Los milagros de la 'Morenita del Tepeyac'

Univision.com | Nov 07, 2012 | 10:25 AM

Más que fe

CIUDAD DE MÉXICO –Otto Trejo Santos cumple su décima visita consecutiva a la Basílica de Guadalupe. Cada año se viene caminando desde Tulancingo Hidalgo hasta la capital mexicana para agradecer a 'La Guadalupan'a el milagro que le salvó la vida.
“El milagro se dio por ella, ella fue el milagro, mi intercesora y por eso estoy tan agradecido hasta que Diosito me dé los años que pueda vivir”, dice a Univision.com.
Como él, cada 12 de diciembre millones de peregrinos de diversas partes del mundo viajan hasta el corazón de México para celebrar a la Virgen de Guadalupe en su día.
Para Otto esta fecha tiene un significado muy especial. “Estuve 20 días en estado de coma por un golpe que recibí en el cerebro. Durante esos 20 días me operaron de la cabeza. Cuando desperté estaba inmóvil y un 12 de diciembre le pedí a la virgencita, con la fe de mi corazón, que me ayudara y que intercediera ante su santo hijo y ante el padre”, recordó Otto.
El milagro que vivió Otto superó todos los pronósticos médicos, que le daban más de un año para que se pudiera recuperar.
“Después de haberle pedido a la virgencita que me ayudara, en mes y medio yo andaba caminando. Yo le prometí a la virgencita 10 años de venir caminando, hoy cumplo mi décimo año de promesa pero de aquí hasta que Diosito y la virgen me ayuden, seguiré viniendo”, expresa Otto con fe y agradecimiento.
Con la voz entrecortada, Otto, quien quedó con un problema en el pie por lo que no puede caminar bien, comenta que no importan los esfuerzos que tenga que hacer para ver a la Virgen de  Guadalupe, porque a pesar del cansancio, se va con el corazón “bien lleno de alegría de haber estado ante los pies de la Santa Madre de Jesús”.
Alrededor de 20 millones de personas visitan este santuario anualmente. El fervor religioso es el que los mueve a agradecer a la Virgen y pedirle que no los olvide.
“Es impresionante cada año como aumenta el número de peregrinos, como vienen las familias, los nietos, los papás, como vienen de generación en generación, pues la tradición se está haciendo más grande”, explica el sacerdote Roberto Paz.
Caminando y de rodillas
Las formas de dar gracias, a lo que los mexicanos le llaman “cumplir mandas”, varían dependiendo de las promesas hechas. Unos llegan caminando desde sus lugares de origen, otros lo hacen de rodillas, otros llevan velas o flores y hay quienes ofrecen limosnas. También hay quienes piden misas en nombre de la Virgen de Guadalupe y otros tanto le dedican canciones o le hacen poemas.
“Me impresiona la gente que viene caminando 15 días, y que dejan todo por venir a ver a La Guadalupana. Dejan su hogar, su trabajo, todo. Y bueno así nos dice el Señor, hay que dejar todo para seguirlo”, dice el padre Paz.
Gregorio Escamilla, de 64 años lleva 53 años seguidos visitando a la Virgen del Tepeyac. Se avienta largos tramos caminando y cuando ya no aguanta, se sube por unos momentos a un auto.
“Siempre le tengo fe a mi madrecita de Guadalupe, que es la que me ha ayudado y me ha dado vida y de comer. Yo me estaba muriendo de tanto pensar. Si la tuviera enfrente le diría gracias madrecita”, comenta Gregorio, un campesino que llegó a la capital con un estandarte de La Guadalupana.
Y es que desde principios de mes, los alrededores de la Basílica se encuentran saturados y con mucho movimiento, la policía redobla vigilancia, el santuario extiende sus horarios de visita y los peregrinos saturan el recinto en esta fecha, día en el que se cumple un año más desde que se le apareciera al ahora San Juan Diego, en 1531.
Esta tradición o fervor se extiende hasta el extranjero, en donde también ha tomado cierta popularidad.
“Mucha gente nos han dicho que es un lugar muy especial y como en 3 ó 4 días es una celebración a la Virgen de Guadalupe y queríamos ver a todos los peregrinos”, comenta Linda, una holandesa que mostraba su impresión por la cantidad de gente que visitaba la Basílica.
El propio Juan Pablo II se consideraba devoto de la Morenita del Tepeyac. Fueron cinco las ocasiones en que la visitó e incluso en la última se encargó de beatificar a Juan Diego.
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