Ya no funciona el modelo de cooperación externa de Estados Unidos

Univision.com | Mar 04, 2014 | 7:03 PM
Por Eduardo A. Gamarra, profesor de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Internacional de la Florida.
“La tenue relación entre Estados Unidos y América Latina tiene mucho más que ver con el quiebre del”
La tenue relación entre Estados Unidos y América Latina tiene mucho más que ver con el quiebre del modelo de cooperación o asistencia vigente desde hace por lo menos tres décadas que con las célebres disputas entre Washington y La Habana y desde hace quince años con Caracas.
El modelo de cooperación de Estados Unidos, de Europa y de bancos de desarrollo como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo se ha basado en el uso de compañías de desarrollo (los famosos Belt Way Bandits), Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) y Universidades, entre otras, para la implementación de proyectos de desarrollo.
La lógica del modelo es fácil de entender: el dinero de cooperación proviene del contribuyente y debería de alguna manera beneficiar también a organizaciones públicas y privadas de los países de origen. Además, el uso de estas organizaciones previene que estos dineros sean desviados hacia fines corruptos o simplemente hacia otros fines, o al menos así se pensaba.
Otra importante razón tenía que ver con la falta de capacidad de los Estados para implementar los programas de cooperación. Por eso estas agencias de desarrollo lograron cumplir una importante labor facilitando la capacidad de ejecución de manera inmediata.
De hecho, este modelo tuvo importantes resultados cuando tanto las consultoras de Washington, las ONGs y las universidades tomaban más en serio el impacto sobre los países hacia donde estaban destinados los fondos que en su propio desarrollo y ganancia.
Sin embargo, según las evaluaciones del propio Congreso de los Estados Unidos, múltiples desafíos afectan la efectividad de sus programas de cooperación, entre los que se destacan: los inadecuados y lentos mecanismos de financiamiento y planificación, los obstáculos legales que obligan a la contratación de proveedores caros, y la falta de coordinación entre agencias de desarrollo norteamericanas. Para algunos críticos, debido a estas restricciones más del 70 % de los fondos de cooperación se queda principalmente con estas organizaciones y poco es lo que eventualmente llega al país beneficiario.
Este modelo quizás llego a su punto de quiebre durante el terrible terremoto que afectó a Haití en enero del 2010. Para entonces ese país caribeño había sido tildado despectivamente de ser "la República de las ONGs" por la cantidad de estas organizaciones de todo el mundo involucradas en el intento de resolver los problemas de desarrollo de ese país. Un prominente analista haitiano me decía que estas ONGs, lejos de ayudar, habían causado enorme daño pues "no solo consumían la mayor parte de los recursos de cooperación, sino que los programas que implementaban eran contraproducentes e insostenibles."
Pero hay otro factor que ha puesto en tela de juicio este modelo de cooperación, y se trata del modelo de "cooperación solidaria" que impulsan países como Venezuela a través de su controversial programa conocido popularmente como Petro Caribe. No es mi intención en esta columna exaltar las virtudes ni repetir las críticas a este programa. Sin embargo, el impacto de su presencia parece estar llevando a serios cuestionamientos del modelo tradicional.
La asistencia venezolana -que es en realidad un préstamo a largo plazo y con bajísimas tasas de interés- se caracteriza sobre todo por la confianza plena del donante en el gobierno del país beneficiario. Y en muchos casos, los países receptores utilizan el dinero de acuerdo a sus propias necesidades y no los parámetros definidos a priori por agencias de desarrollo u ONGs.
En un contexto donde la asistencia norteamericana a América Latina y el Caribe es mínima, los obstáculos burocráticos que impiden que esta tenga mayor impacto directo erosionan aún más cualquier impacto positivo que pueda tener la buena voluntad de Estados Unidos hacia sus vecinos del sur.
Pienso que el tiempo ha llegado de repensar seriamente este modelo de desarrollo y ver qué es lo que funciona, para mejorar la calidad de vida de aquellos países adonde la ayuda está supuestamente destinada y a la vez mejorar la imagen de Estados Unidos en la región.
Fuente: EFE Tribuna Abierta
©Univision.com
Commentarios