El escandaloso libro de Gardeazábal, ¿escritor hereje?

Univision.com | Jun 14, 2014 | 5:06 PM
Por Raúl Benoit. En Twitter @RaulBenoit
“Le reprocho no destacar más a los curas buenos que también tiene la Iglesia”
La fe no es negociable. Nunca he dudado de la existencia de una energía universal que para mi creencia es Dios mismo. Ni siquiera en los momentos más vergonzosos de la Iglesia Católica en las últimas décadas, ni estudiando el horripilante protagonismo de ciertos jerarcas en la historia de la humanidad, pasando por la Inquisición y la degenerada familia Borgia.
Hipocresía, crimen, complicidad, envidia, codicia, lujuria y otras bajezas humanas, hacen parte de la vida de algunos “representantes de Dios en la tierra”, lo cual demuestra que son individuos con debilidades e imperfecciones y no  omnipotentes, como quieren hacerles creer a los parroquianos.
El escritor colombiano Gustavo Álvarez Gardeazábal, a quien se conoce más por el apellido de su madre, no solo pone el dedo en la llaga sino que hurga en la herida con su libro “La misa ha terminado”, donde, usando un vocabulario directo expone con severidad y crudeza la crisis moral de la Iglesia, mostrando a ciertos curas como lo que son, pecadores mundanos.
En esta radiografía Gardeazábal transita por la fina línea entre la ficción literaria y la realidad que vive la Iglesia católica, introduciéndonos en la fétida vida de algunos clérigos, que usan la Iglesia como refugio para encubrir sus bajos instintos. En parte por esa complicidad la institución está infectada de pedófilos.
El autor narra la relación homosexual de una pareja de sacerdotes cuyas vidas se cruzan por las causalidades y paralelamente cuenta las intrigas y el meretricio eclesiástico de ciertos obispos y hasta cardenales, lo cual hiere susceptibilidades tras los muros vaticanos, porque sus relatos podrían estar relacionados hasta con el mismísimo Papa Francisco y su postura contra el homosexualismo en el seno de la iglesia.
Hice dos lecturas de “La misa ha terminado”. La primera avergonzado, casi agazapado, porque escuché escandalosas críticas que lo calificaban de libro pornográfico. Es fuerte pero no llega a ser vulgarmente obsceno.
Lo leí por segunda vez, superando los traumas traídos del pasado. Todo se debe a que, siendo adolescente, descubrí la obra literaria de José María Vargas Vila, otro polémico escritor colombiano censurado porque supuestamente era “defensor del pecado” y quien se ganó un lugar en el Índex Librorum Prohibitorum (Índice de libros prohibidos) que la Iglesia Católica calificó como perniciosos para la fe, reprobación que perduró hasta 1966, cuando Pablo VI resolvió eliminarla.
En aquella época la censura encendió mi curiosidad y leí la obra completa de Vargas Vila, de manera “clandestina”. Gardeazábal tiene el privilegio de escribir en un periodo de más libertad. En tiempos de la inquisición se le habría acusado de hereje y hubiese sido quemado en la hoguera con las brujas.
El libro de Gardeazábal no es una proclamación de la herejía sino un registro histórico de una verdad que no se puede ocultar y aunque algunos lo vean sacrílego, es ficción calcada de la realidad.
Quizás en algunos párrafos blasfemó cuando uno de los personajes sodomizó a Cristo con sus pensamientos. Son excesos que se le perdonan a los escritores aunque los auténticos católicos no lo harán.
Muchos jerarcas creen que protegen la inmundicia insultando y amenazando a Gardeazábal, escritor que a través de su vida le ha importado un bledo lo que digan de él. Ni siquiera escondía su homosexualidad cuando muchos se escondían en el clóset.
Gardeazábal no es creyente. Es obvio. Le reprocho no destacar más a los curas buenos que también tiene la Iglesia. Subrayo la lúcida pluma de mi admirado amigo quien, sin embargo, deja un sabor agrio sobre estos tiempos espinosos que atraviesa la Iglesia Católica, forzando a muchos a profesar otra religión o incitándolos a seguir los mismos pasos inmorales de sus guías espirituales a través del pecado.
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