Colombia: Paz untada de miedos

Univision.com | Jun 13, 2014 | 7:04 AM

Por José Marulanda, consultor Internacional en Seguridad y Defensa

A las puertas de la decisión final, la campaña presidencial en Colombia terminó con una abstención histórica en la primera vuelta, empatada en la intención de voto, llena de torcidos publicitarios, saturación de redes sociales, hackers y la promoción inclemente del miedo.
“De ganar Zuluaga, la esperanza es que los coloquios habaneros se clarifiquen”
Los santistas, con el apoyo de la gran prensa, caciques electorales señalados de corruptos y fondos del gobierno, han ondeado el temor a la continuidad de la guerra y la viejísima propuesta de la izquierda de dedicar a educación y salud recursos de la Defensa, en un país en donde el gasto militar supera el 3% del PIB.
Los zuluaguistas por su lado, han agitado el coco del castrochavismo que avanza, según ellos, debido a un gobierno débil ante las FARC, organización rechazada, casi que odiada, por la gran mayoría de ciudadanos.
La realidad es que Colombia no siente hoy la guerra como hace una década, no al menos en los principales centros urbanos en donde habita aproximadamente el 78% de la población del país.
De los 13,859 homicidios del 2012, solamente el 6.7% (933) fueron a causa del conflicto interno, según el Centro de Memoria Histórica. La creciente percepción de inseguridad debido a la delincuencia común asusta a los citadinos más que el terrorismo pero ambos – inseguridad y FARC- están ligados al problema medular de seguridad publica en el continente: el narcotráfico.
Las FARC y el rentable negocio del narcotráfico
Sobre este tema particular, en la isla de los Castro se conoció un acuerdo sobre el tercer punto de la agenda gobierno-FARC que generó mucho escepticismo: ¿de qué van a subsistir los futuros representantes políticos de las FARC si abandonaren el narcotráfico?.
Sus cabecillas tendrían que renunciar a ingresos estimados en US$700 millones anuales. Además, por prisa, por omisión o por contubernio, el acuerdo arrima el narcotráfico a delito conexo del delito político de rebelión, posición que generará una gran polémica en un problema ahora globalizado.
El gobierno norteamericano ha mostrado su simpatía por cualquier avance para el logro de la paz en el país suramericano pero al mismo tiempo ha sido firme: las solicitudes de extradición por narcotráfico que pesan sobre los jefes del grupo terrorista, siguen en pie.
El senador Marco Rubio ha advertido al presidente Obama sobre los riesgos de una eventual repatriación de cabecillas de las FARC condenados en EEUU por narcotráfico. El articulista boliviano Humberto Vacaflor ha manifestado que el primer afectado por tal acuerdo sería su país. Según algunas fuentes, el llamado frente sur de las FARC que opera de la mano del cartel de Sinaloa está en contra de sus negociadores habaneros, ahora ajenos a las vicisitudes de la guerra.
En la mesa está también la continuidad en el poder de viejas élites políticas que a través de dos representantes de rancia estirpe, Santos y Lleras, no han podido sacar al país de la mayor desigualdad social del continente, después de Haití. El poder ha sido un coto de caza tradicional de algunas genealogías bogotanas, lo que explica en gran parte el centralismo que ha abandonado a su suerte amplios territorios, particularmente los fronterizos con Ecuador y Venezuela, ricos en petróleo, activos en narcotráfico y en donde delinquen los remanentes de las FARC hoy en día.
Los orígenes de Zuluaga y Santos
El candidato Zuluaga nació y tuvo su primera infancia en un municipio de la zona cafetera, región de donde son oriundos, casualmente, De La Calle, jefe negociador de Santos en Cuba y el ahora máximo vocero de las FARC alias Timochenko, guarecido en Venezuela. Los naturales de esta parte del país son montañeros, de mentalidad emprendedora y férrea voluntad. El ex presidente Uribe, tutor político de Zuluaga, es de esa región. Los Santos y los Lleras son del altiplano o “lanudos” como los llamaba el filósofo Fernando Gonzales: esquivos, maniobreros.
Los militares, quienes llevan la carga principal en el exiguo conflicto, han hablado. Los Oficiales en retiro, entre ellos Generales y Almirantes, protestaron por un video promocional de Santos, realizado por un publicista quien evidentemente no distingue entre un milico y un militar colombiano.
Un General en retiro sindicó al Comandante de las Fuerzas Militares de ordenar hacer campaña a favor de Santos y algunos policías, espontáneamente, han llamado a votar por Zuluaga. “No entregar hijos para la guerra”, suspender el servicio militar obligatorio, establecer el voto castrense, crear un ministerio de la seguridad ciudadana, orientar los militares hacia actividades medioambientales, mayores beneficios económicos a los soldados, incorporar guerrilleros a las filas oficiales y la proclamación, hace cinco días, de un nuevo dialogo con el ELN, han sido promesas pre electorales de Santos, aprovechadas por la campana oposicionista para reforzar las dudas e incertidumbres sobre el futuro de la Fuerza Pública.
La declaraciones de alias Andrés París exigiendo el cambio de la doctrina militar (objetivo del Foro de Sao Paulo desde 1990) llevó a tal punto la inconformidad que el General Jose Mora, el único militar en los conciliábulos habaneros, saltó a declarar en su estilo lacónico y jupiteriano, que las fuerzas armadas no han sido tema de discusión en la mesa y que las FARC están allí para entregar las armas. Hasta el momento a nadie le ha importado el pronunciamiento de Mora, que viene desgastando su prestigio institucional en medio de tantos rumores y titubeos.
Alias Iván Márquez, aficionado a pasearse en Harley Davidson por Caracas, exigió el derecho de su agrupación “ a ser gobierno” y su irrevocable intención de “reorganizar el sistema”, mientras alias Timochenko se arrepintió de que su organización se dedicara al narcotráfico y dijo que ambos, Santos y Zuluaga, son opción de guerra.
El último pronunciamiento de los terroristas sobre el reconocimiento a las víctimas y su nuevo anuncio de una tregua, tienen un inconfundible sabor a campaña preelectoral, como lo fueron la anterior tregua en la primera ronda, que no se cumplió a cabalidad y el publicitado anuncio del acuerdo en el tercer punto sobre el narcotráfico.
¿Santos o Zuluaga?
La intelectualidad no está ajena a este agrio debate: el escritor William Ospina, aplaudidor de Castro y Chávez, se inclina hacia Zuluaga, considerándolo un mal menor frente a Santos, quien quiere hacer la paz desde el cenáculo de la aristocracia y a quien se señala de enriquecimiento familiar inexplicable mientras era ministro.
Allende el argumento de paz y guerra, propuestas serias sobre los problemas de Salud, Empleo, Seguridad ciudadana, Economía, han sido deslucidas, a excepción del candidato de oposición que ha enfatizado su intención de una amplia y mejor educación. La Juventud está en el centro del discurso de Zuluaga.
En el contexto regional, el resultado de estas elecciones frente a una Venezuela desvencijada y a una Nicaragua equipándose para ejercer su soberanía en el mar que la Corte Internacional de Justicia le rebanó a Colombia, puede calentar el ambiente dadas las posiciones de Santos, conciliadora e indecisa y de Zuluaga, fuerte y sin timideces.
Ahora que la izquierda gobierna en varios países latinoamericanos con la política de presidencia a término indefinido Colombia podría, si gana Santos con el apoyo de la izquierda, caer en un continuismo inaceptable para una mayoría electoral del país pero justificable ya que lo que firmen en Cuba deberá implementarse y quien mejor que él para asumir la responsabilidad de su criatura en un escenario de postconflicto.
De ganar Zuluaga, la esperanza es que los coloquios habaneros se clarifiquen, se saquen de las penumbras y el rumbo de la paz sea claro y firme. Cosa difícil de lograr dado el empecinamiento de los sesentones dirigentes farianos cuyo cerebro político se quedó congelado en 1960. Como sea, Santos, Zuluaga y los colombianos quieren la paz. El gerifalte terrorista dice que también pero bajo su óptica marxista-leninista. Sus desacreditadas mesnadas no paran de asesinar civiles, soldados, policías y de trasegar narcóticos. Es el doctrinario empleo de todas las formas de lucha. El futuro, en cualquier caso, no pinta fácil.
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