El éxodo de niños tiene miles de razones que ponen en aprietos al gobierno de Barack Obama

Univision.com | Jun 26, 2014 | 7:09 AM

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Hondureña cuenta cómo rumores sobre facilidades migratorias hicieron a su esposo e hija dejar el país.

La crisis humanitaria en la frontera sur de Estados Unidos, lejos de amainar, amenaza con volverse endémica.

Por Jorge Cancino
“A los hombres los desnudaban pero a nosotras, las mujeres con niños, nos dejaban tranquilas.”
Nadie sabe cómo comenzó el éxodo de niños solos indocumentados a Estados Unidos. El gobierno de Barack Obama reconoce que, hasta ahora, ha detenido a 47,000 en lo que va del año fiscal 2014 pero hay quienes pronostican que la cifra sobrepasará los 90 mil el 30 de septiembre. Hay quizás 47 mil razones que contar. UnivisionNoticias.com conoció una que explica la odisea de una mujer y dos niños, uno de siete u otro de 12, que sufre problemas médicos.
Isabel no se llama Isabel. Pidió ocultar su nombre por miedo, “porque me vine de mi país por amenazas de muerte”, cuenta mientras observa a su hijo, que juega en el balcón del apartamento donde vive, en el sur de Florida. “El otro está en Maryland. Su mamá fue a buscarlo porque a mi me lo quitaron en la frontera”.
El mismo día que salió de Honduras “por la mañana balearon mi casa. Fui a la escuela de mi niño y nos vinimos al norte”, cuenta. “Aquí tengo otros miedos, pero estoy viva”.
Tardó casi dos semanas en llegar a la frontera del suroeste de Estados Unidos. “Me vine en bus hasta Guatemala, con mi pequeño y mi sobrino. En la frontera de mi país no tuve dificultad para cruzar. Pagué la cuota y seguimos viaje”.
“En Honduras hay muchos coyotes que por $6,000 lo traen a uno hasta acá. Y están diciendo que hay que entrar antes del 30 de julio para que le den papeles. Pero yo no me vine por eso. A mi me amenazaron de muerte”, aseguró.
Cuenta que se gastó unos $3,000 “pero dormimos en hoteles y comimos bien”. Una vez cruzaron hacia Esquipulas, el viaje continuó hasta la Ciudad de Guatemala y luego a Tapachula, fronterizo con Chiapas, México, distante unos 497 kilómetros.

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Luego de años viviendo uno en EEUU y otro en Honduras, una mujer indocumentada se reencontró con su hijo.

Tierra de narcos
“En México no fue fácil”, dice. Narra que en el camino fue conociendo a otros inmigrantes que, como ellos, también “venían a entregarse” a la frontera de Texas. “Todos lo sabían. Había que hacerlo antes de 30 de julio y que nos iban a dejar entrar con papeles”, dice. “La mayoría éramos mujeres con niños. Casi todas venían con coyote pero yo me pagaba el transporte con mi dinero”.
El hijo de Isabel juega con un canario en una jaula en el suelo del balcón del quinto piso. Escucha el relato de su madre, en silencio, sin perderla de vista. “Nosotros dormimos en hoteles”, reitera Isabel. “Pero otros que uno va viendo por el camino da pena, da tristeza. Algunos caminan mucho porque no tienen dinero para el viaje. Pagan la cuota a los coyotes y se vienen, así no más. Pasan penurias. Los coyotes cobran y entregan el dinero, pero si no traen extra para el camino, la pasan muy mal. Comen poco y duermen a la intemperie o donde pueden".
Dice que camino al norte “a cada poco, en la carretera, paraban los buses y subían hombres armados con "shores" (pantalonetas) y ametralladoras. Preguntaban dónde estaba el coyote. A los hombres los desnudaban pero a nosotras, las mujeres con niños, nos dejaban tranquilas. Pero igual nos pedían una mordida para seguir el viaje".
Llegando a Reynosa, Tamaulipas, “las cosas fueron un poco más delicadas. Ahí están los del (cartel del) Golfo y Los Zetas. Uno a otro se entregan los paquetes. Como yo no iba con coyote, seguí mi viaje con mis niños. De alguna manera nos ayudábamos, las mamás con nuestros hijos. Uno escucha historias en el camino, difíciles", dice y se le llenan los ojos de lágrimas. “Difíciles”, repite y calla.

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Líderes de Texas culpan al gobierno federal por esta crisis humanitaria. Indocumentados le dan las gracias.

El cruce
Luego de una pausa, prosigue. "Cuando llegué a la frontera tuve que conseguir un coyote para que me cruzara con los niños. Me cobró $200 por cabeza. Pero me dijo que tenía que quitarme todo lo que tuviera de metal, porque los gringos habían puesto unos sonares en el fondo del río y así detectaban a los ilegales. Así que le entregamos todo, pulseras, anillos, aretes, dinero, todo. Cruzamos con lo puesto".
"Nos subieron a unas como balsas de goma (llantas) y cruzamos el río, casi de madrugada. Éramos muchos, balsas de 80, de 130 personas, por oleadas. La mayoría niños, muchos niños y algunos solitos. Cuando cruzamos, cosa de cinco minutos, los coyotes nos dijeron: Váyanse por el camino de la derecha y no se detengan. Caminen por ahí derechito".
Era la madrugada del 29 de mayo. "Así lo hicimos. Cuando llegamos al otro lado comenzamos a caminar hacia la derecha. Pero de pronto apareció un helicóptero y nos dijo que ese era el camino equivocado, que caminásemos hacia la izquierda. Las gentes, las mujeres, se asustaron y todos comenzamos a correr. La mayoría siguió hacia la derecha pero yo tomé a mis niños y le hice caso al helicóptero".
"Dios mío, dije, y me puse en las manos de Dios. El resto de las mujeres con sus niños me siguieron y caminamos como dos horas, hasta que llegamos a una carretera de cemento. Ahí nos estaban esperando”, dijo Isabel. "Todas las que cruzamos esa madrugada éramos mujeres con niños. No había hombres. Los coyotes no toman hombres, solo mujeres. No sé por qué. Después supe que por la derecha nos estaban esperando otros coyotes para secuestrarnos y pedirle dinero a nuestras familias aquí en Estados Unidos”.
Le pregunté como lo supo. Isabel respondió: “Lo dijeron unas mujeres que conocí en el centro de detención de Brownsville. Una de ellas estuvo como un mes secuestrada, en una bodega, hasta que la familia pagó y la soltaron para que la detuvieran. Yo me pregunto cómo sabía el helicóptero que no fuésemos por la derecha y nos hicieron ir por el otro lado".

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¿Cómo y cuándo explotó la crisis en la frontera? Las cifras que develan el drama de los niños migrantes.

El trámite
En el 2012 una de las hermanas de Isabel contactó en San Pedro Sula a un tramitador de visas. “Quería viajar a Estados Unidos para ver a mi otra hermana”, dijo.
El gestor era Dagoberto Nájera. “Cobró $6,000 y se encargó de todo. Mi hermana fue a la entrevista a la Embajada de Estados Unidos, en Tegucigalpa, y le fueron el pasaporte y la visa. Ese año viajó dos veces”, relató.
En abril de 2013 la hermana de Isabel planeó un tercer viaje pero cuando tramitaba los boletos le indicaron que su visa no era válida. A los pocos días fue arrestada.
Isabel dice que antes del arresto de su hermana la policía detuvo a Nájera, y que entre los documentos que le fueron hallados en su oficina apareció documentación a nombre de su hermana, entre ellos certificado de nacimiento, cuentas bancarias, propiedades y certificados de matrimonio. “Pero todo eso era falso”, asegura.
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El gobierno de Washington confirmó el domingo que en lo que va del año fiscal 2014 ha detenido a 47 mil niños indocumentados en la frontera sur, la mayoría de ellos centroamericanos.

El gestor
Un reporte del diario Tiempo de Tegucigalpa señala que Nájera, de 63 años, fue detenido el 23 de abril de 2013 bajo cargos de supuesta falsificación de documentos para obtener visas estadounidenses, y que al menos 35 menores pudieron ingresar a Estados Unidos con esos permisos.
Junto a Nájera, dijo el periódico, fue detenida Miriam Rodríguez Tábora, de 57 años. Ambos venían siendo investigados desde hace más de un año por agentes de la Dirección Nacional de Investigación Criminal (DNIC) y el Grupo de Operaciones Especiales Tácticas de la Secretaría de Seguridad de Tegucigalpa, unidad que cuenta con el apoyo de la Embajada de Estados Unidos y que su misión es desmantelar las redes dedicadas al tráfico de personas.
La policía reveló que Nájera falsificaba partidas de nacimiento y carnés de identidad (cédulas) para obtener pasaportes. Y que luego llenaba cada requisito exigido por la Embajada para otorgar visas.
"Falsificaban constancias de cuentas bancarias, constancias de trabajo, títulos de propiedad de viviendas, carros y otros. Creemos que pudieron haber logrado todo esto con apoyo de personas que trabajan en instituciones como el Registro Nacional de las Personas, Dirección de Migración y Extranjería y hasta agencias bancarias, no sabemos esto último todavía", comentó uno de los encargados de la investigación, dijo el periódico.
La policía agregó que en un período de un año más o menos, Nájera y Tábora lograron, con documentos falsos, la obtención de entre 35 y 50 visas en la Embajada Americana, la mayoría para menores de edad. Por cada visa habrían cobrado entre $3 mil y $5 mil.
"Mi hermana le pagó $6,000 a Nájera”, aseguró Isabel.
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Dos niñas indocumentadas en un centro de la Patrulla Fronteriza en la frontera sur de Estados Unidos.

Libertad condicionada
La hermana de Isabel fue encarcelada. Meses más tarde salió en libertad "pero debe firmar un libro en la policía cada 15 días. No puede salir del país”, dijo la hermana.
Cuenta que durante el juicio la abogada “le demostró a la corte que su cliente había sido estafada por Nájera” y sirvió de testigo en el proceso judicial.
"A partir de entonces comenzaron las amenazas de muerte para mí, mi hijo y el hijo de mi hermana. En mayo balearon mi casa y ese mismo día decidí irme de Honduras. Ella se quedó allá".
"Estaba cursando el último año de universidad. Iba a ser ingeniero, pero tuve que dejarlo. Vivíamos bien, no nos faltaba nada. Pero ya ve usted, todo cambió de la noche a la mañana por una visa".
Miedo, la principal causa
Para Elizabeth Kennedy, profesora de la Universidad Estatal de San Diego y de la Universidad de California en Santa Barbara, California, el miedo y las amenazas de muerte son las principales causas del éxodo hacia Estados Unidos en el último tiempo.
“He logrado más de 400 entrevistas a migrantes de El Salvador que quieren llegar a Estados Unidos”, dijo Kennedy, una experta en el tema. “Analicé los primeros 322 y entre ellos el 60.1% dijo que huía por el miedo que tienen del crimen, las amenazas de las maras y la violencia”.
Agregó que 35% de los migrantes van en busca de sus familias y que “ese número dice mucho, porque más del 90% tienen familiares en Estados Unidos, y de ellos más del 50% tienen su mamá, su papá o los dos padres allá”.
“Sólo el 35% da como razón la migración al norte”, pero la mayoría argumenta el miedo y la reunificación familiar.
Otros hallazgos hechos por Kennedy revelan que 31.6% de los migrantes tiene planes de estudiar; más del 50% tienen mas que una razón para migrar y que el estudio es una razón que casi nunca está sola: la acompañan el miedo, las maras y la violencia, la principal de todas las razones del éxodo.
Nadie cuenta nada
De la posibilidad de que grupos organizados en Estados Unidos habrían ayudado a empujar el éxodo aprovechándose del miedo generado por la violencia, Kennedy dijo que la mayoría de los inmigrantes que ha entrevistado para su estudio “prefieren no hablar de eso” y que no cuentan mayor cosa “sobre la ruta que siguen al norte”.
Respecto a si están involucrados los carteles mexicanos en el éxodo, sobe todo de niños, la investigadora respondió que “supuestamente”, y que uno o dos carteles son los que controlan casi todas las rutas de los inmigrantes hasta la frontera del suroeste de Estados Unidos.
Del futuro inmediato, Kennedy anticipó que “hay muchos centroamericanos que están huyendo de sus países y no tienen opción de quedarse. Quedarse es morir y ellos prefieren tomar un alto riesgo y sobrevivir que esperar la muerte”.
“Hasta que no se traten las raíces del problema -las altas cifras de la violencia, la pobreza extrema y familias transnacionales- el éxodo va a seguir. Es importante que los políticos piensen a largo plazo en vista de que se trata de un problema complejo con soluciones complejas”, indicó.
En cuanto al total de niños que han emigrado de Centroamérica al norte en el último año, Kennedy dijo que “nadie puede saber ese numero real, porque hay muchos que se van sin ser detectados y llegan a Estados Unidos sin ser detenidos. Solo sabemos que entre 6,000 y 8,000 fueron agarrados por año hasta el 2011, que en el 2012 la cifra se elevó a casi 14,000, subió a 24,000 en el 2013 y supuestamente hasta 90,000 este año”.
Isabel debe presentarse ante una corte de inmigración con su hijo en septiembre. "Estamos cansados de la violencia en Honduras. Hallar a un coyote es fácil. Todos saben dónde están, cuánto cuesta. Pero nadie sabe los peligros del viaje. Si se tiene dinero es más fácil al comienzo, pero cuando llegas a la frontera terminas como todo el mundo, sin nada y dependiendo de lo que digan y hagan los coyotes dueños del último tramo. Pero es un riesgo que tenemos que correr para que no nos quiten la vida", concluyó.
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