Viviendo con el enemigo

Univision.com | May 02, 2011 | 3:47 PM

Osama Bin Laden cambió todo

Osama Bin Laden vivió entre nosotros durante casi 10 años. Y ya era hora que se fuera. Nada ha sido igual desde los ataques terrorista del 11 de septiembre del 2001.
Vivimos con miedo por culpa de Osama Bin Laden. La frase de Jean Paul Sartre –'el infierno es el otro'- se materializó. Cualquier extraño o extranjero podía ser un terrorista en potencia y nuestra percepción de los otros cambió. La sospecha se convirtió en norma y hay innumerables casos de discriminación contra árabes por el simple hecho de tener su origen en la misma región del mundo donde nació y creció el líder de al-Qaeda.
Hemos estado viviendo con el enemigo en nuestra casa desde que casi tres mil norteamericanos murieron en los ataques a las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono en Washington. Cuatro aviones fueron usados como proyectiles. Volar dejó de ser un placer.
Es imposible utilizar un aeropuerto en cualquier parte del mundo sin sufrir los tediosos e irregulares chequeos de seguridad. A veces nos quitan los zapatos, otras no. A veces pasamos por máquinas que nos desnudan digitalmente y otras nos revisan manualmente en los lugares más inhóspitos de nuestro cuerpo. Y la culpa es de Osama bin Laden.
La palabra “terrorista” se convirtió en el insulto de moda. Los grupos rebeldes que se levantaron contra las dictaduras en Túnez, Egipto, Libia y Siria fueron primero calificados de terroristas. Nada descalifica más a un político en cualquier parte del mundo que ser suave o débil ante terroristas.
Campañas políticas tanto en Estados Unidos como en Europa se armaron en torno a la figura de Osama Bin Laden. El más duro contra el terrorista ganaba. Y no queda la menor duda que el presidente Barack Obama, con la muerte de Osama, tiene la mejor arma electoral para reelegirse en noviembre del 2012.
¿Qué candidato republicano puede mostrarse mejor capacitado que Obama en temas de seguridad nacional cuando el actual presidente ya capturó y eliminó al principal terrorista del mundo?
Al menos dos guerras se comenzaron por culpa de Osama Bin Laden. La de Afganistán –justificada- para derrotar al régimen Taliban que dio refugio y apoyo logístico a los terroristas de al Qaeda. Y la de Irak –absolutamente injustificada- en la que el ex presidente George W. Bush se inventó unas armas de destrucción masiva que nunca existieron y en la que se equiparó, equivocadamente, al líder iraquí Saddam Hussein con Osama Bin Laden.
Miles de soldados y civiles han muerto en la búsqueda de Osama Bin Laden. Decenas de periodistas han caído en su intento de reportar lo que ocurre en las zonas de guerra.
Mi vida, como la de millones de personas, cambió por culpa de Osama bin Laden. Manejé de Miami a New York luego de los ataques, cubrí las guerras en Afganistán y en Irak, y he pasado una buena parte de mi vida profesional hablando de terrorismo.
Recuerdo perfectamente la caída de la segunda torre en Nueva York. Durante años, pensé en ese momento, estaré obligado como periodista a cubrir esta noticia. Mi hijo Nicolás apenas tenía tres años y me entristeció profundamente que tuviera que vivir en un mundo aterrorizado.
Perdimos todos un poco de ingenuidad por culpa de Bin Laden. La canción de moda en esos días de septiembre del 2001 era “It’s a beautiful day” (Es un día hermoso) del grupo U2 y un famoso académico norteamericano hablaba del “fin de la historia”. Despúes de los ataques terroristas, no hubo días hermosos y la historia apenas comenzaba.
El fin de Osama no es el fin del terrorismo. Pero Estados Unidos, con su poderío militar y extraordinarias capacidades de espionaje, sí envía un claro mensaje a otros terroristas: nadie, ni Osama Bin Laden, se salva. Y ni siquiera un presidente como Obama, que es Premio Nobel de la Paz, se resistió a dar la orden de asesinar a un terrorista como Bin Laden.  Bush prometió capturar a Bin Laden vivo o muerto. Obama lo consiguió y lo consagró con la frase: “Se ha hecho justicia”.
Llevamos una década viviendo con el enemigo. Osama bin Laden viajó con nosotros, comió con nosotros, durmió con nosotros; nos vio llorar, nos preocupó y destrozó literalmente miles de vidas. Hoy, con tristeza y coraje, pienso en todo el tiempo que perdimos por su culpa. Mi vida y la de ustedes, sin la menor duda, hubiera sido otra (y mejor) sin él.
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