La difícil vida del jinete mexicano Víctor Espinoza

Univision.com | Jun 06, 2014 | 11:24 PM
Nació en Tulancingo, Hidalgo sin la idea de convertirse en un gran jinete pero el tiempo, las circunstancias combinadas con su constancia y su talento lo ayudaron a conseguir fama y fortuna. Así es Víctor Espinoza.
“Sus padres tenían un ranchito con puercos, borregos, vacas, gallinas, burros y algún caballo”
Sus padres tenían un ranchito con puercos, borregos, vacas, gallinas, burros y uno que otro caballo que no estaba en las mejores condiciones. Desde ahí comenzó esa cercanía con estos animales, que se convertirían en la clave de su éxito.
Proviene de una familia grande: son 12 hermanos, seis mujeres y seis hombres. Desde pequeñito trataba de montar. Practicaba con los borregos. El que lograba permanecer arriba por más tiempo era el ganador. Al final todos terminaban cayendo al suelo.
Cuando tenía 12 años emigró con sus papás a la Ciudad de México. Abandonó la escuela y consiguió un trabajo para limpiar caballos de charro. Desde la azotea del establo veía los camiones que salían de una estación, ubicada en el norte de la capital mexicana, y bromeaba con los choferes y cobradores.
Después de un tiempo lo invitaron a trabajar con ellos y entonces comenzó como cobrador de autobuses.
A los 16 años la mal pasada económica que enfrentaba su familia lo orillóo a trabajar en una fábrica de material eléctrico. Tuvo que presentarse con los documentos de su hermano para que lo aceptaran.
Sus horarios eran muy pesados, trabajaba de madrugada, por lo que después de un tiempo no aguantó más y renunció.

Victor Espinoza, el jockey cerca de ganar la ‘Triple Corona’ dijo que no fue fácil su relación con los caballos.

Entonces tomó sus maletas y se fue a Villahermosa, Tabasco en donde cuidó a caballos que corrían en carreras clandestinas. Fue justo durante esta etapa de su vida que pensó en ser jinete.
No sabía nada de carreras ni de montar y como cuenta él mismo al medio Dos: puntos, aprendió viendo porque nadie le quería enseñar.
Pasaron dos años y el dueño de esos caballos decidió que los llevaría a correr al Hipódromo de las Américas.
"Me pidió que fuera a cuidarlos y así lo hice", cuenta a Dos: puntos.
Como no tenía mucho dinero, dormía en un cuarto de azotea. Su suerte cambió cuando conoció a Arturo Ruíz García, dueño de una cuadra de caballos. De inmediato le ofreció trabajo.
"Un día le dije que mi sueño era ser jockey y que sabía montar pero que nunca había corrido. Me propuso correr uno de sus pura sangre a condición de enlistarme en la escuela de jockeys del hipódromo. Fui y durante seis meses me enseñaron lo que ya sabía, pero aguanté porque mi meta era conseguir la licencia de apendriz", dijo según Dos: puntos.
En el texto, escrito por el periodista Luis Rubén Cuevas, Víctor Espinoza relata que fue en 1992 cuando debutó.
"El entrenador sólo me dijo: 'Tú arranca y agárrate, fuetea al caballo cuando los otros lo hagan, y suerte'. La velocidad me dio miedo y sentí mucho frío, pero llegué en primer lugar. A la fecha no sé cómo lo hice", explica.
Sus días comenzó a vivir con más intensidad en el Hipódromo. Veía por televisión las carreras de Estados Unidos y entonces se le vino a la mente la idea de ser un jinete allá. Pensó que sería fácil porque uno de sus hermanos había sido caballerango en San Francisco.

El triple triunfo del hipismo estadounidense podría no coronar al jockey mexicano Víctor Espinoza.

Siendo un hombre de armas tomar, cruzó la frontera por Tijuana en autobús. Llegó con visa de turista pero nadie lo contrató. Entonces se fue para San Francisco. Como no tenía dinero para pagarse un hospedaje comenzó a dormir en los establos. No tenía más de 300 dólares en su bolsillo.
"Pero pasaban los días y se agotaba el dinero. Como no teníamos ni para cobijas les quitábamos las suyas a los caballos y con eso nos tapábamos. Las que eran desechadas por los caballerangos las usábamosde colchón", recuerda con Dos: puntos.
Nadie ni el personal de seguridad sabían que ahí dormían. Tenían que hacer de todo para evitar que los descubrieran. Si por algo tenían que salir, se brincaban las bardas rezando que nadie los viera.
Estos tiempos fueron muy difíciles para Víctor y su hermano. Tenían tan poco dinero que a penas y les alcanzaba para comer. Mucho menos tenían para hablar a su familia en México.
Otro obstáculo al que se enfrentó fue el del idioma pero nada hizo que Víctor se echará para atrás en su sueño.
"Un par de meses después me quedaban 20 dólares en la bolsa y estaba arrepentido de haber dejado el Hipódromo de las Américas. En eso, un americano que hablaba español me ofreció trabajo para que le cuidara y paseara a su caballo. Por la primer jornada me dio un billete de 100 dólares. Creo que me vio la cara de fregado y muerto de hambre", explica.
Después sucedió lo inesperado: "Cuando monté su caballo me ofreció correrlo. Acepté pero necesitaba la licencia y para obtenerla, una visa de trabajador. Mi empleador contrató a un abogado que la tramitó.  Tuve que volver a Tijuana un par de semanas que se me hicieron eternas. Pero al final de cuentas conseguí visa y licecia. Quedé muy agradecido con aquel hombre", recuerda con el diario.
A partir de ese momento fue agarrando experiencia: "Empecé a ganar con regularidad y entonces mi problema fue el inglés. Un entrenador de origen latino me recomendó: 'Cuando llegue el dueño del caballo a darte indicaciones, nomás dile yes a todo. Yo quería ganar siempre para no tener que hablar con los dueños, pues no les entendía nada ni les podía dar explicaciones. Creo que por eso me volví un ganador", afirma.
Después tomó cursos de inglés y se fue a Los Ángeles, en donde hay cuatro hipódromos. Los triunfos se amontonaron en su bolsillo hasta el día de hoy.
Este sábado, al lado del caballo California Chrome, no pudo lograr el triple éxito y hacer historia. Que en quinto lugar en el Belmont Stakes.
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