Así fueron los últimos minutos de Edgar Tamayo

Univision.com | Jan 23, 2014 | 9:27 AM

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Édgar Tamayo, el mexicano ejecutado este miércoles en Texas fue acusado por la muerte de un oficial en 1994.

Por Pedro Rojas, corresponsal de Noticias Univision 45KXLN
“Allí, separado por tres vidrios y una reja de barrotes, estaba aún con vida Edgar Tamayo.”
Como periodista esta semana fui seleccionado para ser testigo de la ejecución de Edgar Tamayo, el mexicano de 46 años que estuvo condenado a muerte por 20 años en Texas, por el asesinato de un oficial de la policía de Houston; a quien le disparo tres veces por la espalda mientras estaba en el interior de una patrulla en el año 1994.
Se trató de mi primera experiencia de observación de una ejecución de un ser humano, la cual estuvo llena de sorpresas y me dejó interrogantes sobre las reacciones de los condenados.
Tras una espera de más de tres horas provocada por la falta de un pronunciamiento de la Corte Suprema de Estados Unidos, finalmente el vocero del Departamento de Justicia Criminal de Texas, Jason Clark, nos indicó a mí y cuatro colegas más que habían sido seleccionados como testigos de los medios de comunicación, que el cumplimiento de la sentencia se llevaría a cabo y sólo nos dio cinco minutos para avisar a nuestra respectivas salas de noticias.
A partir de allí, todos los preconceptos que yo tenía sobre cómo se desarrolla la aplicación de una pena de muerte comenzaron a rondar mis pensamientos y al entrar en la prisión esas ideas se fueron desmoronando rápidamente.
Primero, fuimos llevados a una oficina y luego ingresamos a un área de visitas de detenidos en la que permanecimos por más de 10 minutos. Posteriormente comenzamos a caminar por una suerte de laberinto dividido por varias puertas hasta que salimos a un patio con una caminera rodeada con arbustos que eventualmente nos llevó a una puerta donde ingresamos a una de las salas de observación de la cámara de ejecución en la cárcel de Huntsville, ubicada a una hora y media al norte de la ciudad de Houston.
Allí, separado por tres vidrios y una reja de barrotes, estaba aún con vida Edgar Tamayo; acostado, amarrado a una camilla y con el codo del brazo derecho conectado a  una inyectadora por medio de la cual le seria suministrado el medicamento letal.
A su alrededor habían dos hombres. Hacia sus pies, un capellán portando un pequeño libro del Nuevo Testamento en sus manos y hacia la cabeza un funcionario vestido de traje que no tuvo mayor expresión durante todo el procedimiento.
Tamayo tenía un micrófono, justo encima de su boca y al cerrarse la puerta del cuarto donde fuimos ubicados, el capellán le preguntó si quería hacer una declaración final y el solamente hizo un ruido expresando que no lo haría.
Ya para ese momento era un poco después de las 9:15 de la noche del miércoles 22 de enero y de inmediato, sin mayores gestos del hombre condenado, se inició la aplicación de letal del medicamento. Edgar Tamayo no tuvo algún gesto incomodidad y solo cerró sus ojos, como cuando una persona se queda dormida. Ya para las 9:30 de la noche ingreso un médico que evaluó sus signos vitales y lo declaró muerto exactamente a las 9:32 pm.
Así culminó la vida de Edgar Tamayo, un mexicano originario de Morelos, que en los últimos días se convirtió en el estandarte de las serias críticas que el gobierno de México y grupos opositores a la pena de muerte han hecho a Texas y Estados Unidos por haber enjuiciado y condenado a muerte a decenas de mexicanos sin aparentemente permitirles la debida asistencia y asesoría consular.
Un tema que promete seguir causando fricciones, ya que aun hay muchos condenados que podrían ser ejecutados si no se investiga si en realidad hubo legitimidad e imparcialidad debidas durante sus procesos judiciales.
Tras abandonar la cámara de ejecución recordé los únicos gestos de Edgar Tamayo y conversando con otra colega que también fue testigo de la ejecución coincidimos en pensar que al parecer el hecho de que Edgar Tamayo cerrara sus ojos y no hiciera mayores movimientos o ruidos nos dejó el interrogante de que quizás fue una muerte sin mayores complicaciones. Sin embargo, esa es una incógnita que ahora nadie puede responder. Que en Paz descanse Edgar Tamayo.
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