La geopolítica del narcotráfico

Univision.com | Jul 14, 2014 | 2:34 PM
Por José Marulanda, analista internacional y especialista en seguridad y narcotráfico
“El manejo del problema es hoy más político que nunca”
El tráfico de cocaína ha devenido de sangriento negocio de algunos clanes colombianos a principal amenaza para todos los Estados latinoamericanos. No hay ningún gobierno de la región que no esté afectado en mayor o menor grado por este quehacer que a diferencia de la insurgencia de los 60, corroe insidioso la estructura institucional de los países y asalta el poder desde adentro, infiltrándolo y penetrándolo por los cuatro costados.
Es una multinacional exitosa y según el Comandante del Comando Sur de EEUU más eficiente que  “Fedex”. Genera miles de estudios, análisis, perspectivas, recomendaciones, declaraciones, alianzas, planes. También empleos, dólares y muertos, por supuesto. 
Desafortunadamente los muertos los ponemos los latinoamericanos quienes, pobres de toda la vida e infantiles políticos de siempre, nos quedamos con un 30% de las ganancia del negocio mientras el 70%  entra lavado a las economías de los Estados Unidos y Europa con la gestión de reconocidos bancos.
Es tan importante el flujo de esos 320 mil millones de dólares al año que produce el crimen organizado de las drogas -equivalente al 1.5% del PIB global y al 7% de las exportaciones mundiales-  que Inglaterra, Italia y España, cumpliendo reglas económicas de la Unión Europea, oficializaron este recurso como parte integral de su PIB, junto con la prostitución y la piratería. En España, el PIB subiría un 3%  y en Italia cerca de un 10% al incluir estos mismo renglones en sus cuentas.
“La cocaína es la respuesta universal a la necesidad de liquidez. La economía de la coca crece desmesuradamente y llega a todas partes”, dice el escritor Roberto Saviano.
Es una red comercial y financiera globalizada que vincula al campesinado menesteroso de las fronteras de Colombia, Perú, Bolivia y Ecuador con los carteles mexicanos y con la N’drangheta y la Camorra italianas.
Un reciente informe de la ONU, que contabiliza las hectáreas sembradas de coca en Colombia, Perú y Bolivia, productores del 99% de la cocaína que se consume en el mundo, anuncia una tendencia a la reducción en los cultivos mas no aclara muchos aspectos. Estima una producción de 5.7 kilos por hectárea, cuando en realidad debería hablar de producción por cosecha pues si bien la ONU presupone tres cosechas al año, sin poderlo verificar, hoy en día se pueden producir cuatro y hasta seis cosechas al año en la misma hectárea. Antes, se obtenía un kilo de cocaína con unos 350 kilogramos de hoja. Hoy, ese mismo kilo de cocaína se puede obtener con 250 o 200 kilos de hoja. Es claro que un negocio tan rico dispone de avances tecnológicos.
William Bronwfield, secretario de Estado Adjunto para Asuntos Internacionales de Narcóticos, declaró que ha habido un incremento del 320% del contrabando de cocaína procedente de Colombia y Venezuela, con 90 - 100 toneladas trasegadas por el mar Caribe.
Los jefes militares norteamericanos se quejan de la falta de recursos para combatir lo que se considera una amenaza contra la seguridad de los Estados Unidos dado el contacto de los carteles del narcotráfico con grupos islamistas extremistas como Hezbolah y la reciente advertencia de Dick Cheney de un  atentado por venir, peor que el del 11 de septiembre.
El escenario es complejo: la demanda se mantiene estable en EEUU y en Brasil, el segundo consumidor mundial; sigue aumentando en Italia, Francia España e Inglaterra; está al alza en Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza y se están abriendo a nuevos mercados en Medio Oriente y el sudeste asiático.
El consumo en Latinoamérica está subiendo también. Sierra Leona, Guinea, Liberia, Cabo Verde y Senegal en África están ahora en las nuevas rutas del negocio. Un "servicio postal" eficaz, eficiente, que cada hora amplía su portafolio con todo tipo de crimen redituable: minería ilegal, tráfico de personas, prostitución, movimiento de armas, secuestro, extorsión, piratería y una amplia variedad de negocios lícitos: agricultura, gastronomía, hotelería, ropa, fútbol, seguridad privada, bienes raíces, venta de autos, disqueras, electrodomésticos, gimnasios, etc. Hasta la “red oscura” de internet y el bitcoin se están utilizando en el comercio de drogas sintéticas.
Según la Unidad de Información y Análisis Financiero (UIAF) de Colombia, este ilícito podría generar en el 2014  el 2,5% del PIB del país, unos 90 mil millones de dólares que se lavan principalmente en el contrabando de licores y cigarrillos. De esa cantidad, el 70% entrarían a los costales y canecas plásticas de los terroristas de las FARC que lo lavaría especialmente en Ecuador y Panamá con miras a financiar sus futuras campañas políticas en un posible post-conflicto. Sendero Luminoso en el Perú y el Ejercito Paraguayo del Pueblo también están estrechamente ligados al trasiego de estas substancias. Son insurgencias modelo 60 con motor capitalista 2014.
Aplicando la doctrina leninista (Segunda  Internacional de 1914) de la combinación de todas las formas de lucha, las FARC acordaron en su Octava Conferencia (1966) utilizar el narcotráfico para sus objetivos político-militares. No previeron que al ingresar a este negocio típico del capitalismo salvaje, corromperían sus bases ideológicas y de disciplina y se convertirían en la segunda organización mundial de tráfico de drogas, según el ya citado Brownfield, vinculada con Los Zetas, el cartel de Sinaloa, los Caballeros Templarios, la N’Drangheta y la Camorra italianas, la Yakuza japonesa y la Bratva rusa. Hoy, 50 de sus cabecillas tienen cargos criminales en EEUU por su responsabilidad en el ingreso del del 60% de la cocaína que consumen los norteamericanos.
Las FARC son mencionadas por las autoridades bolivianas como parte de las bandas que mueven tanto la producción como el tráfico del estupefaciente en Santa Cruz y los Yungas. En Ecuador, pasean libremente los del Cartel 48 y 29 en Sucumbíos, Carchi y Esmeraldas. En Venezuela, terroristas de los carteles 10 y 33 re refugian en Apure, Táchira y Zulia. El trasiego del Cartel 57 es permanente en el Darién colombo panameño. En la provincia fronteriza de Loreto, Perú, y en la de Amazonas en Brasil, los avistamientos de miembros de las FARC dedicados al negocio son frecuentes.
Las fronteras, cada días mas permeables y desreguladas gracias a acuerdos comerciales entre países, son uno de los principales obstáculos para combatir las organización criminales como las FARC.
Putumayo-Sucumbíos, Arauca-Apure, Catatumbo-Zulia, sempiternos escenarios caracterizados el abandono estatal, petróleo, coca y terroristas, se han convertido en los principales focos de la producción y comercialización de cocaína colombiana.
Otras fronteras como la argentina-boliviana en donde según fuentes hay cerca de 1400 mil pistas clandestinas y 2100 familias colombianas dedicadas al negocio, la boliviano-paraguaya-brasileña, la peruano-ecuatoriana, la chileno-peruano-boliviana también se agitan con este negocio que se ha venido aposentando en las elites políticas y económicas de toda la región.
Alta corrupción, desinterés ciudadano por un oficio que sostiene económicamente a miles de pobres  y de jóvenes desempleados, la rampante impunidad de la región que llega al 95%, la falta de coordinación internacional como no sea dirigida y financiada por el tío Sam y la militarización de un asunto típico policial, han convertido al narcotráfico en un pivote de la geopolitica latinoamericana en donde las farc tienen un papel protagónico.
De la doctrina de seguridad nacional, contrainsurgente, se ha pasado a propuestas de seguridad ciudadana y de combate al crimen transnacional, llevando a los ejércitos de la región una ambigua transición desde sus roles tradicionales a una poco clara misión. La tecnología también juega un papel importante en esta dinámica. Drones del tipo Predator, Reaper y Global Hawk, se utilizan en la República Dominicana para prevenir los vuelos ilegales procedentes de Venezuela con mercancía colombiana de las FARC y el ELN, entre otros propietarios, mientras el Cartel de Sinaloa utiliza otro tipo de aviones no tripulados para pasar la cocaína de México a EEUU, sin dejar de utilizar los túneles, la catapulta, las prótesis mamarias y los ultralivianos. Un promedio de cuatro diarios de estos últimos, cruzan la frontera para entregar la mercancía.
El manejo del problema es hoy más político que nunca. Las estadísticas no son fiables. Los centros de poder, desde Washington hasta Buenos Aires entienden que esta “guerra” genera, además de poderosos flujos económicos subterráneos, virajes políticos en el manejo de presupuestos, de intereses sectoriales y de emociones populares. Estados Unidos apunta su dedo acusador a altos rangos militares venezolanos. Generales y funcionarios bolivianos son vinculados con el negocio. En Perú, acusan a un ex presidente de haber perdonado a miles de narcotraficantes condenados. Y con los diálogos en La Habana, el gobierno colombiano está oficializando la dinámica política del narcotráfico en el país. Para no mencionar a Brasil ni a México.
Por lo demás, toda una cultura consumista al mejor estilo capitalista occidental (telenovelas, películas, literatura, canciones, redes sociales, YouTube, arquitectura, moda) está en boga y continuará así hasta que la cocaína pase, como la marihuana en su momento, a un segundo lugar y se legalice o emerja una amenaza peor que ya se ve en el horizonte: las drogas de diseño, las metanfetaminas, a las que ya le están apuntando el crimen organizado. Al final, ¿Quién llorara los muertos de la Guerra de la Cocaína?
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