Las violentas imágenes de la 'nota roja'

Univision.com | Oct 06, 2004 | 2:45 PM

La vida o la foto

CIUDAD DE MÉXICO – A diario, Rubelio Fernández toma su cámara fotográfica, la radio para seguir los pasos de la policía y mucho valor, antes de salir a las calles de la insegura Ciudad de México, donde cada día son denunciados más de 400 delitos, en busca de la mejor imagen de un crimen, un accidente o un suceso de la violencia diaria en la urbe. Es un periodista de “nota roja”.
Es un oficio duro, de alto riesgo, sobre el cual dijo que el perfil del fotógrafo de “nota roja es agresivo, porque tiene que abrirse las puertas a golpes. Pero el secreto es llegar a tiempo, aunque en el llegar te va la vida”, cuenta emocionado a Univision Online este periodista que cada mañana, con su orden de trabajo, tiene que preparase para una jornada de violencia y dolor.
A sus 40 años, fuerte y curtido por las tomas duras, este periodista y reportero gráfico mexicano dice a Univision Online que en su oficio “el riesgo es inmediato. El fotógrafo de nota roja tiene que valorar los hechos, valorar la nota, y conocer las rutas para saber por dónde ir (en automóvil, motoneta o transporte público), porque lo que vale son los hechos: un accidente, un siniestro, un asalto”.
Un llamado de emergencia y “tienes que salir corriendo a cubrir los hechos y  corres  el riesgo de chocar o tener algún accidente. Es difícil, porque cuando llegas al lugar estás en medio de las autoridades y de los afectados, y tienes que llegar y tomar la foto”, dice.
Ante este escenario complicado, Fernández reflexiona: “La cámara es agresiva, por eso el fotógrafo tiene que ser valiente y cínico en algunos casos, que sea normal para él llegar y tomar la foto aún cuando está en circunstancias difíciles”.
Rubelio se ha hecho en el trabajo, en el cual suma ya  20 años, ha sido reportero en varios medios y llegó a ser jefe de fotografía en el periódico Metro.
Fue uno de los reporteros de la emblemática ambulancia R-11 de la Cruz Roja, en la cual se cubre todo tipo de sucesos. Su preparación sigue en marcha, actualmente hace reportajes y estudia Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional Autónoma de México, en el sistema abierto.
Cuenta que va a todas las oportunidades, pero hay casos especiales, como cuando investigó sobre la venta de drogas en un barrio de Ciudad Netzahualcóyotl, aledaña a la capital mexicana: “Seguí la pista y supe que los vendedores de droga tenían protección de la Policía Judicial”.
Con una mueca de niño travieso, recuerda: “Fue muy peligroso, pero fui al lugar en varias ocasiones, y una vez se me acercaron unos tipos a preguntarme qué hacía ahí. Les pregunte dónde podía comprar droga y me dijeron que en una casa, la  fotografié, pude acercarme y compré droga para corroborar las sospechas. Me fui, con el riesgo de que me agarraran (atraparan)".

Calles peligrosas

Rubelio Fernández pide su orden de trabajo y afronta la misión, se lanza con la policía o grupos de emergencia a cubrir operativos represivos, motines, en los cuales “los toletazos (golpes con toletes o macanas) le tocan también a los fotógrafos. Eso es lo más peligroso, cuando las fuerzas vivas (el pueblo o grupos de pandilleros) están en movimiento; cuando la gente se enfrenta no se mide (no toma conciencia del  riesgo)”.
Sus años de experiencia en las calles, le permiten decir que “lo más terrible es enfrentarse a la gente enardecida, que acusa a la prensa de vendida, que te acusa de que vas a publicar lo que quieres. Además, las fotografías son evidencia, así que hay veces que no les es muy grato a las personas que les tomes fotos en situaciones de violencia o crimen”.
Sobre el miedo, la adrenalina que recorre su cuerpo ante el peligro, mencionó que hay un periodo de maduración de un fotógrafo de nota policíaca, dos años por lo menos de estar a diario en las calles, “conociendo y fogueándose en las circunstancias, viendo cómo se dan, qué ocurre, y cómo reacciona la gente”.
Hay algunas reglas de oro de Rubelio, como esta: “Nunca tomes una foto que no tengas el valor de publicar”.
Al final la misión cumplida da satisfacciones, pues “al ver las fotos puedes volver a vivir lo que ocurrió. Veo una foto y puedo decirte cuál es mía, cuál tomé yo”, pero es un hecho que –afirmó- “el fotógrafo es discriminado en las redacciones, aunque esto ha cambiado un poco”.
En busca de la “nota roja”, relató: “Los fotógrafos llevan un radio en el cual escuchan las frecuencias de la policía y así saben dónde y cuándo hay una emergencia, un accidente o un tiroteo”.
Porque, en todo caso, hay que ganar el mejor lugar y es que se trata de “una trinchera. Los fotógrafos pelean por el espacio en los periódicos, porque les publiquen su trabajo”.
Pero el peligro es su compañero habitual, recordó que en una ocasión “me descalabraron, fui herido y no supe quién me pegó, ni por dónde me llegó el golpe, pero estaba la madriza (golpiza) y seguí tomando fotos, cambié el rollo un par de veces hasta que terminó la bronca... Se necesita valor, ser audaz y osado, aunque eso no te hace mejor persona. Tienes que conservar la cabeza fría, porque la foto tiene que decir todo”.
En ocasiones llega el temor, como cuando “investigué el caso de una casa de seguridad de Sendero Luminoso. La casa estaba en la colonia Narvarte, y un día unos (policías) judiciales me agarraron, y caer en manos de los judiciales es lo peor que te puede pasar. Como uno me conocía, les dijo a los otros que me soltaran. Luego me aventé (atreví) a tomar unas fotos. y vámonos (me fui). En esos casos, cuando te agarran pueden fabricar evidencia en tu contra, y ahí pues ya te atoraron (atraparon)”.

Fotografía personal

Rubelio Fernández ha tenido una vida de película, empezó en el periódico La Prensa: “llegué pensando en mover rollos, barrer, o en servicios generales, no sabía que iba a hacer. Una persona de administración me preguntó si tenía cámara, le dije que sí…. A los ocho días me publicaron mi primera portada, contraportada de unos carteristas a los que había cachado (atrapado) la policía”.
Entonces tenía 20 años, después pasó al diario El Valle, cubriendo policía. Más tarde trabajó en Reforma y El Independiente. Siempre anda en moto, porque “es un vehículo de penetración, puedes llegar a dónde sea en menos tiempo que en auto, y porque es precioso manejar una moto”.
Este hombre se da tiempo para salir y tomar fotografías de riesgo, estudiar una carrera universitaria en el sistema abierto y cumplir como padre. Separado de su esposa, cuenta que tiene dos hijos: una niña de 11 años y un niño de seis, que “vive conmigo desde hace tres años”.
La carrera y la vida han sido muy difíciles, reflexionó: “Pero me siento satisfecho, porque aunque no tengo mucho dinero, mis compañeros han reconocido mi trabajo, el que yo voy más allá de la simple nota. He evolucionado mucho a lo largo de los años, de tomar fotografías y luego en mi forma de hacer reportajes, y actualmente escribo en El Universal”.
Con orgullo dijo que “siempre he sido honesto, y eso no da mucho dinero, pero bueno así están las cosas en México”. Y es que, aseguró que en la “fuente policíaca es la fuente más propicia para que te den dinero. Los policías están metidos en problemas de narcotráfico, de secuestro, de robo de autos, lo cual les da un gran potencial económico y de corrupción”.
En fin, que para Rubelio Fernández está claro que su vida es la de ser reportero en la Ciudad de México, que aun cuando “es muy peligroso es muy dignificante, porque no cualquiera puede ser reportero en un mundo tan difícil”.
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