Diamantes que vienen del espacio

EFE | Apr 02, 2005 | 12:00 AM

Piedras de la Vía Láctea

Algunos planetas pueden esconder una gruesa capa de diamantes bajo su superficie. Estas joyas del espacio también llegan a la Tierra, con las colisiones de los meteoritos que rocían el suelo con el polvo de piedras preciosas provenientes de estrellas remotas. Así lo revelan las últimas investigaciones astronómicas.
Los antiguos romanos llamaron a nuestra galaxia la "Vía Láctea", debido a la franja blanca formada por infinidad de astros, que forma parte de ella y puede verse atravesando el cielo.
Los científicos han descubierto que esta agrupación estelar tiene forma de espiral y unos 100 mil millones de estrellas, entre ellas nuestro Sol.
Ahora acaba de descubrirse que parte de ese camino de estrellas de unos 100 mil años luz de diámetro, que conforma la llamada Vía Láctea, está pavimentado con piedras preciosas.
Un grupo de astrónomos estadounidenses ha descubierto que algunos planetas de la galaxia pueden esconder un tesoro que desvelaría a muchos en la Tierra: una gruesa capa de diamantes oculta debajo de la superficie.
La mala noticia es que estos "planetas de lujo" están fuera de nuestro el Sistema Solar.
El astrónomo Marc Kuchner, de la Universidad de Princeton, ha explicado que algunos planetas que orbitan alrededor de estrellas de la Vía Láctea pueden tener suficiente carbono como para producir toda una capa de diamante en regiones de su corteza.
Según los expertos, estos cuerpos celestes diamantíferos habrían evolucionado de una forma distinta a la de la Tierra, Marte o Venus, denominados planetas de silicato, ya que en su mayoría están constituidos por compuestos de silicio-oxígeno.
Joyerías en órbita
Según Kuchner, en los planetas que tienen una fuerte presencia de gas con carbono extra, o muy poco oxígeno, se podrían formar algunos componentes de carbono como carburos y grafitos, en lugar de silicatos.
Bajo presiones geológicas elevadas, el grafito condensado podría convertirse en diamante, y formaría capas de varios kilómetros un espesor.
Algunos planetas posiblemente recubiertos de diamante giran alrededor de la estrella pulsar PSR 1257+12, que probablemente se habrían formado por el colapso de una estrella que produjo carbono a medida que envejecía.
Otros posibles planetas de diamante pueden localizarse cerca del centro de la Vía Láctea, donde las estrellas tienen más carbono.

Meteoritos y quilates

Pero las joyas cósmicas no sólo se observan a través de los radiotelescopios y se sitúan a muchos años luz de nosotros; algunos llegan a nuestro planeta "a bordo" de meteoritos que han vagado por el cosmos durante millones de años y que al chocar contra nuestro mundo rocían su superficie con el polvo de diamantes provenientes de estrellas remotas.
Cada vez que un meteorito colisiona con la Tierra, no sólo trae las rocas, hierro y minerales que lo conforman, sino que también siembra un fino y liviano polvo de gemas preciosas: diamantes.
Esa es la conclusión de un estudio de los cráteres terrestres de un grupo de investigadores británicos, que ha revolucionado el conocimiento de la formación de los diamantes y otros minerales, así como de los impactos prehistóricos de objetos cósmicos.
El descubrimiento efectuado por Iain Gilmour y su equipo de la Open University, de Gran Bretaña, también puede contribuir a buscar pruebas del impacto de meteoritos en los estratos geológicos más antiguos, aportando una información clave para reconstruir la dinámica del sistema solar hace millones de años.
Las investigaciones de Gilmour y su grupo se han centrado en las murallas del cráter de Ries, dentro del cual está construida una ciudad medieval, situado en el sur de Alemania, y originado por el impacto de un gran meteorito hace 15 millones de años.
Los científicos británicos querían confirmar la presunta existencia de diamantes microscópicos en numerosos cráteres de meteoritos, así como en la capa geológica que marca en todo el mundo el polvo residual producido por el choque de un gran meteorito contra la superficie terrestre hace 65 millones, el cual habría causado la extinción de los dinosaurios.
El origen de estos diamantes, anunciado en informaciones científicos anteriores, era un enigma. Hasta ahora se creía que estas piedras sólo se forman bajo las temperaturas y presiones descomunales que existen en las profundidades de la Tierra.
Esta explicación se fundamenta en la abundancia de diamantes con calidad de piedra preciosa que son localizados en las rocas volcánicas procedentes del manto terrestre, la zona del planeta situada a 2,900 kilómetros de profundidad bajo nuestros pies, y en rocas sedimentarias deformadas por el calor y la presión.
Pero los impactos de los meteoritos también generan suficiente calor y presión como para convertir el carbono en diamante.
Los diamantes de los cráteres de meteoritos podrían haberse formado de ese modo, aunque muchos podrían haberse constituido antes del choque con la Tierra, debido a los impactos entre los propios asteroides, de los que los meteoritos formaban parte.

Polvo de estrellas

No obstante, hay indicios de que algunos de los diamantes microscópicos de los meteoritos, pueden ser condensaciones de vapor de carbono en las atmósferas de estrellas antiquísimas, que existieron mucho antes de que se formase el Sistema Solar.
Gilmour y sus colegas han descubierto que las rocas del cráter de Ries contienen no sólo diamantes sino también carburo de silicio. Estas dos sustancias aparecen a menudo muy mezcladas, en un fenómeno que no se había observado nunca en la Naturaleza.
Uno de los métodos para fabricar diamantes microscópicos artificiales para uso industrial consiste en hacer que el vapor caliente de carbono cristalice, formando una delgada película de diamante, sobre una superficie fría.
En este proceso denominado  de deposición química se emplean cristales de carburo de silicio.
La presencia en el cráter de Ries de diamante y silicio con cristalización de diamantes interdesarrollados, ha hecho pensar a los investigadores británicos que estas sustancias se formaron en un proceso similar; es decir que el vapor caliente de carbono pudo haberse concentrado como sucede en el proceso de fabricación de diamantes industriales, con similares resultados.
La teoría de Gilmour implica que la presencia del diamante depositado por el vapor es una señal indicadora del impacto de un meteorito, aunque falten otras pruebas de esa colisión.
Así podrían detectarse signos de impactos en rocas muy antiguas, de las que hayan desaparecido los demás rastros debido a la erosión.
Los diamantes son muy duraderos, por lo que su polvo en las rocas más antiguas sería una prueba directa de los primeros y más violentos días de la Tierra, hace unos 4 mil millones de años, cuando era intensamente bombardeada por objetos espaciales.
Los diamantes, una forma de otro elemento, el carbono, son los minerales más duros que se conocen.
La dureza de un mineral depende de la colocación interna de sus átomos; en el caso del diamante, cada átomo está fuertemente enlazado con otros cuatro, formando una estructura muy rígida y compacta.
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