Los condones del Papa Benedicto

Univision.com | Nov 29, 2010 | 11:44 AM

'Una solución real o moral'

No conozco a ninguna persona que al ponerse un condón se haya detenido, de pronto y a mitad de camino, a pensar qué diría al respecto el Papa Benedicto XVI. Ni una. Pero cómo líder de más de mil millones de feligreses, lo que diga el Papa sí puede influir en que más personas usen condones para evitar infecciones, embarazos no deseados y hasta la muerte por sida.
La postura oficial de la iglesia católica es prohibir el uso de condones. Va en contra de la naturaleza humana, aseguran. Por eso llamaron tanto la atención las declaraciones de Benedicto XVI sobre los condones en una rara entrevista para un libro del periodista alemán Peter Seewald.
El Papa dijo que los condones no son “una solución real o moral” al problema de la epidemia del virus del sida en el mundo. Sin embargo, luego aclaró que “en el caso de algunos individuos, como cuando un prostituto usa un condón, ese puede ser el primer paso en la dirección de la moralidad y de asumir responsabilidad”.
Lo que dijo Benedicto XVI no tiene precedente. Por eso activistas que luchan contra el sida brincaron de gusto al escuchar sus comentarios. Miles de vidas podrían salvarse en lugares como Africa y América Latina si se promoviera el uso de condones. Pero la alegría duró poco.
Poco después que salieron los comentarios del Papa, su portavoz en el Vaticano, Federico Lombardi, le puso freno a los que creían que esto era un cambio radical en las enseñanzas de la iglesia. Lombardi dijo que los comentarios del Papa eran “coloquiales”, que no formaban parte de ninguna encíclica, y que no constituían “un cambio revolucionario”.
Sobra decir que en este incidente el Vaticano ha actuado con la misma confusión e inseguridad que un adolescente durante su primera experiencia sexual. Esta es la primera vez que yo recuerde en que el vocero del Vaticano sale a corregir en público al mismo Papa.
Lo más absurdo de la postura de la iglesia católica en contra de los condones es que está basada en una encíclica escrita por el Papa Pablo VI en 1968 (Humanae Vitae) mucho antes de que apareciera en el mundo la epidemia del sida.
Este es el mejor ejemplo de una iglesia que no se adapta a los nuevos tiempos y a las necesidades de sus seguidores. Prohibir el uso de condones en la época del sida es promover la muerte. Así de sencillo y así de dramático.
Otro ejemplo del desfase de la iglesia y que también vale la pena mencionar es la retrógrada práctica de prohibir que las mujeres puedan convertirse en sacerdotes. Es, en efecto, un caso de discriminación dentro de la misma iglesia.
Una religión que promueve que todos somos iguales no debería tratar como inferior a la mitad de la humanidad. Se trata de una arcaica y machista costumbre del grupito de hombres que ha dirigido los destinos de la iglesia durante siglos.
A pesar de todo lo anterior, veo dos cosas con buenos ojos. La primera es que, independientemente de la corrección pública a Benedicto XVI, el simple hecho de hacer esa declaración sobre los condones abre el tema a discusión. Usar o no un condón es la decisión exclusiva de una pareja en su cama, no del Papa en el Vaticano. Este debate debería culminar, eventualmente, con el levantamiento de la prohibición a usar condones entre católicos.
El segundo punto positivo de toda esta controversia es que, rompiendo una vieja y arrogante estrategia de comunicación, Benedicto XVI aceptó ser entrevistado durante seis días por el periodista Seewald. No sé si le dieron al Papa las preguntas por adelantado y desconozco los detalles de los encuentros. Pero espero que esta sea la primera de muchas entrevistas.
Urge preguntarle a Benedicto XVI sobre cuál fue su papel en el encubrimiento de tres sacerdotes pedófilos: el alemán Peter Hullerman, el norteamericano Lawrence Murphy y el mexicano Marcial Maciel. Se trata de tres criminales y el Papa debe ser solidario con sus víctimas, no con ellos.
Estoy muy lejos de creer que estamos ante una nueva era de apertura y honestidad dentro del liderazgo de la iglesia católica. Pero cuando un Papa abre la puerta, aunque sea un poquito, nos toca al resto de nosotros empujar y empujar hasta ver qué hay del otro lado.
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