La noche en que México abre las puertas 'al más allá'

Univision.com | Nov 01, 2011 | 6:33 PM

El ritual de la ofrenda

CIUDAD DE MÉXICO - Quisiera un día, quedarme dormida en mi cama. Estar cómoda y sentir cómo mi cuerpo de a poco se va desprendiendo de las tensiones. Entonces, a cada bocanada de aire que respire, darme cuenta que he hecho cuanto he deseado. Notar que he vivido una vida larga y plena y entonces, no volver a despertar nunca más.
Sobre ese paso de o hacia fuera de nuestra existencia, es poco lo que sabemos. Nadie es tan privilegiado de saber cómo o cuándo morirá. Si será este un largo o corto proceso, ni cuánto durará. Ni la edad ni el estado de salud son ninguna garantía, y nadie ha regresado desde “el más allá” para contarnos qué se siente. Sin embargo, dentro de tanta incertidumbre, hay una sola cosa que sabemos. Parafraseando al filósofo alemán Martin Heidegger, “somos seres para la muerte”.
Ante este sufrimiento que enfrentamos de manera constante, –el cual comienza por la incertidumbre sobre la que hablábamos, se eleva cuando llega la muerte a un ser querido y alcanza su cúspide al sentirla cerca de nosotros—los seres humanos hemos buscado distintos mecanismos de defensa, para paliar el dolor y respeto que nos infunde.
Uno de estos mecanismos, digno de mencionar, es la celebración del Día de Muertos en México. Ofrendas, dulces, versos graciosos que aluden a la muerte de personas vivas y más, son parte de la tradición que en México se vive, para por lo menos sobrellevar este doloroso e inevitable momento de la existencia.
Desde la noche del 31 de octubre, en millones de hogares mexicanos, negocios, escuelas y demás sitios, se colocan ofrendas. Están constituidas por papel de colores, dulces y chocolates en forma de calaverita, fotografías, dulce de calabaza, tradicional pan de muerto y todo aquello que al o los difuntos a quienes se les va a celebrar, les gustaba en vida: cigarros, tequila, café, etc.
Objetivo: Continuidad
¿Pero cuál es el objetivo de la ofrenda? Miguel Ángel Maciel González, licenciado en Comunicación y Maestro en Estudios Políticos y Sociales por la Universidad Nacional Autónoma de México respondió para Univision.com: “La ofrenda se parece a los ritos de sacrificio de las antiguas culturas mesoamericanas, en donde había que donar algo para que las fuerzas sobrenaturales no cayeran sobre los pueblos”.
"En este caso –continuó el maestro-  las ofrendas con el colorido de las flores, utensilios arreglos y alimentos es la forma de donar al llamado más allá las cosas necesarias para calmar a la muerte que es oculta y sorpresiva y por supuesto tener contento a quien ya no está”, dijo el profesor sobre su origen.
Este ritual desvanece las fronteras, como destacó Maciel. “Las ofrendas implican la continuidad de nosotros o de nuestros muertos para seguir gozándolos en una especie de binomio muerte-vida. En la paradoja se han ido, pero aquí siguen. También la ofrenda es como una puerta de entrada/salida donde los que ya se fueron acceden para significar que aunque hayan muerto físicamente, pueden estar con nosotros porque desde esa perspectiva no hay frontera entre la muerte y la vida”, detalló Maciel.
'Fiesta' y 'No fiesta'
Pero, en medio de la tristeza por la ausencia y de la “celebración” a la muerte, ¿Podría decirse que el 1 y 2 de noviembre en México, son una fiesta?“
"Es un fenómeno curioso pero resulta que lo es y no lo es. Representa una 'no fiesta' porque cómo es posible que se venere a la muerte, si ésta nos despoja de la posibilidad de seguir ensoñándonos con las cosas que da la vida material”, señaló el profesor.
“Sin embargo – continuó Maciel-- el que sea fiesta implica que a la muerte se le quita el sentido de tragedia y de sufrimiento, en tanto se le percibe no como algo extraño, sino como algo cotidiano. Aceptar esto significa saber que yo y los demás tendremos que partir, por lo que se aligera la carga de pensar cuándo, cómo y de qué manera será y mejor, se disfruta la existencia, por eso representa esa fiesta. Ahora también lo es porque paradójicamente a lo dicho, aunque sea algo cotidiano, eso no impide que le tengamos algún tipo de temor”.
¿Y el halloween?
La celebración de los muertos en México se desarrolla los días 1 y 2 de noviembre. El primero, día de “todos los santos” está especialmente dedicado a recordar a quienes perdieron la vida a temprana edad, “los difuntitos niños”. El 2, por su parte, es para el resto de los fallecidos. Preparaciones gastronómicas, creencias religiosas y visitas a los campos santos, son los tres elementos que se han conservado a través del tiempo “sólo con las variantes de las creencias de cada pueblo”, puntualizó el profesor.
Sin embargo, Estados Unidos tiene su propia versión de estas celebraciones, que se lleva a cabo la noche del 31 de octubre, con diferencias y similitudes a la de México, como distinguió Miguel Ángel Maciel.
“La ausencia de la muerte con significado espiritual es lo que no está plasmado en la fiesta de halloween, que más bien toma el lado modernizado y occidentalizado acerca de que existen fuerzas que pueden venir a menguar la tranquilidad. Para los anglosajones, lo original está en emplear disfraces con algún personaje de la mitología del terror contemporáneo, pedir dulces o dinero e ir asustando de casa en casa.; en el caso de México lo que hay es un conocimiento profundo y sabiduría de la muerte en el ámbito de sentarse a convivir con ella, construir historias a propósito de ella. No es exactamente miedo o respeto, es por un día hacerle frente al tú por tú. La similitud es que de todas formas no hay quien escape de algo que es incomprensible y nos rebasa”.
¿A dónde lleva la muerte?
La muerte, en sentido estricto, es la culminación de la vida de un organismo que lo posee. Pero para nosotros, los seres humanos, que somos capaces de llenar de interpretaciones y significados nuestra existencia, la muerte va más allá de la desaparición física.
“En el mundo occidental la muerte ha representado un desafío en términos de que no nos permite darle continuidad a la idea de vida que pensamos que es la única que nos reconforta (la material y anclada en lo terreno). Por lo que para el mundo moderno, el morir es un acto de sufrimiento porque sabemos que no vamos a volver a existir”, definió Maciel.
Se desvanece indiferencia
Volviendo al caso de México, son  muchas las manifestaciones de atención ante el inminente hecho de la muerte. Son famosos los concursos de ofrendas en universidades mexicanas; las lentes de fotógrafos y camarógrafos apuntan a lugares como Mixquic o el lago de Pátzcuaro, en los que el ambiente se fusiona entre la fiesta y la solemnidad.
Celebraciones fastuosas en las que los medios se pelean las imágenes; y celebraciones discretas, pero que siempre están en su hora y lugar para llegar puntuales a la cita con el más allá, el día de muertos de México refleja un intento de respuesta ante nuestras preguntas sobre la muerte.
Al día siguiente
Sobre esta celebración, Maciel González “diría que esto es una especie de comunión en tanto que en ese día pareciera que los muertos no se han ido y que están con nosotros formando un colectivo donde muertos y no muertos festejan el hecho de que por lo menos una vez o dos por año, no se olvidan, o no son indiferentes el uno con el otro”.
“Podría observarse como el compartir la vida con la muerte y representar nuestra ansias de que no se fueran, y, en tal caso cuando amanece el tres de noviembre y seguimos vivos en nuestro mundo y ellos no vivos en el suyo, se deja la estela de que puede haber otra oportunidad de volver a hacer esa comunidad, si no es que nos agarra la muerte”, concluyó Miguel Ángel Maciel para Univision.com.
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