Un refugio al centro de México ha recibido 23 mil centroamericanos en dos años

AFP | Jan 20, 2011 | 12:12 PM

La Casa del Migrante

TULTITLAN, México - El rugir del tren resuena en la iglesia de Tultitlán, un suburbio cerca de la capital mexicana, donde un centenar de centroamericanos celebra con una misa los dos años de un refugio por el que han pasado más 23 mil migrantes camino a un "sueño americano" convertido en pesadilla.
Alma Henríquez, una hondureña de 20 años de edad, embarazada de cuatro meses y que sostiene en brazos a su hija de dos años, participa de la misa con actitud desolada. Ella no busca subir al tren que la lleva hacia la frontera con Estados Unidos, lo que desea es regresar a su país.
La hondureña llegó hace unos días a la Casa del Migrante, uno de los más de 50 refugios de una red de la iglesia católica que da asilo a inmigrantes indocumentados, erigido hace dos años a unos pasos de la vía del tren que conduce hacia Estados Unidos.
"Yo iba para Estados Unidos cuando llegué hace cuatro años, pero no pude y me quedé. Estuve trabajando aquí, limpiando casas, pero me volví a embarazar y ahora me quiero ir, pero no me dejan. Ya me entregué a migración, pero no me dejan ir porque mi hija nació aquí, pero tampoco me regularizan", explica Alma.
Un caso excepcional
La joven había pensado inicialmente subir al tren, aunque con dirección al sur, pero el malestar por el embarazo la obliga a permanecer prácticamente todo el día en cama. De manera excepcional, el refugio le ha permitido prolongar su estancia, que de manera habitual no supera las 48 horas.
"Aquí les damos alimento, ropa y refugio, pero tenemos reglas: la estancia es de dos días, no pueden salir del albergue, no son recibidos en estado de ebriedad, tienen derecho a una llamada a Estados Unidos y hacemos un registro de ellos, con fotografía", explica Alejandra Contreras, voluntaria del albergue.
Las autoridades mexicanas estiman que cada año casi medio millón de personas intentan cruzar México para llegar a Estados Unidos, aunque muchos son víctimas de asaltos o secuestros.
La estatal Comisión Nacional de Derechos Humanos estima que unos 20 mil indocumentados son plagiados cada año para pedir rescate a sus familiares.
A lo largo de dos años, la Casa del Migrante de Tultitlán ha recibido según sus responsables a 23 mil migrantes, la inmensa mayoría provienen de los países centroamericanos, en un esfuerzo iniciado por Guadalupe Calzada, quien antes se dedicaba a distribuir alimentos a los inmigrantes que pululan en las vías del tren.
Ayuda y protección
"El refugio surgió no sólo por la necesidad de ayudar a los migrantes, sino también para protegerlos porque aquí en Tultitlán, como en muchas otras partes de México, son asaltados, extorsionados por las autoridades, secuestrados", explica Contreras.
Durante 2010, "fuimos víctimas de agresiones. El 2 julio unos hombres armados, eran como 10, allanaron el refugio y se quisieron llevar a 20 inmigrantes que estaban en ese momento. Y el 2 de diciembre secuestraron a un hondureño, lo subieron a un coche y no sabemos nada de él", comenta Contreras.
El miércoles había más de un cententar de centroamericanos, la mayoría hondureños y salvadoreños, en el refugio, que sólo cuenta con 30 camas literas "pero que nunca cierra sus puertas" a los inmigrantes, que en ocasiones tienen que dormir y comer en el suelo sobre colchonetas.
"Estos días empiezan a aumentar el número de inmigrantes que llegan y así sigue durante toda la primavera. En agosto del año pasado, luego de la matanza en Tamaulipas (noreste)" de 72 inmigrantes, añade Contreras al referirse a la masacre atgribuida al cartel de las drogas de los Zetas.
Además de brindar refugio a los inmigrantes, los voluntarios que trabajan en el lugar "los alertamos de los peligros que corren al tratar de llegar a Estados Unidos, de las precauciones que tienen que tomar, de los secuestros que sufren los inmigrantes, como pasó con el grupo de 50 en diciembre pasado", añade de su lado Calzada.
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