No bajes la guardia

EFE | Mar 09, 2006 | 12:00 AM
Uno de cada dos cánceres diagnosticados se cura, y la palabra cáncer ya no es sinónimo de enfermedad terminal, señala el profesor Alfredo Carrato, presidente de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), quien recalca que no han dejado de aumentar las tasas de curación y las expectativas de vida de la mayoría de tumores que reciben un tratamiento coordinado.
En el caso del cáncer de mama, en los últimos años ha habido continuos avances en todos los campos, y existen cada vez más opciones terapéuticas para tratar la dolencia, en materia de cirugía, radioterapia, quimioterapia y tratamiento hormonal.
Gracias al diagnóstico precoz, el tratamiento temprano y multidisciplinar, y el control y seguimiento periódicos, se logra reducir cada vez más las peores consecuencias de la enfermedad y prevenir las recaídas, que empeoran el pronóstico porque en la mayoría de los casos ocurren en el hígado o los huesos.
En algunos cánceres casi se está alcanzando la cronificación, al disponerse de medicamentos que se pueden combinar entre sí y permiten reducir la enfermedad y mejorar la calidad de vida.
Pero muchos de estos avances pueden valer de poco si en vez de atender a la evidencia científica -que demuestra que cuanto antes se descubra y trate la enfermedad, más y mejor se cura- se da crédito a una serie de falsas creencias, que inducen a cometer errores y descuidos, que pueden resultar nocivos e incluso letales:
“Si no hay casos en mi familia, estoy a salvo”FALSO: Aunque una alteración heredada a través de los genes es uno de los principales factores de riesgo para sufrir un tumor mamario, más del 80 por ciento de las mujeres que desarrollan un carcinoma de mama no tienen antecedentes de la enfermedad en su familia. Por ello es necesario no confiar en que “se está a salvo” porque la madre, abuelas o tía no han enfermado, y someterse a las revisiones ginecológicas periódicas, y practicarse mamografías cuando se superen los 40 años de edad.
“La enfermedad la trasmite la madre, no el padre”FALSO: No sólo las ramas femeninas de la familia pueden trasmitir alteraciones genéticas. También hay que tener cuenta el árbol genético del padre, porque las anomalías pueden proceder del ascendente masculino. Incluso el propio padre, y no sólo sus ancestros femeninos pueden “dejar en herencia” algún gen implicado en la aparición de la enfermedad.
Además, cuando el cáncer de mama afecta al varón, un hecho que se produce en una proporción muy inferior a la femenina, está relacionado con anomalías genéticas muy determinadas.
“Hay que despreocuparse hasta la menopausia”FALSO: Aunque las posibilidades de sufrir un cáncer de mama aumentan con el paso de los años, ello no significa que no pueda aparecer a cualquier edad. De hecho, una de las razones por la que los expertos destacan la importancia de la detección precoz es que esta enfermedad crece cada día entre el colectivo femenino más joven, cuando incluso puede ser más agresiva, debido a que la actividad celular es más intensa.
Por ello todas las mujeres deben estar atentas a la aparición de bultos u otras alteraciones o secreciones anormales de las mamas a cualquier edad, y acudir al médico ante la menor sospecha.
“No puedo hacer nada por evitar la enfermedad”FALSO: Además de las revisiones periódicas, se puede hacer bastante en el campo de la nutrición. Además de para prevenir los trastornos cardiovasculares y la diabetes, otra razón para mantener un peso adecuado es que después de la menopausia hay una mayor incidencia de cáncer de mama entre las mujeres obesas. También hay indicios de que el exceso de grasas saturadas en la alimentación puede ser un factor que favorece el desarrollo de los tumores mamarios, sobre todo los vinculados a factores hormonales, por lo cual conviene moderar la presencia de alimentos grasos y lácteos enteros en la dieta cotidiana.
“Tener los pechos pequeños me hace menos propensa”FALSO: El tamaño de las mamas no tiene relación con la probabilidad de padecer un tumor. A cualquier mujer, independientemente de la talla de su sujetador, puede afectarla la enfermedad. Tampoco es cierta ni tiene base científica la creencia habitual de que los sujetadores, sobre todo los que llevan aros, dificulten la circulación de la sangre y la linfa en los pechos, aumentando la posibilidad de padecer este tumor.
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