Inquietud en el mayor cementerio nuclear de América por accidente de Japón

AFP | Mar 27, 2011 | 6:47 PM
RICHLAND, Estados Unidos - Es el mayor cementerio nuclear de toda América: 200 millones de litros de material radioactivo residual de la fabricación de bombas de plutonio. Según las autoridades el lugar es seguro, pero el accidente nuclear japonés reactivó la inquietud de los vecinos de la zona.
Más de 20 años después de su cierre, doce mil personas siguen trabajando todavía en la reserva de Hanford con el único fin de asegurar la limpieza de esta instalación que data de la segunda guerra mundial. De esta fábrica, situada en el estado de Washington (noroeste de Estados Unidos), salió la bomba lanzada sobre Nagasaki en 1945.
Sesenta y cinco años después, este extenso lugar sigue almacenando bajo tierra 177 barriles de hormigón rellenos de material radioactivo. Tom Carpenter, del movimiento ecologista Hanford Challenge, teme el impacto que una catástrofe natural podría tener en esta zona amenazada por los temblores de tierra y en la que también hay instalada una central nuclear en actividad.
Carpenter teme también que grupos terroristas o personas desquiciadas metan mano a los residuos: "Los gobiernos no duran eternamente. ¿Habrá alguien de aquí a cien o mil años que se asegure de que los residuos estén fuera del alcance, de que nadie penetre en el interior de la instalación y de que las aguas no estén contaminadas?"
Hasta los años 1960, Hanford vertía directamente sus residuos en la naturaleza: las autoridades reconocieron haber vertido más de 3,8 millones de litros de residuos radioactivos y que parte de ellos penetraron en la tierra.
Construirán nueva planta para residuo
Tras haberse gastado ya $100,000 millones en limpiar la instalación, las autoridades prevén construir de aquí a 2019, con 11 años de retraso, una nueva planta que vitrificará los residuos a una temperatura de 1.150 grados, antes de almacenarlos eternamente.
"Es como una bomba de efectos retardados. Tarde o temprano sucederá algo", explica Walt Tamosaitis, un ingeniero que trabajó 40 años en la instalación y que según él fue despedido el año pasado por haber manifestado abiertamente sus inquietudes. "Sería terrible si los depósitos reventaran. Jamás tendríamos los medios para pararlo", dijo.
El departamento estadounidense de Energía asegura que las condiciones de seguridad de la instalación están progresando, con trabajos para proteger el Columbia, el río que fluye cerca, y la demolición de dos centrales eléctricas.
"El proyecto está al alcance de la mano, en pleno impulso", explica JD Dowell, un alto funcionario del ministerio. "Se trata de un compromiso nacional".
Pero en período de vacas flacas, los ecologistas temen que la limpieza de la instalación sea víctima de las reducciones presupuestarias debatidas en el Congreso.
"Tenemos miedo de que pierda impulso en el presupuesto de 2012", se alarma Susan Leckband, que dirige el Hanford Advisory Board, un organismo encargado de reunir a los diferentes actores implicados en el asunto.
Sea cual sea la solución será demasiado tarde para Gloria Wise, una habitante de la región que en 2005 recibió una indemnización de 300.000 dólares por su cáncer de tiroides, tras haber demandado a los gigantes de la química Dupont y General Electric, dos grandes operadores de la instalación.
"Estoy segura de que la radioactividad entró en nuestros alimentos", explica Wise, de 67 años, que cultivaba legumbres en su jardín. "Nos daban leche todas las mañanas, cuando yo era pequeña. No se nos contaba lo que estaba aconteciendo".
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