Los elixires de la colmena

EFE | Jun 16, 2005 | 12:00 AM
Viven en panales que construyen con la cera que elaboran ellas mismas; vuelan muchos kilómetros en busca de las flores de las que se alimentan; conviven en enjambres formados por tres clases de individuos –reina, obreras y zánganos- y disponen de un aguijón con un gran saco de veneno que les permite picar y defenderse.
Pero, lejos de ser una amenaza, las abejas son una ayuda. Nadie diría que además de sociales y pacíficos, estos zumbones insectos voladores, así como los productos que elaboran con sus patas, bocas y estómagos también puede ser terapéuticos, ya que aportan remedios naturales para infinidad de dolencias.
Según los apiterapeutas, "la actividad antimicrobiana y antivírica, así como estimulante del sistema inmunológico, que han demostrado el própolis y la apitoxina o veneno de abeja, hace que estas sustancias de los insectos se consideren en el futuro de los medicamentos naturales".
Es una de las conclusiones del I Congreso Internacional de Apiterapia, organizado en San Lorenzo del Escorial, Madrid, por el Programa Philippus, una iniciativa de la Casa Real española para fomentar el buen uso de la medicina tradicional y la formación e información de los profesionales sobre estos temas.
"La apiterapia es el uso de los productos de la colmena, que tienen propiedades naturales para prevenir o ayudar a curar algunas enfermedades", explica el apiterapeuta Pedro Pérez, coordinador científico del encuentro, que ha contado con la participación de 22 ponentes de 18 países, entre ellos los más avanzados en este campo, como Rumanía, Estados Unidos o Alemania.
Entre los productos más refrendados por las investigaciones y activo frente a distintos agentes patógenos destaca el própolis o propoleo, cuyo nombre -que significa "el defensor de la ciudad"- indica su propiedad: defendernos de los ataques exteriores.
Además de combatir los microbios y estimular las defensas naturales, tiene una importante actividad antibacteriana frente a la Helicobacter pylori, la bacteria causante de la úlcera gastrointestinal.
Asimismo, este "antibiótico natural", que las abejas obtienen de las yemas de los árboles, transforman con las secreciones de sus glándulas mandibulares y sirve para impedir la entrada de agentes infecciosos en la colmena, es particularmente eficaz en el tratamiento de las infecciones respiratorias.
Las últimas investigaciones sobre las aplicaciones terapéuticas de la jalea real ó alimento de abeja reina, la cual vive cien veces más que las abejas alimentadas con miel, han mostrado su importante actividad contra las bacterias resistentes a los antibióticos y frente a las bacterias hospitalarias, y algunos hongos y virus.
De la miel, los expertos reunidos han destacado no sólo sus propiedades como alimento, sino también su uso terapéutico por vía tópica como antiinflamatorio.
Pero el elemento de mayor valor terapéutico es la apitoxina, cien veces más potente como anti-inflamatorio que la hidrocortisona, y que además es bactericida y cito-tóxico, entre otras muchas propiedades que todavía se continúan investigando.
También es el elemento potencialmente más peligroso, por lo que es imprescindible que quien se la vaya a aplicar se efectúe una prueba de alergia y sólo la reciba de un apiterapeuta cualificado.
Según los expertos reunidos en El Escorial, "para que la apiterapia sea eficaz debe basarse en una apicultura ecológica, no puede convertirse en una "fábrica de abejas". Se debe respetar la relación con estos animales, que estén en un lugar adecuado, sin estrés, y controlar los procesos de elaboración de los productos".
"Por ejemplo, la miel es terapéuticamente eficaz sólo cuando está madura, pero no antes", ha señalado Pedro Pérez.
Además de la calidad, para que los productos de la colmena sean efectivos hay que usar el mínimo. "Para cada afección se recomiendan dosis diferentes. Estos productos están disponibles en diferentes preparaciones que permiten un uso más cómodo y dosificado, como cápsulas, ampollas o spray", dice el experto.
Incluso para garantizar su correcta administración, hay productos adaptados a las necesidades de cada paciente: "el própolis tiene un sabor amargo que puede desagradar a algunas personas y para facilitar su administración se presenta con diferentes sabores".
El uso de los elementos del panal como terapia se basa en la teoría hipocrática de "que tu alimento sea tu medicina y tu medicina sea tu alimento", señala Pérez que destaca que además de curar, la apiterapia sirve para prevenir las enfermedades.
En su sitio web, Pérez señala que la apiterapia es eficaz para tratar desde eccemas, psoriasis y verrugas, hasta laringitis, herpes simple o artritis reumatoide, pasando por la hipertensión arterial, la aterosclerosis y las varices. También es útil para la obstrucción crónica pulmonar, el enfisema, el asma, la perdida auditiva, el glaucoma, la depresión, y la curación de los huesos.
Explica que "la acción curativa de las picaduras controladas se debe a los componentes del veneno de abeja, fundamentalmente la melitina, y a su trabajo en equipo con las endorfinas que segrega el cuerpo y otros elementos curativos que están en el torrente sanguíneo".
Pérez ha observado la relación entre las picaduras de abeja y los puntos de acupuntura correspondientes al "problema" o desequilibrio energético del momento. Según el experto, "las abejas "saben" dónde tienen que picar, porque donde hay un desequilibrio energético hay una "agresión" que ellas perciben y, al defenderse de esta "agresión", producen un reequilibrio similar al de la acupuntura, con el beneficio añadido del veneno.
Las picaduras son molestas, pero no excesivamente dolorosas, y la cantidad necesaria puede variar desde 1 a 2 o 4 a 30 o 40, según la enfermedad, la persona y el desarrollo alcanzado.
Otros remedios de la apiterapia son el polen, que las abejas recolectan de las flores, lo transportan en forma de pequeñas bolitas y es el alimento proteico de la colmena, y el "pan de abejas", un polen preparado por las abejas, apisonado con sus cabezas y que contiene pequeñas cantidades de miel.
También se emplean con fines terapéuticos, la cera con que las abejas fabrican sus panales de celdas hexagonales, y el "apilarnil" o extracto de larvas de zánganos que contiene también pequeñas cantidades de jalea real, pan de abejas, miel y propóleos.
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