Animales, camuflados por la naturaleza

EFE | Jul 10, 2004 | 12:00 AM

Mutantes para sobrevivir

Las hembras de la mosca empidida cambian su aspecto para parecer más fértiles y aparearse. Los renacuajos del sapo de Mallorca modifican su forma si detectan culebras en su cercanía. El parásito strepsiptera se disfraza de insecto para atacar. Algunos animales no son tan brutos como se piensa.
Los seres mutantes, aquellos que modifican su aspecto o estructura biológica para adaptarse al entorno o determinadas circunstancias, no sólo se aventuran en la gran pantalla, por medio de los personajes de las películas de la serie X-men, capaces de obrar prodigios al metamorfosearse a placer.
La Naturaleza también ofrece ejemplos de organismos que mutan, aunque no son tan espectaculares como los del cine, capaces desde lanzar bolas de fuego, volverse invisibles o atravesar paredes, hasta crear tormentas y campos magnéticos, o sacar garras como cuchillas de sus nudillos, en pocos segundos.
A escala microscópica, los virus del SIDA o la gripe cambian periódicamente su estructura genética y celular, burlando los intentos de los científicos por destruirlos o desactivarlos y haciendo poco menos que inútiles los esfuerzos por encontrar una vacuna contra enfermedades que cambian continuamente.
En el reino animal, los investigadores siguen descubriendo con asombro las cualidades de numerosos seres vivos, capaces de modificarse para afrontar las exigencias de la supervivencia.
Un equipo de investigadores dirigidos por la doctora Natasha LeBas de la Universidad de Saint Andrews, en Escocia, ha estudiado las hembras de una especie de moscas que engañan a los machos de su especie para que se apareen con ellas, cambiando su aspecto para aparecer más fértiles.
Esa metamorfosis no sólo atrae al macho, sino que tiene la ventaja añadida de que el macho suele regalarle a la hembra otra mosca o insecto que ésta puede devorar mientras copula.

Hembras que engañan

Los expertos británicos han descubierto que las hembras de unas moscas del género empidida se adornan doblando sus patas como una especie de plumas alrededor del abdomen, para que parezca como si estuvieran a punto de poner sus huevos.
Este cambio hace que el macho crea que la hembra es más fértil, señalan los investigadores, que creen esta puede ser una forma de incitación al apareamiento inversa a la que se da habitualmente en el mundo animal, pues son los machos los que procuran hacer ostentación de sus cualidades para atraer a las hembras.
La doctora LeBas explica que "en todo el reino animal hay por lo general machos exhibicionistas y hembras que no se preocupan mucho por su aspecto, lo cual ha llevado a los investigadores a no prestar demasiada atención al exhibicionismo de las hembras, porque el de los machos es mucho más visible".
Al parecer, el comportamiento de la mosca empidida surge de su deseo de conseguir un "regalo nupcial" consistente en que, cuando el macho acude a aparearse, lleve en sus patas otra mosca o insecto que ha capturado y que ofrece a la hembra.
La hembra no suele exhibirse ante el macho a no ser que vaya a conseguir con ello algún beneficio, sobre todo nutritivo, y entonces hace un esfuerzo deliberado para conseguir su presa.
Muchas moscas de esta especie han perdido su capacidad de cazar y por eso la investigación escocesa parece indicar que recurren a otras estrategias para conseguir su comida.
Para LeBas "en la conducta de los insectos, no es de esperar que las hembras se exhiban ante los machos a menos que vayan a conseguir alguna ventaja que supere ese esfuerzo. Así, cuando las hembras sacan ventajas directas del apareamiento, pueden engañar a los machos sobre su estado reproductivo".
Además, esta investigación publicada en la revista científica "Proceedings of the Royal Society of London" ha descubierto que los machos no siempre salen perdiendo, porque las hembras que realizan esa exhibición de fertilidad suelen ser más fecundas.

Renacuajos a dieta

Otro interesante fenómeno de metamorfosis se produce entre los renacuajos de las hembras de sapo de Mallorca, una de las especies europeas que corre mayor peligro de extinción.
Investigadores del Instituto DICE de la Universidad de Kent, en Inglaterra, han descubierto que los renacuajos cambian de forma cuando detectan que hay culebras nadando en su cercanía: los que habitan en estanques sin culebras son gordos y cortos, pero si hay serpientes, adoptan una forma más fina y alargada.
En el laboratorio, los expertos han tratado a los renacuajos gordos durante dos semanas con productos químicos similares a los que permiten detectar la presencia de culebras.
Mediante estos ensayos han descubierto, que los futuros sapos mutan y se  convierten en flacos, desarrollando en su cola unos músculos más potentes, los cuales les permiten nadar más rápido para escapar de las culebras, que son sus depredadoras naturales y los atacan.
Actualmente sólo existen unas pequeñas poblaciones aisladas de estos anfibios en gargantas de las montañas del Norte de la isla española de Mallorca, aunque el DICE está cultivando la especie para soltar los renacuajos dentro de un programa de repoblación de esta especie de animales de piel verrugosa y ojos saltones.
Una vez descubierto este recurso de protección denominado "el efecto del gordo y el flaco", emulando a los personajes Laurel y Hardy de la popular serie americana de televisión, los investigadores están intentando descubrir si, después de varios meses de criar los sapos en cautividad en ausencia de culebras, sus renacuajos son capaces de desarrollar la misma estrategia.
Una serie de trabajos mediante el análisis de ADN (código genético) destinados a probar los efectos de la cría en cautividad, ya han demostrado que esos renacuajos presentan casi las mismas mutaciones genéticas que los criados en el medio natural y responden exactamente igual a la presencia de culebras.
Por eso, los expertos creen que este estudio contribuirá de manera decisiva al programa de repoblación del sapo en Mallorca, en el que participan diversos organismos europeos.

El disfraz del parásito

Otro sistema de mutación de aspecto, en este caso se trata más bien de una estrategia de camuflaje, es el que emplea un parásito, la strepsiptera, para disfrazarse del insecto donde se hospeda: se envuelve en un trozo del tejido del insecto-huésped.
Mediante es procedimiento especialmente macabro, el parásito aparece ante el sistema inmunitario del huésped como si fuera "propio", es decir una parte del insecto y en consecuencia no es atacado por su sistema de defensas orgánicas.
Hasta ahora era un misterio por qué el sistema inmunitario del insecto afectado no atacaba al strepsiptera.
A los científicos les extrañaba la gran variedad de insectos a los que atacaba, pero más les intrigó el hecho de que, en una familia, los machos y las hembras atacaban a insectos distintos: los machos a las hormigas y las hembras a los saltamontes, la mantis y los grillos.
La zoóloga Jeyaraney Kathirithamby, de la Universidad de Oxford, y su equipo, han estudiado ejemplares del parásito antes, durante y después de la invasión de un insecto y han observado que las larvas parasitarias penetraban en el huésped "golpeando" repetidamente con su cabeza contra la cutícula del insecto hasta que la rompían.
Una vez dentro del insecto, y sin dejar de moverse, separan la epidermis de la endocutícula y quedan allí encerradas en una especie de bolsa, constituida por tejidos arrancados del propio insecto, que las protege del sistema inmunitario del huésped a medida que se van desplazando hacia su interior.
Al observar en un medio líquido los parásitos extraídos de un insecto infectado, los investigadores británicos descubrieron que absorbían los nutrientes a través de la bolsa protectora, y al analizar el ácido desoxirribonucleico (ADN) del tejido de la bolsa, vieron que era el mismo tejido que el del huésped.
Según Kathirithamby "los parasitoides continúan desarrollando nuevas estrategias para evitar las respuestas inmunitarias de los insectos que atacan. Pero este mecanismo de camuflaje de la strepsiptera no había sido visto en otros microorganismos, por lo que parece ser una característica muy interesante del parásito".
©EFE
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