Ex soldado contra la guerra

Univision.com | Nov 21, 2007 | 10:10 AM

"Y después viene el trauma"

Llegó a EU de adolescente. Fue reclutado en el ejército norteamericano durante la guerra de Corea. Hoy, este jubilado de 75 años está convencido de que las armas no son el camino para la paz y que este país no tiene derecho a invadir otro. Orlando Collado es un cubano que no calla sus convicciones, aunque reme contra la marea.
Orlando Collado no tiene pelos en la lengua. Menos cuando se trata de la guerra en Irak. “Fuimos allí en base a mentiras. Todos saben que fueron mentiras. Y en base a mentiras, estamos destruyendo ese país, y solo Dios sabe cuántos civiles hemos matado. Y todo por un solo propósito: controlar las riquezas del país”, dijo en una reciente entrevista con Univision Online. Collado es el presidente de la filial 32 en Miami de Veterans for Peace (Veteranos por la Paz), una organización a nivel nacional, integrada por ex combatientes de Estados Unidos, que aboga por la resolución pacífica de los conflictos y reclama el regreso de las tropas de Irak. A nivel local, la entidad cuenta con 47 miembros, incluidos los condados de Broward y Dade. “Además, Irak es una guerra perdida, como lo fue Vietnam. Nosotros vamos, invadimos y destruimos, pero no estamos motivados. Ellos sí. Nuestros soldados no saben contra quién están luchando. No hay ejército, muchos usan ropas civiles. Después de los tiroteos, se dan cuenta que han matado a mujeres y niños, y después viene el trauma”. Este cubano de 75 años está molesto porque, a su juicio, en los medios de comunicación de Estados Unidos nunca se informa de las fatalidades de civiles: “Nunca hablan de esto. Nunca muestran lo que realmente está ocurriendo. Por eso, hay que educar a la gente. Fuimos a Irak contra la ONU. Hemos aplicado torturas. ¿Quién se iba a imaginar que íbamos a hacer ésto? Me molesta mucho”. Orlando Collado nació en 1928, en La Habana, Cuba. Llegó con su familia a Estados Unidos el 1 de agosto de 1945, pocos días antes del final de la Segunda Guerra Mundial. Para ese entonces, era un adolescente. ¿Su destino? La ciudad de Nueva York. En 1953 fue reclutado por el ejército en las postrimerías de la guerra con Corea. “Me obligaron por el reclutamiento forzoso. Pero tuve suerte porque se estaba tramitando el cese del fuego”, aseguró. Luego de los respectivos entrenamientos en distintas bases militares del país, fue enviado a Japón, donde estuvo casi dos años. Para cuando fue dado de baja, la guerra ya era historia. Su familia lo esperaba en Nueva York. Y se mudaron a Miami, en busca de nuevos horizontes.

Hay esperanza

¿Qué pensaba de la guerra en aquellos años, cuando fue reclutado? No estaba de acuerdo, no estaba conforme. Mi padre estaba preocupado. Pero estar en el ejército fue una experiencia de aprendizaje. Aunque si el reclutamiento hubiera sido voluntario, no hubiera ido. Una vez reinsertado en la vida civil, Collado fue a la universidad gracias a los beneficios de la ley de veteranos, que le pagó los estudios. Tras recibir su título en Administración de Empresas, comenzó a trabajar para Sears & Roebuck como gerente del departamento de joyería. Y años más tarde, abrió su propia empresa de exportación de repuestos de automóviles, todo en Miami. Desde el 2000, disfruta de su jubilación. Viudo desde hace tiempo, y con dos hijas, Collado ha estado involucrado en el movimiento pacifista. Durante los años de Vietnam, sus pasos se unieron a los de miles en las calles de este país, en reclamo del regreso de las tropas y el fin de la guerra. “Fui muy activo. Manifestábamos en las universidades, acá en Miami. No teníamos nada que hacer en Vietnam. Todo lo que nos decían era una mentira. Y veo que ahora nos están diciendo lo mismo. Además, la guerra no es el camino, solo la paz". Un hecho lo marcó a fuego. En 1955, Collado visitó Nagasaki, en Japón. Habían pasado diez años desde que Estados Unidos había destruido la ciudad y matado a decenas de miles de sus habitantes tras arrojar la bomba atómica. “Estuve tres días y vi el daño. Fue un crimen. En Nagasaki no había blancos militares. Y no tuvimos por qué hacerlo, Japón ya se estaba rindiendo”. “¿Qué derecho tenemos de invadir cualquier país?”, se pregunta. Aunque la misma parece dirigida al mundo, ése que necesita un cambio. ¿Hay esperanzas de un cambio? Si señor, claro que hay esperanzas. Eventualmente, cambiaremos el mundo. Para eso estamos.
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