Insólito caso de vacas lecheras

EFE | Feb 24, 2005 | 12:00 AM
Estas vacas lecheras, de pelaje blanco y negro, sobreviven al calor y producen 2.000 litros de leche diarios por medio de un sistema de ventilación que las mantiene húmedas, frescas y cómodas durante todo el día.
Y es que el hábitat natural de estos animales son zonas a más de 1.500 metros de altura y con temperaturas bajas, por lo que ambientarse en el caluroso Caribe es un verdadero mérito.
Pero, lejos de parecer un lujo, la peculiar idea es un ejemplo de ahorro económico, pues, además de producir leche, las vacas contribuyen a la generación de energía eléctrica, abono para plantas y la conservación del medio ambiente.
Los animales viven en La Virgen de Sarapiquí, un pueblo ubicado a 79 kilómetros al noreste de San José, a tan sólo 150 metros sobre el nivel del mar y con temperaturas que pueden llegar a los 38 grados centígrados en verano, un ambiente mortal para estas vacas.
Sin embargo, hace más de diez años, e inspirándose en proyectos similares de países árabes, Alberto Quintana y su familia, dueños de la Hacienda Pozo Azul, se dieron a la tarea de instalar una serie de abanicos gigantescos a los que se adhieren mangueras que expulsan gotas de agua.
"El viento que generan los abanicos, sumado al agua de las mangueras, baja la temperatura del corral donde se ubican los animales hasta los 15 grados centígrados", explicó Max Martínez, trabajador de la finca y encargado de la lechería.
El trabajador detalló que el sistema de enfriamiento simula de manera inmejorable el "ambiente natural" de las vacas, que se sienten cómodas y frescas en medio de un clima caribeño.
Los ventiladores funcionan con energía eléctrica producida por gas metano extraído del estiércol de las mismas vacas que reciben el "frío beneficio".
"Tenemos un sistema en el que todo se recicla. El excremento de las vacas pasa a un tanque donde recibe agua a presión para que pierda textura, y luego pasa por tres filtros donde se extrae la fibra más gruesa", expresó Martínez.
El producto final llega a un depósito llamado "biodigestor", que extrae el gas metano del estiércol. Posteriormente, el gas pasa a otras dos máquinas que lo transforman en electricidad.
Los restos del excremento son llevados a otro depósito donde se mezclan con lombrices para fabricar un abono orgánico que sirve para las plantaciones de pasto y plátano de la hacienda.
Los animales viven en un establo separado con espacios individuales para cada ejemplar, donde cada vaca se acomoda y pasa todo el día descansando y comiendo.
Y ¿qué comen estas singulares vacas? Una "fórmula especial" compuesta por el plátano y pasto producidos en la finca, alimento concentrado, vitaminas y minerales con el fin de que produzcan una leche de alta calidad para la comercialización.
Cuando llega la hora del ordeño, sólo hace falta un silbido de alguno de los diez trabajadores de la finca para que los animales se acerquen a la lechería y esperen con paciencia su turno.
Martínez explicó que a las vacas de raza más pura se les denomina "alfa", las cuales tienen un radiotransmisor con un chip en una pata para detectar y mantener un control estricto de enfermedades y parásitos.
De esta manera, los propietarios de la finca se aseguran la calidad de la leche y la buena salud del grupo de vacas, a las que consideran como de la familia.
©EFE
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