El ejército avanza contra los islamistas en Irak

Deutsche Welle | Jun 16, 2014 | 12:17 PM

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El Secretario de Estado de EE UU dijo que no descartan colaboración política con Irán para contener a ISIS.

La defensa de los chiítas iraquíes es una obviedad política para Irán, tal como se apoyó al presidente alauita de Siria, Bachar el Assad, con la ayuda de las milicias chiítas de Hezbollah en el Líbano.
“Se presiente que Assad permanecerá en el poder y la guerra civil continuará.”
Teherán tiene un interés geopolítico en que se mantenga el eje chiíta de Hezbollah, Siria, Irak e Irán, ya que garantiza su influencia.
Para el estado de los mulás y ayatolas, que se autoinscribe en la tradición del mítico y carismático ayatola Jomeini, resulta inconcebible abandonar a su suerte a los chiítas acosados en los países vecinos. Eso es motivo para una yihad, una guerra santa.
En Siria se desarrolla desde hace tiempo una devastadora guerra civil, en la que Assad se enfrenta a la oposición, pero también los opositores se combaten entre sí. El EIIS contra el movimiento democrático secular.
Después de casi 200 mil muertos y millones de refugiados, se presiente que Assad permanecerá en el poder y la guerra civil continuará. Un derramamiento de sangre imparable.

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El Pentágono envía cientos de tropas, como un pelotón de infantes de marina, para proteger diplomáticos.

Además están ahí los otros actores del Medio Oriente: los kurdos se han establecido en el norte de Irak y no temen al EIIS. Su fuerza militar y su renovada confianza política en sí mismos suponen un desafío para Turquía, que ya está agobiada con la candente situación en su frontera con Siria.
Jordania, que desde hace décadas alberga millones de refugiados palestinos, lleva junto con el frágil Líbano la parte principal de la carga de los refugiados sirios. Y nadie sabe cuán sólida es de verdad internamente la monarquía jordana.
Y luego tenemos a Arabia Saudita; el gran contrincante de Irán en el Golfo Pérsico, su rival en la lucha por la supremacía espiritual en el Medio Oriente, el guardián de los santos lugares de la Meca y Medina.
Arabia Saudita sigue la doctrina purista de los wahabitas y es por lo tanto un Estado religioso, con mucho dinero. El país ha respaldado la causa islámica en todo el mundo y a menudo ha apoyado a grupos y bandas islamistas. Es un reino con una doble moral: teme al yihadismo, pero al mismo tiempo lo fomenta, con la esperanza de que no se vuelque contra la dinastía saudita.

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Para reforzar las tropas para combatir al grupo radical que busca desestabilizar esa nación.

La desquiciada visión de un califato del EIIS no solo abarca a Siria e Irak, sino también a Jordania, el Líbano y Arabia Saudita, el país de donde proviene el Profeta. El nombre de combate de Abu Bakr al Baghdadi alimenta las fantasías de omnipotencia de los terroristas.
Aun cuando fuera vencido en el campo de combate abierto, el yihadismo no quedará con ello derrotado; en el mejor de los casos, será detenido momentáneamente.
La guerra en Irak, la batalla en torno a Bagdad, es el inicio de una nueva guerra religiosa entre chiítas y sunitas. La región está ante una Guerra de los 30 Años del Medio Oriente. Y la existencia de Israel será más insegura que nunca. Occidente, en todo caso, no puede permanecer al margen.
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