El misterio del manto santo de Turín

EFE | Apr 30, 2004 | 9:15 AM

Una reliquia sagrada

La reliquia más famosa del amplio elenco y muestrario que posee la Iglesia Católica, la Sábana Santa, ha sido siempre motivo de controversias entre entusiastas defensores y detractores declarados de su autenticidad. Recientemente, dos investigadores italianos han hecho un nuevo descubrimiento que, lejos de aclarar su verdadero origen, ha venido a enturbiar más las relaciones entre la ciencia y el clero.
La Sábana Santa, un trozo de lino, con una extensión de 14.42 pies (4.37 metros) de largo y 3.66 pies (1.11 metros) de ancho, ha involucrado durante siglos a científicos y teólogos, en la búsqueda de las huellas dejadas presuntamente por el cuerpo de Cristo, tras su muerte.
Ahora dos investigadores italianos han reabierto la vieja controversia al realizar un nuevo descubrimiento.
Los científicos Giulio Fanti y Roberto Maggiolo, miembros del Departamento de Ingeniería Mecánica de la Universidad de Padua (Italia), aseguran haber encontrado una segunda imagen en la parte de atrás de la tela, en la que se puede apreciar un rostro humano.
Las fotos de un sacerdote
"Se trata de una imagen muy débil, pero en la que se puede distinguir con bastante claridad una nariz, dos ojos, barba, cabellos largos y bigote", aseguraba Fanti.
Según el investigador italiano, después de haber efectuado complejos análisis, se halló que el nivel de correspondencia de ese rostro con el de la imagen frontal era de un 85 por ciento.
El descubrimiento se llevó a cabo a partir de unas fotos de la sábana que fueron tomadas, en el año 2002, por un sacerdote, durante una exposición de la sábana, en la que se mostraba al público el resultado de un proceso de restauración al que había sido sometida.
En esa ocasión, una de las tantas restauraciones por las que ha tenido que pasar, se la despojó de un trozo de tela cosido detrás de la mortaja por unas monjas clarisas con el fin de reforzarla, en el año 1532.
Sobre este material gráfico, Fanti y Maggiolo aplicaron sofisticadas técnicas matemáticas y ópticas como filtros gaussianos o transformadores bidimensionales Fourier, a través de los cuales obtuvieron una segunda imagen de un hombre cuya fisonomía coincide en un altísimo porcentaje con la de la parte superior.
A partir de este sorprendente descubrimiento, el debate se centra en si esta segunda imagen podría suponer la prueba palpable del fraude de la sábana, dado que esta imagen de la parte posterior se podría haber formado al calar en la tela la pintura utilizada por el presunto estafador a la hora de pintar el sudario.
Sin embargo, son los propios descubridores de la segunda imagen los que han hecho una acalorada defensa de la autenticidad de la reliquia.
"Mi opinión es que la Sábana Santa no puede ser una falsificación. Es imposible reproducir todas las características que tiene esa tela. De hecho, el descubrimiento de esta segunda imagen hace aún más difícil la posibilidad de que la Sábana Santa sea un fraude", manifestó Fanti.

Génesis de un misterio

A pesar de ello, Giuseppe Ghiberti, experto de la Comisión Diocesana de Turín que custodia la Sábana niega la existencia de una segunda imagen en el sudario y ataja la cuestión afirmando que esa imagen es un efecto óptico, producido por las manchas de sangre de aquellos puntos más dolientes del cuerpo de Cristo.
"Pero es el ojo humano, por un efecto fisiológico de la visión, el que tiende a ver esa imagen que en realidad no existe", dijo Ghiberti.
El origen de la Sábana Santa se confunde con el entorno de la Iglesia de los primeros siglos, cuando a las puertas de los templos se reunían mercados con todo tipo de reliquias.
Huesos sagrados, pelos de la barba de Noé, santos prepucios, astillas de la cruz de Cristo y todo tipo de material humano, conformaban bazares necrófilos adonde eran atraídos miles de fieles, que pagaban por un trozo de santo para proteger sus casas de las desgracias.
De tal manera fue importante este negocio que las aldeas se convertían en florecientes ciudades y enriquecían a órdenes religiosas y señores feudales de la antigua Europa.
Pero como los santos no podían dar abasto a semejante demanda, dada la limitación de miembros, no faltaban personas sin escrúpulos que convertían cualquier trozo de ser humano en sagrado prodigio, astillaban maderas que se transformaban en "lignum crucis" o pintaban sudarios con los que deslumbrar a los incautos fieles.
La Iglesia propició durante siglos la falsificación de reliquias de tal manera que, en el año 787, un concilio general decretó: "Si a partir de hoy se encuentra a un obispo consagrando un templo sin reliquias sagradas, será depuesto como trasgresor de las tradiciones eclesiásticas".
Pero la Sábana sobre la que en la actualidad se ciernen los más encontrados debates posee su propia historia. Desde el año 1578, el supuesto sudario de Cristo está conservado en la Catedral de Turín adonde llegó procedente de Chambéry, antigua capital del Ducado de Saboya.
Desde la mitad del siglo XIV hay testimonios históricos de la Sábana Santa sin interrupciones.
La reliquia de la discordia apareció en la localidad francesa de Lirey en 1350. Su propietario, el caballero Geoffroy de Charny, nunca aclaró cómo había llegado la pieza de lino a su poder; pero financió la edificación de una iglesia para acoger la reliquia.
Una vez levantada Nuestra Señora de Lirey en 1357, los monjes encargados de la custodia de la Sábana observaron que ésta atraía gran cantidad de peregrinos y, mediante la venta de todo tipo de recuerdos, convirtieron el presunto sudario de Cristo en un gran negocio.
En 1453, Margarita de Charny, descendiente de Geoffroy, cede el Sudario a Ana de Lusignano, esposa del Duque Ludovico de Saboya, quien lo llevará a Chambéry. Después estos nobles siguieron a la familia real cuando se trasladó al Piamonte. Definitivamente fue Humberto II de Saboya, ya en el año 1983, quien la dejó en herencia al Papa.

El origen de la búsqueda

La Sabana Santa comenzó a sorprender en 1898. En ese año, la Casa Real de Saboya, entonces propietaria de la reliquia quiso darle solemnidad religiosa a la boda entre Vittorio Emanuele III y la princesa montenegrina Elena Petrovich-Niegos, que coincidía además con diversos aniversarios de la Iglesia de Turín.
Para festejar este acontecimiento, la Sábana estuvo expuesta alrededor de una semana, en una muestra que pasó a la historia porque en ella se tomó la primera fotografía de la reliquia.
Fue el abogado italiano Secondo Pia quien tomó esas primeras imágenes fotográficas que dieron lugar a las posteriores investigaciones científicas.
Ante los avances realizados en la ciencia gracias a los datos que aportaba la prueba de datación denominada "carbono 14", en el año 1988, tres laboratorios aplicaron esta técnica y certificaron que el tejido de la Sábana Santa pertenecía a la época medieval, lo que contradecía la tradición en torno a su relación directa con la figura de Cristo en el siglo I.
Sin embargo, se adujo que la data medieval de la Sábana Santa podía haberse debido a que las piezas cortadas al lienzo eran la parte más restaurada, como demostraba su peso, casi el doble respecto al resto, al estar formados por hilos de lino más reciente, lo que podía inducir a un elevado error en la datación por radiocarbono de todo el tejido, que aparece más joven de lo que es en realidad.
Debido a las restauraciones que ha sufrido la sábana a lo largo de su historia, la tela está compuesta por distintos linos. Ya en 1200 fue restaurada en Constantinopla, mientras que otra restauración se realizó en 1534, después del grave incendio de Chambery, y otras en los siglos XVII y XIX.
Y mientras la Iglesia sustenta sus razones en base a la fe, la ciencia sigue realizando escarceos con los que acercarse a una razón objetiva.
Pero, ¿cuántas sorpresas más nos tiene preparados ese trozo de lino que fue remendado por unos y otros, restaurado y mimado para mantener vivo el recuerdo de Cristo?.
Quizás algún día podremos saber si realmente fue el sudario de Jesús, de alguna otra persona coetánea o, simplemente, se trata del lienzo que un artista un día decidió manchar.
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