Floribeth Mora, la hispana protagonista de la ceremonia

Univision.com | Apr 27, 2014 | 5:12 AM
Floribeth Mora puso a los hispanos, pero sobre todo a Cosa Rica, por todo lo alto. Las miradas del mundo estuvieron puestas hoy sobre esta mujer por quien fue santificado Juan Pablo II. Floribeth fue una de las primeras en llegar al Vaticano. Vestida totalmente de negro y con una mantilla que cubría su cabeza, la costarricense fue la encargada de llevar la reliquia de Juan Pablo II en uno de los momentos más importantes de la ceremonia.
“Agradecida y siempre fiel a Juan Pablo II, la costarricense llevó la reliquia al altar”
Las reliquias de los papas recién proclamados santos Juan Pablo II y Juan XXIII fueron colocadas hoy junto al altar mayor del atrio de la Plaza de San Pedro, donde el papa Francisco celebra la canonización de los pontífices.
Los relicarios fueron entregados justo después de que el papa Francisco proclamase santos a ambos pontífices ante cientos de miles de personas.
El relicario en plata del papa Karol Wojtyla fue llevado a Francisco por Floribeth Mora Diaz, la mujer costarricense cuya sanación en 2011 fue considerada el segundo milagro que sirvió para canonizar Juan Pablo II.
La reliquia era una ampolla con la sangre del papa polaco. Floribeth se mostró muy emocionada en todo momento y cuando se acercó al papa Francisco no pudo pronunciar palabra.
La costarricense padecía de un severo aneurisma cerebral por el que le habían dado un mes de vida. Desauciada, la mujer le rogó a Juan Pablo II que la salvara y según comprobaron médicos y la Iglesia, el papa hizo el milagro y la salvó. Tres años después de su curación, aun se pregunta por qué fue ella la elegida.
"No sé por qué Dios me eligió a mí entre tantas personas, no sé por qué Juan Pablo II me curó, pero le estoy muy agradecida y ahora mi cometido es llevar a todos los confines del mundo mi testimonio de vida para mostrar la existencia de Dios", dijo Mora en una entrevista a Efe días atrás.
La costarricense llegó a Roma, junto a su marido, Edwin, y dos de sus cinco hijos, Edwin y Keynner.Su historia es la de una mujer que fue sanada, cuenta, de una lesión incurable por intervención de Wojtyla, "un milagro", recuerda, que fue certificado por el Vaticano.
Todo comenzó un 8 de abril de 2011, relata, cuando sintió un dolor "muy fuerte" en la cabeza y acudió al hospital, donde le dijeron que eran migrañas producidas por estrés.
Pero después de días en los que el dolor persistía, los médicos volvieron a hacerle pruebas y descubrieron un aneurisma cerebral (dilatación de una arteria del cerebro) y le dieron un mes de vida.
"Tenía mucho miedo porque estaba condenada a muerte", confiesa, visiblemente emocionada.Creyente desde niña, Mora explica que comenzó entonces a rezar a Dios y a pedir a Juan Pablo II que intercediera por ella.
"Yo le decía 'Juan Pablo, tú que estás tan cerca de Dios, dile que no me quiero morir, que quiero estar con mis hijos que son lo más importante'", añade.
A medida que pasaban los días, sostiene, fue aceptando el hecho de que iba a morir, pero, según ella, el papa polaco atendió sus súplicas y el 1 de mayo de 2011, fecha de su beatificación, se le apareció.
"Estaba tumbada en la cama, me desperté y vi cómo Juan Pablo II, que estaba en la portada de un suplemento que teníamos encima de la televisión, elevó sus manos hacia mí y me dijo 'Levántate, no tengas miedo'", señala.
Entonces comprendió que estaba curada y sintió "una enorme paz", que compartió con su marido: "Estoy bien", le dijo.
Posteriormente, se sometió a pruebas médicas que mostraron la ausencia de la enfermedad para la que, según Mariano Ramírez, uno de los peritos médicos de la Curia Metropolitana de Costa Rica, "no hay explicación científica".
"Revisamos los informes y nos dimos cuenta de que había sido un milagro, después los mandamos al Vaticano, que los estudió y confirmó que se trataba de una intervención divina", señaló Ramírez, también en declaraciones a Efe.
A Juan Pablo II se le atribuyen dos milagros, el primero de ellos el de la monja francesa Marie Simon Pierre que sufría parkinson y cuya curación, carente de explicación científica, de acuerdo con la Iglesia católica, fue esencial para su beatificación en 2011.
El segundo es la sanación de Mora, inexplicable según el Vaticano, que fue clave para cumplir con los requisitos que exige la Iglesia para una canonización.
Agradecida y siempre fiel a Juan Pablo II, esta costarricense llevó la reliquia del papa polaco al altar como parte de la ceremonia de canonizacion de los pontifices.
La reliquia de Juan XXIII fue llevada por sus sobrinos al altar. Es un trozo de piel que fue removido de su cuerpo, exhumado en el 2001 para su beatificación.  Estos mismos relicarios fueron los que se utilizaron para la beatificación de ambos papas.
Pero Costa Rica no fue protagonista solo por Mora Diaz. Una imagen de la Virgen de los Ángeles, patrona del, fue entronizada ayer en el Vaticano, en una ceremonia presidida por el cardenal Angelo Comastri, vicario general para la Ciudad Eterna.
Al acto en la iglesia de santa Ana, considerada la parroquia del Vaticano y junto con Comastri oficiaron la misa José Rafael Quirós, arzobispo de San José, monseñor Ulloa, obispo de Cartago, y monseñor Barrantes, arzobispo emérito de San José. Varios centenares de costarricenses y la misma Floribeth fueron testigos privilegiados.
La ceremonia comenzó con la entronización y bendición de la imagen de la virgen de los Ángeles, obra de orfebres del Valle, colocada en un altar de la iglesia, donde permanecerá.
Tras la bendición los cientos de presentes, que ondeaban banderas de Costa Rica, rompieron en aplausos y se entonaron cantos marianos.
La primera lectura estuvo a cargo de Floribeth, que cubría su cabeza con un velo negro y que estaba acompañada de su familia.
La entronización se enmarca en los actos de canonizaciones de los papas Juan Pablo II y Juan XXIII.
Concluida la misa, en la que cantaron los Heraldo del Evangelio, el embajador de Costa Rica en el Vaticano, Fernando Sánchez, manifestó que durante la visita que realizó al Vaticano la presidenta de su país, Laura Chinchilla, el 8 de noviembre de 2013, expresó al papa Francisco el deseo del pueblo costarricense de que una imagen de la patrona fuese colocada aquí.
Francisco acogió favorablemente la idea y la imagen permanecerá para siempre en la iglesia de santa Ana, que se ha convertido, desde hoy, en la nueva casa de los costarricenses en el Vaticano. Y Floribeth ha sido la mejor embajadora.
Con información de EFE
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