachis, se encienden velas para que las almas encuentren el camino de regreso al más allá.
©AFP
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