La historia de los 33 mineros que apasionó al mundo

AFP | Aug 04, 2011 | 9:38 PM

Una historia de película

MINA SAN JOSE, Chile - Un derrumbe atrapó hace un año a 33 mineros chilenos en el fondo de un yacimiento en Chile. Pasaron 17 días sin contacto, comiendo apenas, hasta que fueron hallados. Se desató entonces una carrera contra reloj para perforar una vía de rescate por la que emergieron sanos y salvos 69 días después.
Cuando se disponían a almorzar en lo profundo de la mina el jueves 5 de agosto de 2010, un ruido ensordecedor seguido de una polvareda confirmó lo que muchos temían: la mina San José -explotada desde hace más de un siglo- cedía y miles de toneladas de piedras obstruían su acceso.
"Primero sentimos el sonido cuando cayó la roca, después vino como un viento y se levantó mucho polvo. Pensé que no íbamos a salir más", relató Jimmy Sánchez, el más joven del grupo de mineros.
El derrumbe, a 400 metros de profundidad, no alcanzó a ninguno de los mineros que se encontraban más abajo. Intentaron salir por una chimenea de ventilación pero ésta no tenía las escalas que los dueños debían haber colocado y no había otra salida.
Se dirigieron entonces a un refugio de seguridad a 700 metros de profundidad con provisiones, pero éste apenas tenía algunas latas de atún y algo de leche: habían quedado sepultados casi sin agua ni comida. Los rondaba la muerte.
En la superficie, en tanto, desesperadas familias se reunían en las afueras del yacimiento. ¿Estarán vivos? ¿Tendrán aire o comida?, se preguntaban padres, hermanas o esposas, a la luz de una fogata y abrigados con mantas para soportar el frío nocturno del desierto chileno.
El accidente obligó a cambiar la agenda del presidente Sebastián Piñera y del entonces ministro de Minería, un desconocido Laurence Golborne, que desde ese momento se dedicó de lleno a este rescate.
Dos días después socorristas intentaron acceder a los mineros por la chimenea de ventilación pero fracasaron debido a nuevos derrumbes.
"Se bloqueó esa chimenea y dos rescatistas casi pierden la vida. Salieron de la mina frustrados y choqueados; significaba que el único camino rápido estaba cerrado. Ya no serían horas para sacarlos, serían días", relataría luego Golborne.
Se resolvió entonces buscarlos a través de orificios de 12 centímetros de diámetro, ya que se estimaba podían estar en el refugio, pero sin mapas precisos era como buscar una aguja en un pajar.
Adentro de la mina la angustia comenzaba a apoderarse de los mineros.
"Estábamos esperando la muerte. Nos estábamos consumiendo", señaló el minero Richard Villarroel, al recordar esos días.
El rescate a 'cuenta gotas'
En medio de la desesperación comenzaron a organizarse. Era un grupo heterogéneo de entre 19 y 62 años. "La comida se fue dando por porciones cortas, cosa que nos durara. El agua igual", relató Villarroel.
Artesanalmente armaron camas, montaron un lugar para reunirse e incluso fabricaron con papel un dominó para matar las horas. Las decisiones las tomaron por votación.
Afuera nueve máquinas de sondaje avanzaban con complejidad y las esperanzas de sacarlos con vida comenzaban ya a diluirse.
Sería una tragedia minera más, hasta que por uno de los pequeños orificios, atado a una perforadora, emergió 17 días después un esperanzador mensaje: "estamos bien en el refugio los 33", escribió uno de los mineros.
La historia cobró entonces ribetes épicos. Al fondo de una mina 33 hombres sobrevivían con un calor y una humedad insoportables, en lo más parecido a un "infierno", como graficó uno de los mineros.
Ya ubicados, comenzaron a ser alimentados desde el exterior. Lograron hablar con sus familias y se puso en marcha una gigantesca operación de rescate, en la que colaboraron expertos de la NASA.
Sus familias instaladas en las afueras del yacimiento, primero llevaron pequeñas carpas pero luego dieron vida propia a una ciudad a la que bautizaron 'Campamento Esperanza'. Cientos de periodistas vivieron junto a ellos.
Tres gigantescas máquinas perforadoras comenzaron a excavar ductos más anchos hasta donde estaban los mineros, en una compleja operación.
Hasta que, tras 33 días de perforaciones, una de ellas logró alcanzarlos y cinco días después todos emergieron a la superficie, uno a uno, en una cápsula de metal que los transportó más de 600 metros desde el fondo de la mina.
"Le entrego el turno como habíamos acordado. Espero que esto nunca más vuelva a ocurrir. Gracias a todos", dijo Luis Urzúa, jefe de los mineros y último en dejar el yacimiento, al presidente Piñera que lo aguardaba en la superficie.
"Creo que es bonita esta historia... Dios por algo hace las cosas", reflexionó ahí en la boca del ducto este minero.
©AFP
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