Alimentos sabrosos pero dañinos

EFE | Jan 04, 2006 | 12:00 AM
Un ejemplo de ello es el consumo de bebidas azucaradas, que ha subido notablemente en las últimas dos décadas y que, a juicio del National Health and Nutrition Examination Survey, predisponen a la obesidad y al síndrome metabólico por su alto contenido de fructosa.
Este mismo documento asocia el aumento de la diabetes mellitus tipo 2 (DMT2), cuyos casos se han más que duplicado en los países desarrollados entre 1980 y 2002, con la obesidad.
La frecuencia de la DMT2, que se caracteriza por una resistencia a la insulina, aumentó casi 10 veces en la población infantil y constituye el 30 por ciento de los nuevos casos de diabetes diagnosticadas entre los 11 y los 18 años de edad.
La resistencia a la insulina se vincula al síndrome metabólico, que afecta a entre el 20 y 25 por ciento de la población adulta de Estados Unidos, incluyendo a los latinos.
La insulina, además de su función en la depuración y utilización de la glucosa, también desempeña una función clave en el control del apetito y en la ingesta de alimentos.
Asimismo, controla el ingreso de energía y el sistema que influye sobre la respuesta placentera ante los alimentos.
Cuando abundan los depósitos de energía, los valores circulantes de insulina tienden a ser elevados, lo que significa una menor necesidad de comer y una menor satisfacción ante los alimentos.
Si bien los niveles circulantes de leptina y de insulina se elevan con la obesidad, en este caso se produce una interrupción de las señales de saciedad que dependen de estas hormonas y produce una falsa sensación de falta de alimento.
Los análisis muestran que la comida chatarra es rica en grasas -particularmente saturadas- en densidad energética y en fructosa, mientras que es escasa en fibras, vitaminas A y C y calcio.
Una comida rápida típica contiene mil 400 calorías, que se desglosan en 85 por ciento del aporte de grasa diaria recomendada, 73 por ciento de la grasa saturada recomendada, pero sólo el 40 por ciento de fibras diarias recomendadas y 30 por ciento del calcio recomendado.
Esta elevada densidad energética se vincula con la obesidad por diversos mecanismos, ya que estos alimentos interfieren con los sistemas del control del apetito.
Si bien hay una tendencia a reducir la ingesta inmediata de alimentos tras el aporte de comida chatarra, no se logra compensar totalmente la sensación de hambre y se produce un exceso de consumo de alimentos.
Esto se debe, al menos en parte, a la escasez de fibras, ya que se observó que los alimentos ricos en fibras producen mayor saciedad y sensación de llenado gástrico.
Diversas líneas de investigación consideran que existe una relación directa entre la comida chatarra y estas patologías, por lo que este tipo de alimentos deben ser considerados la principal causa de la epidemia de obesidad.
El médico o nutricionista debe indagar cuidadosamente si su paciente obeso, con DMT2, o con síndrome metabólico, consume comida chatarra y en qué cantidad, y a partir de entonces iniciar un programa enfocado a eliminar este tipo de alimentos de la dieta del paciente.
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