Los "liquidadores" de Fukushima, nuevos héroes en Japón

AFP | Mar 18, 2011 | 3:12 PM

Balance del terremoto y posterior tsunami sigue creciendo

TOKIO - La cincuentena de trabajadores que se quedaron en las instalaciones de la central de Fukushima para enfriar los reactores dañados y el material irradiado son los nuevos héroes de Japón, los hombres dispuestos a sacrificar sus vidas por salvar a la nación.
En un medio contaminado por las radiaciones, esos empleados de la compañía Tokyo Electric Power (TEPCO) intentan hacer las veces de los sistemas de enfriamiento y alimentación eléctrica de la central, que fallaron.
Estos graves fallos han ocasionado ya la fusión parcial de tres de los reactores de la central y la exposición de las barras de combustible, que también amenazan con entrar en fusión, pero al aire libre, y liberar en la atmósfera cantidades considerables de elementos radioactivos.
No dan paso atrás
Estos últimos trabajadores presentes en la central, tras el sismo y el tsunami del viernes pasado, fueron evacuados momentáneamente el miércoles, cuando el nivel de la radioactividad subió en forma alarmante.
"Esa gente que trabaja en las centrales se bate sin retroceder", comentó Michiko Otsuki, una empleada de la central Fukushima 2, situada a 12 km de Fukushima 1, donde están los reactores dañados.
"Sólo puedo rezar por la seguridad de todos ellos… No olviden que trabajan para protegernos a cada uno de nosotros a cambio de sus propias vidas", escribió Michiko en la red social japonesa Mixi.
El primer ministro Naoto Kan también elogió, por su parte, los esfuerzos y el coraje de estos trabajadores.
"En TEPCO y en las empresas asociadas, ellos se esfuerzan en estos momentos por verter agua, están haciendo todo lo posible sin pensar siquiera en el peligro", dijo Kan.
Sobran voluntarios
Cuando TEPCO buscó 20 trabajadores más para participar en las operaciones, recibió varias candidaturas de empleados que habían sido evacuados al inicio de la crisis, según la agencia Jiji.
Entre ellas figuraba la de un hombre de 59 años que estaba a año y medio de jubilarse, anunció su hija en un mensaje enviado al sitio Prayforjapan.jp, conectado con Twitter tras la catástrofe.
"No pude impedirme de llorar cuando me enteré que mi padre iba a ser enviado mañana (...) En la casa, mi padre parece un tanto desbordado, pero nunca he estado tan orgullosa de él", señala.
Según David Brenner, director del centro de investigación radiológica de Columbia Service, los trabajadores de Fukushima 1 están expuestos a un "riesgo significativo" dados los altos niveles de radiactividad que se ha medido en el lugar.
"Ellos ya son héroes... Van a soportar exposiciones muy elevadas a la radiación", dijo Brenner a la BBC.
Orgullo nacional
El martes, un nivel de radiactividad de 400 millisieverts por hora fue observada cerca del reactor 3. Si una persona permanece una hora en ese lugar recibirá una dosis de radiación ionizante 20 veces mayor que el permitido a los trabajadores del sector nuclear en Francia.
La gratitud hacia los "liquidadores" japoneses, que recuerda la que suscitaron los hombres que se batieron en Chernobyl, Ucrania, hace 25 años, no impide las críticas a la forma como han organizado las operaciones en el lugar tanto TEPCO como la Agencia de Seguridad Nuclear nipona.
Ha habido críticas incluso del Ministerio de Defensa japonés, luego que soldados involucrados en las operaciones resultaran heridos y tal vez expuestos a la radiación cuando una explosión voló parte del edificio exterior del reactor 3, indica el diario Yomiuri.
Confianza ciega
El operador y la agencia de seguridad "nos dijeron que no era peligroso, les creímos y trabajamos allí", dijo un alto responsable al cotidiano.
"Sabemos lo que hay que hacer para protegernos de las radiaciones, pero no somos especialistas en reactores nucleares", añadió.
"Cuando nos dicen que es seguro, simplemente confiamos en ellos, incluso si ello nos hacía sentirnos algo incómodos", explicó
Baku Nishio, del Centro de Información Ciudadana sobre Energía Nuclear, opuesto a la energía atómica, estimó por su lado que el último batallón de trabajadores que sigue en el lugar probablemente está animado más por "un sentido del deber que por algún sentimiento de heroísmo".
Según este militante, "es un problema grave que el destino del país esté en manos de un pequeño grupo de trabajadores como último recurso".
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