Tribu mexicana era caníbal

EFE | Jul 22, 2011 | 5:55 PM

Los hervían y los devoraban

La vida de los xiximes era más o menos así: cultivaban el maís y cazaban el venado, dedicaban medio año a la guerra y cuando volvían a casa, se comían el cadáver del enemigo. Lo hervían y lo devoraban en un ritual en el que participaba toda la población.
Y de eso no hace tanto, hasta poco antes de que el descubrimiento de América trajera la evangelización forzada hasta estos pueblos indígenas.
Los xiximes habitaban allá por 1450 la sierra del estado de Durango, convencidos de que el canibalismo les permitía apropiarse del alma del 'cocinado' y de que las partes de mayor valor eran la cabeza y las manos. Conservaban los huesos para celebrar otro rito destinado a renovar el ciclo del maíz.
Y todo eso se sabe ahora porque desde hace cuatro años, un grupo de arqueólogos mexicanos ha estudiado cuarenta huesos humanos hallados en la Cueva del Maguey, en la sierra de Durango, y así ha confirmado la antropofagia de la tribu indígena.
La prueba: al menos el 80% de esos restos "tiene huellas de corte y de haber sido hervidos", ha señalado el Instituto Nacional de Antropología e Historia en un comunicado.
Esa evidencia "revela prácticas de antropofagia como parte de un rito que sólo incluía a xiximes, es decir, únicamente se consumían entre ellos", ha puntualizado el mismo organismo, que ha presentado sus conclusiones en la XIV Conferencia de Arqueología de la Frontera Norte, inaugurada en la ciudad de Paquimé, en el estado de Chihuahua.
El canibalismo de esa etnia había sido descrito en fuentes etnohistóricas del siglo XVII, principalmente en cartas elaboradas por los misioneros europeos que visitaron las llamadas "Casas en Acantilado".
La más importante es la misiva que Hernando de Santarén envió en 1604 a sus superiores en México, informándoles de los grupos indígenas que encontró en la sierra del actual estado de Durango.
Cuerpos con marcas y cortes
La Cueva del Maguey se ubica en la Sierra Madre Occidental, a 2.600 metros de altura, en un bosque de pino dentro de las barrancas del municipio de Pueblo Nuevo.
La zona abarca una extensión de un kilómetro lineal, dentro de la cual se han encontrado vestigios de antiguas construcciones de dos niveles y hasta cuatro metros de altura, edificadas en el interior de cinco cuevas, con un tipo de arquitectura de tierra llamado "bajareque".
El arqueólogo José Luis Punzo, quien encabeza las investigaciones ha subrayado que el objetivo es recuperar "el testimonio de los indígenas" que habitaron esa zona de México hacia el año 1450, "cuya cosmovisión se perdió con la evangelización", lo que impidió conocer lo que motivó a los xiximes a "alimentarse del alma de otro ser humano".
Los arqueólogos también han hallado textiles elaborados con plumas de pavo y cabello humano para que las prendas fueran más calientes, debido a que en esa sierra las temperaturas alcanzan los 30 grados bajo cero.
Asimismo, han encontrado madera, granos, cordelería, lítica, cerámica, huesos de animales, garras de jaguar y dientes de cocodrilo.
©EFE
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