Festejan a Virgen de Guadalupe

Univision.com | Dec 10, 2010 | 2:47 PM

Madre indígena

CIUDAD DE MÉXICO - El 12 de diciembre de 1531, en las proximidades de la capital de la Nueva España, hoy Ciudad de México, un humilde indio llamado Juan Diego advirtió a su paso la aparición de una mujer. “Su vestidura era radiante como el sol; el risco en que posaba su planta, flechado por los resplandores, semejaba una ajorca de piedras preciosas; y relumbraba la tierra como el arco iris”.
La imagen celestial tenía, además, una característica muy importante, también era indígena como Juan Diego. La mujer le pidió que en ese mismo lugar donde estaba posada se erigiera un templo para su veneración ya que ella era la 'Madre de Dios'. A Juan Diego no le quedo más remedio que ir con las autoridades eclesiásticas a relatar lo sucedido con la inusual demanda de la “mujer que bajo del cielo”.
El indígena fue recibido por el obispo Fray Juan de Zumarraga, quien solicitó una prueba de la revelación que había tenido. Juan Diego regreso ante la Señora y le dijo: “Hijo mío, el mas pequeño, toma estas rosas que son la prueba y señal que llevarás al Obispo, te ordeno que sólo delante del Obispo despliegues tu manta y descubras lo que llevas, con objeto de que se haga y erija el templo que te he pedido.”
Juan Diego desenvolvió su manta ante el Obispo, las rosas se esparcieran por el suelo, y en ese instante como prodigio se dibujó en ella  la imagen de la Virgen de Guadalupe. Al momento en que las rosas tocaron el suelo inició uno de los fenómenos más extraordinarios en la historia de las religiones.
Finalmente aquellos indígenas que habían perdido sus propios dioses y que difícilmente aceptaban el planteamiento cristiano, habían encontrado no sólo a un nuevo Dios, sino a una mujer a imagen y semejanza que establecía la función sobrenatural de la deidad, e incluso ofrecía compasión, atención y defensa a quien se acercara a ella, una función maternal.
La traumática irrupción del mundo europeo al indígena, había producido un profundo cambio de vida en los conquistados, quienes habían dejado de ser exclusivamente miembros de una comunidad ancestral e hijos de una patria propia. Por decisión ajena, se encontraron súbitamente como individuos pertenecientes a una raza inferior, súbitos de un rey fantasma y redimidos por un Dios desconocido.
Milagro
Pero la aparición había hecho el milagro en lo que quedaba del Imperio Azteca; incluso los indígenas más rebeldes pronto fueron subyugados por la imagen plasmada en el ayate de Juan Diego, donde curiosamente más de un indígena encontró una gran semejanza entre la Virgen de Guadalupe y Tonatzin, una amable deidad azteca.
Esto explica en gran medida la veneración hacia una imagen  que ha venido a representar mucho más que su propia condición religiosa y se ha convertido en una especie de suerte, prácticamente en la madre de cada mexicano. Se puede afirmar que el cristianismo en México se cimentó sobre los destruidos teocalis (templos Indígenas)  con la figura de la Virgen de Guadalupe como centro de veneración de todo un pueblo.
La historia de la Virgen de Guadalupe está íntimamente ligada a la historia de México. No hay acontecimiento patrio del que la Guadalupana esté ausente. En sus grandes tragedias y en sus grandes triunfos esta imagen ha estado presente.
El año de las apariciones y el inicio de su culto es el del surgimiento de México como nación. La devoción a la Virgen y el desarrollo de su culto corren parejos con la creación de la sociedad mexicana y la formación de la conciencia de este país.
Manifestaciones de fe
Pero más allá de la importancia para México del culto guadalupano, este se ha extendido por todo el mundo, principalmente en todo el continente americano, incluso el propio Juan Pablo II invocó la protección de la Virgen de Guadalupe para su exitoso papado.
La leyenda de la aparición ha sido incluso criticada desde la propia iglesia. Quien fuera el abad de la Basílica de Guadalupe, sede en donde se encuentra el ayate de Juan Diego en la actualidad, monseñor Guillermo Shulemburg ha externado que es todo un mito: “ya que el milagro guadalupano no fueron las apariciones, sino las manifestaciones de fe del pueblo mexicano". Todo esto estableciendo la presunción de que Juan Diego no existió y desde luego tampoco la aparición de la virgen.
Pero ello no ha importado para que cada año cerca del aniversario millones de personas de todas partes conviertan al cerro del Tepeyac en una especie de meca americana,  lugar en donde la tradición indica que la Virgen se le apareció a Juan Diego.
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