Arte urbano: el afiche publicitario como lienzo

Deutsche Welle | Apr 29, 2014 | 4:36 PM
En Berlín, un grupo de artistas cuestiona las nociones de belleza promovidas por la industria publicitaria, “secuestrando” los afiches con que ésta inunda las calles, alterando sus imágenes y emitiendo mensajes nuevos.
“La publicidad exterior ha echado raíces tan profundas en el paisaje urbano”
 La gente pasa frente a ellos a diario. A pie, en bicicleta o en auto. Camino a la escuela, al trabajo o al supermercado. No importa ni dónde ni cuándo: los afiches publicitarios están allí, vendiendo todo tipo de productos, explícita o subliminalmente, prometiendo estilos de vida tan fascinantes como inalcanzables para la mayoría y mostrando modelos de presunta perfección humana; hombres y mujeres de sonrisas retocadas, con una piel inmaculada –casi siempre blanca– y otros rasgos fenotípicos usualmente tenidos por seductores.
La publicidad exterior ha echado raíces tan profundas en el paisaje urbano que su presencia tiende a pasar inadvertida. Los habitantes y visitantes de Berlín entran en contacto con vallas y afiches publicitarios dieciocho billones de veces al año, según la empresa más grande de ese ramo, la firma Wall. Da igual que sus portavoces hayan exagerado esa cifra o no, las imágenes en cuestión son realmente ubicuas. Y eso no cala bien con todos los pobladores de las grandes ciudades; algunos de ellos han empezado a protestar creativamente contra ese fenómeno.
En la capital alemana, por ejemplo, los afiches publicitarios vienen siendo “secuestrados” desde hace algún tiempo por un grupo de artistas plásticos que los utiliza como fuente de inspiración y también como lienzo. Sus imágenes son alteradas –aunque siempre dejando que el motivo original sea reconocible– para emitir nuevos mensajes. “Uno ve comerciales en televisión porque de eso viven los canales. Y, aún así, uno siempre puede apagar el aparato. Pero, en la calle, uno está obligado a ver esas publicidades”, lamenta uno de esos pintores.
 “Una noción de belleza falsa”
En entrevista con DW, Vermibus –así se hace llamar– da más detalles sobre su trabajo y los motivos que lo inspiran. El primer paso consiste en robar afiches producidos por la industria de la moda, extrayéndolos de las cajas de luz; esas vitrinas iluminadas en las paradas de autobús o estaciones de trenes que hacen inevitable mirar los carteles publicitarios. Luego pinta sobre ellos, borrando los logotipos de las marcas y cambiando la fisionomía de los modelos para llamar la atención hacia lo que él llama “una noción de belleza falsa”.
“Los modelos son fotografiados en un estudio, pero las imágenes resultantes son alteradas hasta convertirlas en lo que la agencia de publicidad y sus clientes quieren. Esas fotos no muestran la realidad, sino lo contrario. Son unas falsificaciones. Quien esté buscando perfección no la encontrará en estas imágenes”, sostiene Vermibus, quien trabajó como fotógrafo de modas en Madrid antes de hastiarse de la superficialidad que, a su juicio, prevalece en ese ámbito. El artista se mudó a Berlín, donde conoció a otras personas que compartían sus ideales.
“Yo trabajo éticamente. Yo no uso un bate para destruir las cajas de luz que contienen los carteles. Yo abro la vitrina con una llave maestra y saco el afiche. Lo que hago no constituye un acto de anarquía; yo busco emitir un mensaje alternativo y reforzar la idea de que el lugar ocupado por ese afiche es un espacio público”, señala Vermibus, quien no es el único en la capital alemana dedicado a “confiscar” afiches publicitarios en señal de protesta. El vocero de la empresa Wall, Michael Wehran, ve las cosas desde una perspectiva muy distinta.
 Una idea que vincula a Berlín con Sao Paulo
“El hecho de que los afiches estén siendo removidos por artistas es un problema menor porque no ocurre con frecuencia. Sin embargo, ese es un acto ilegal que puede acarrear consecuencias penales para quienes incurren en él”, apunta Wehran, aludiendo a los artistas que actualmente exponen los carteles publicitarios intervenidos en la galería Open Walls del complejo cultural berlinés Stattbad. La muestra se llama Positions. Para Vermibus, los habitantes de Berlín son particularmente permeables a ideas como las que él está planteando.
De hecho, en 2013, un grupo denominado Oficina para la Buena Vida y una Esfera Pública sin Publicidades recogió miles de firmas en el distrito berlinés de Friedrichshain-Kreuzberg con miras a solicitar oficialmente la prohibición de la publicidad exterior en ese barrio. Aunque la petición no fue aprobada, las autoridades locales se vieron obligadas a considerarla seriamente. “En todo caso, descubrimos que la publicidad exterior era frustrante para muchas otras personas, no sólo para nosotros”, recuerda Jan-Henning Korte, uno de los activistas de aquella tropa.
Korte sabe que la solicitud de vedar toda publicidad exterior es percibida por muchos como una moción radical, pero enfatiza que ese tipo de peticiones no sólo se han presentado en Alemania y trae a colación el caso de la ciudad brasileña de Sao Paulo: en 2006, la Ley Ciudad Limpia (Lei Cidade Limpa) prohibió la publicidad exterior, recuperando la esfera pública para una población que la industria publicitaria sólo ve como una masa de 112,8 millones de potenciales consumidores.
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