Raúl Bustos, el minero inmortal

Univision.com | Nov 19, 2010 | 6:30 PM

Historia No. 32 de 33 historias de esperanza

Este es trigésimo segundo artículo de la serie "33 historias de esperanza" que serán publicados durante 33 días, con la vida de cada uno de los mineros rescatados en Chile.
Su presencia en la mina fue accidental. En realidad no es minero, sino mecánico y sólo descendía cuando había algún problema técnico para que lo resolviera. Cuando ocurrió el trágico derrumbe, él llevaba dos meses trabajando en la mina.
De 40 años, Raúl Bustos Ibáñez dejó a su mujer y sus dos hijos en la ciudad de Talcahuano para buscar trabajo, tras haber sido azotados por el fuerte terremoto que ocurrió, el 27 de febrero, en varias provincias de Chile.
En ese momento pudo escapar del terremoto y aunque perdió todo, nunca se dio por vencido.
Piensa que hay que tener fe ante la más horrible tragedia.
"Después del tsunami bajó toda la producción, la gente no tenía trabajo y ahí le salió la posibilidad de venirse al yacimiento. No había opciones allá y se vino a trabajar acá. Se vino a trabajar a la mina arrancando del terremoto", contó su esposa a Infobae.com.
En uno de sus mensajes a su familia aseguró tener hambre y ansiar las empanadas de pescado que prepara su madre.
"Ya sabrás que las palabras que mandaste me hicieron llorar, bueno no se como decirte que siempre han estado conmigo (...) Mi Dios nos dejó vivos de milagro y con un propósito. Aquí casi desmayado rezaba y pedía por todos que si pasaba algo lo tomaran bien, porque en un momento ya pensaba que romperían las herramientas el cerro (...) No sabes la alegría que teníamos te amo amor y a mis hijos y por supuesto a toda la familia que armamos los Bustos y Narváez. Me he acordado de todos (...). Eso si, falta mucho para que nos saque (ilegible)", decía una carta que le mandó efusivamente a su esposa.
Raúl se ha mostrado hermético al hablar sobre su experiencia en la mina. En diferentes entrevistas ha declarado que lo que pasó abajo sólo lo sabe él y sus 32 compañeros y que únicamente lo declararán ante la justicia, ya que entre todos hicieron un pacto de guardar silencio.
Raúl fue el número 30 en ser rescatado. Cuando salió a superficie, su esposa Carola Narvaez lo recibió con un beso en la boca. Además le dijo al presidente Sebastián Piñera, a quien saludó con un abrazo, que siguiera "por la misma senda".
Ahora planea formar una fundación junto con sus compañeros para contar sus experiencias.
Cree que lo peor que pudo haber pesado hubiera sido perder la fe.
Aunque no descarta volver a trabajar a una mina, por ahora sólo dedicarse a su familia y volver a empezar.
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