Ser CR

Univision.com | Jun 16, 2014 | 10:11 PM

Por Martín Caparrós

Neymar hizo 2, Robben 2, Van Persie 2, Benzema 2, Messi uno; Cristiano Ronaldo dos Santos Aveiro, hoy, no hizo ninguno. Su partido era el choque entre el equipo más equipo y el individuo más rabiosamente individual. El equipo, Alemania, le hizo cuatro a la banda de Cristiano. El gran individualista necesita un conjunto: jugó en dos de los mejores –Mad, Man– y le fue espléndido. Cada vez que juega en este menos bueno, su selección, le va bastante mal.
“Siempre me pregunté por qué tal personaje podía despertar algún cariño”
CR me confunde. Solemos creer que el público –tantas veces privado– hace ídolos a sus ídolos porque simpatiza con ellos, porque le gustan sus logros, sus gestos, sus maneras. Por eso siempre me pareció sorprendente que alguien quisiera adorar a ese patán: un gallito de riña con copete que nunca disimuló que solo hay una cosa que le importa. Lo muestra, por ejemplo, cada vez que su equipo hace un gol: lo festeja si es suyo cual poseso y, si no, mira de lejos. Y lo muestra dedicando tanto tiempo y esfuerzo a su apariencia: peinados, ejercicios, musculitos. Y lo muestra, delator, gesticulando ante las cámaras cada vez que un compañero suyo hace algo malo. Y lo muestra cuando, en medio del partido más importante de su temporada, está pensando en hacer poses para su película, Hulk menor.
Siempre me pregunté por qué tal personaje podía despertar algún cariño, ganas de seguirlo. Pero supongo que mi pregunta era, además de tontita, optimista. Porque sospecho que lo que prima en este caso no es el afecto sino la identificación: yo sería así si yo pudiera, piensan millones que no pueden. Y admiran a un millonario que hace que la palabra egoísta ya no alcance, un obseso de sí, un traidor a su grupo –que, como muestra de su sensibilidad, se hace ver con mujeres de almanaque y coches de museo, uno que encarna todos los valores de la desigualdad más bruta, del dinero al poder.
Por momentos me da cierta envidia: debe ser maravilloso ser CR, poder cagarse sin culpas en esas convenciones que postulan que habría que interesarse por los otros. CR es, de algún modo, un adelantado de una nueva normalidad: el yoyoyó que ha conseguido todo por sí y para sí, que cree que no le debe nada a nadie y, por lo tanto, nadie debe importarle. Un ser sin clase, un individuo en pleno. Uno que es tan claramente lo contrario de todo lo que me gusta, me interesa, me emociona, que me duele saber que millones lo idolatran.
Pero no sigo, no quiero preocuparlo.
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