La sorpresa en una redada

Univision.com* | Nov 04, 2007 | 9:00 AM

Como salidos de la nada

Las tres redadas masivas de indocumentados ejecutadas por el gobierno federal en Greeley (Colorado), Grand Island (Nebraska), en 2006, y New Bedford (Massachussets), en marzo de 2007, tuvieron un mismo patrón: participaron cientos de agentes federales, policías estatales y municipales, patrullas, automóviles de color negro, helicópteros, armas de todo calibre, buses, camiones, gritos, ordenes, y el factor sorpresa.
"La comunidad en general se percató de la redada cuando vio el despliegue de vehículos, autobuses y unidades del ICE en la ciudad", dijo un informe del Consejo Nacional de La Raza (NCLR, el principal grupo hispano de Estados Unidos entregado el miércoles el Washington D.C.. "Esa fue la primera señal de que estaba en proceso un gran operativo del gobierno federal".En Colorado y Nebraska (en plantas procesadoras de carne de Swift &Co.) la Oficina de Aduanas y Control Fronterizo (ICE, agencia encargada de hacer cumplir la ley de inmigración) obtuvo órdenes de allanamiento para buscar "sospechosos de robo de identidad", dijo el informe.En Massachussets, en cambio, (en la compañía fabricante de implementos militares Michael Bianco, Inc.) el gobierno colocó un espía en el lugar de trabajo y actuó en base a lo que éste individuo dijo.El estudio agregó que en los tres sitios el gobierno dio un golpe sorpresivo, las gerencias de las compañías cerraron las instalaciones y convocaron a los trabajadores a reunirse en un punto donde los agentes de ICE los separaron por grupos (por nacionalidad) y a todos se les pidió documentación.El viaje a TexasLas 24 horas siguientes a la redada en New Bedford fueron claves para los detenidos y sus familias. No todos fueron enviados a cárceles en el estado de Massachussets para que permanecieran cerca de sus familias y de sus abogados para eventuales apelaciones a órdenes de deportación activadas el día de los arrestos."A muchos nos enviaron a Puerto Isabel, Texas", dijo la Señora "Q", quien pidió mantener su nombre en reserva. "Estuve nueve días en esa cárcel hasta que me liberaron porque tengo a mi cargo una niña de 17 años que depende de mi".Agregó que el miércoles 7 de marzo "nos sacaron al patio a las 9 a.m. Yo sólo miraba hacia delante, no veía lo que estaba sucediendo atrás mío. Sólo sentía el sonido de las cadenas. De pronto una mujer comenzó a gritar. Decía que tenía una niña de nueve meses y que no podía dejarla sola. Sus gritos no se me olvidan"."Cuando llegó mi hora me pusieron las esposas. Hasta ese instante no me había dado cuenta que yo también estaba ahí. Me pusieron los grilletes, primero en los pies, y me resquebrajé. Me hicieron sentir como una delincuente. Ahí me vine abajo. Empecé a llorar. Le dije al guardia que no me las apretara mucho porque me dolían los tobillos. Traté de subirme el cierre de mi pantalón y no pude. Fue tremendo, muy triste", relató la Señora "Q".

Chalecos antibalas

En la compañía de Michael Bianco, Inc., un contratista del Departamento de Defensa de Estados Unidos, se fabrican chalecos antibalas para el Ejército, bolsas de agua, bolsas para granadas, mochilas y todo tipo de implementos militares."Es una fábrica que ayudó mucho a la gente para vivir, un hombre bueno", dijo la Seora "Q". "No entiendo por qué la redada. Inmigración lleva tiempo tratando de meter preso al señor. En la prisión ofrecieron permisos de trabajo si estábamos dispuestos a denunciar al dueño. Pero el dueño ha sido muy bueno con todos nosotros".Respecto al deterioro de las condiciones de vida en la comunidad de New Bedford después de la redada, la Señora "Q" dijo que "no podemos trabajar a partir de ese día. Estamos en proceso, en espera de una resolución migratoria. Tenemos muchas necesidades, hay mucha pobreza"."Una de mis nueras me ayuda. La iglesia católica también.  Algunos han estado trabajando por lam izquierda, ya sabe, para subsistir, porque las ayudas son muy escasas".Pocos hablaban españolEl estudio de La Raza elaborado por The Urban Institute resalta que hubo informes contradictorios acerca del grado o nivel de armamento utilizado por los agentes del ICE durante las redadas, que no se sabe cuántos de ellos estaban armados, y quienes lo estaban si tenían sus armas preparadas para usarlas en contra de los trabajadores.Existen también informes contradictorios sobre el número de agentes que intervinieron en las redadas y hablaban en español, y pudieran comunicarse de manera efectiva con los trabajadores detenidos."La mayor polémica fue que en los tres sitios había un gran número de guatemaltecos que hablaban poco español y su primera lengua era el dialecto maya", apuntó. "Esto dificultó la comunicación entre el ICE y este grupo".También resaltó que en muchos casos "los trabajadores no llevaban consigo la identificación correcta, documentos de identidad", y que inicialmente "fueron incapaces de demostrar que se trataba de ciudadanos o residentes legales en Estados Unidos" y no de trabajadores indocumentados.

No teléfono, no familia

Las familias y el resto de las comunidades en los tres lugares donde se llevaron a cabo las redadas masivas se dieron cuenta del operativo cuando vieron los centros de trabajo rodeados de patrullas federales, autobuses y policías.En Greenley, grand Island y New Bedford familiares y miembros de la comunidad se reunieron en multitudes fuera de las plantas, exigiendo el cese de los arrestos y que les permitieran comunicarse con los trabajadores."Muchos cónyuges, familiares, abogados, defensores de los inmigrantes, religiosos y otros se presentaron en las plantas para proporcionar documentación a los ciudadanos y los inmigrantes legales, pero el ICE y la policía local impidió los acercamientos por razones de seguridad".Largas horas de angustiaAgrega el documento que en las tres plantas "el ICE tomó varias horas para determinar la situación jurídica de los detenidos durante la redada, así como determinar el uso indebido de números de seguro social por parte de algunos trabajadores".Pese a que hubo informes contradictorios sobre el trato de los agentes a los trabajadores detenidos durante las redadas, en algunos sitios impidieron el uso de teléfonos celulares, quedando los empleados incomunicados de sus familias, sobre todo de sus hijos menores de edad que se encontraban en guarderías y escuelas.La Señora "Q" dijo que durante todo el tiempo que demoró la redada y fueron trasladados a los buses, "no supimos nada de nuestros hijos. Eso le parte el corazón a cualquiera".
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