Tsunamis: Gigantescos asesinos del mar

EFE | Dec 27, 2004 | 12:00 AM
El domingo 26 de diciembre, exactamente un año después del temblor que asoló la ciudad iraní de Bam, el terremoto de Sumatra, de 8.9 grados en la escala de Richter, se cebó en India y Sri Lanka (una isla de 65 mil kilómetros cuadrados).
Las cifras de muertos superaban las 22 mil personas un día después del desastre, con numerosas zonas anegadas por las aguas.
Las áreas costeras de Tailandia, Malasia, Maldivas y Bangladesh también resultaron afectadas por el terremoto, que se produjo a las 00:59 GMT y cuyo epicentro fue ubicado en la costa oeste de Sumatra, a 1,605 kilómetros de Yakarta y 40 kilómetros de profundidad.
El terremoto llevó por tanto asociado un fenómeno que en Japón conocen y temen bien por sus efectos devastadores y al que han dado el nombre por el que se conoce en todo el mundo: "tsunamis", que en japonés significa literalmente "olas del puerto".
Las "tsunamis" se producen mayoritariamente a lo largo del denominado Círculo de Fuego, una zona de volcanes con importante actividad sísmica de 32,500 km de longitud que rodea el Océano Pacífico.
El Observatorio Sismológico del Suroccidente, en Colombia, señala a los "tsunamis" como "uno de los fenómenos naturales más peligrosos, grandes olas marinas generadas por desplazamientos súbitos del agua durante terremotos, erupciones volcánicas, deslizamientos, etc. La gran mayoría y los más grandes ocurren en el Océano Pacífico, causados por terremotos de magnitudes altas en las zonas de subducción (con excepción de eventos causados por las muy escasas erupciones volcánicas gigantes, como Krakatoa 1883)".
Lo cierto es que una "tsunami" puede viajar cientos de kilómetros por alta mar y alcanzar velocidades en torno a los 750 km/h.
La ola va creciendo progresivamente según se acerca a tierra, y puede llegar a convertirse en un muro de agua de 15 metros al llegar a las aguas poco profundas de la costa, causando estragos en esa zona e inundando áreas del interior.
Este fenómeno está formado por varias olas que llegan separadas entre sí por unos 15 o 20 minutos, y lo que le hace muy peligroso es que la primera que llega es muy parecida a las normales. Se acompaña con un gran descenso del nivel el mar, aparentando una calma que precede a la llegada de las olas gigantes.
En las dos últimas centurias Mesoamérica ha sido impactada por nueve "tsunamis" destructivos , siete de los cuales tuvieron origen en el Pacífico.
El mayor registrado en la historia se dio en 1737 en la península de Kamchatka (en el extremo oriente ruso) y llegó a contar con olas de 70 metros de altura.
La predicción de este tipo de catástrofes es un viejo sueño de los científicos de todo el mundo y precisamente hace poco más de un año, Estados Unidos y Canadá iniciaron la puesta en marcha del mayor observatorio marino del mundo que, según los expertos, vaticinará terremotos y "tsunamis".
El denominado Proyecto Neptuno es un esfuerzo conjunto de la Universidad de Washington y la Universidad de Victoria, en Canadá, y permitirá "la predicción de terremotos por décimas de segundos, tiempo suficiente para apagar plantas de gas y electricidad y, por lo tanto, para evitar grandes catástrofes", dijo a EFE el director del programa en Estados Unidos, John Delaney.
Este proyecto científico desarrollará un observatorio marino mediante un sistema de fibra óptica.
"Pero lo más importante es que se va a transmitir información las 24 horas del día desde las profundidades marinas, lo que permitirá una forma de estudio del océano nunca antes vista", añadió el experto.
Delaney, profesor de Oceanografía en la Universidad de Washington y especialista en Geología Marina, aseguró que este observatorio marino también predecirá movimientos sísmicos terrestres en todo el mundo, desde Chile hasta Japón.
La primera etapa del proyecto consiste en la instalación de un sistema de 30 laboratorios submarinos conectados por más de 3 mil kilómetros de cables de fibra óptica alrededor de la placa tectónica Juan de Fuca.
Esa placa se ubica en aguas continentales de los estados norteamericanos de Washington y Oregón y la provincia canadiense de Columbia Británica. La red de fibra óptica contará con entre 30 y 50 puntos de recogida de datos, gracias a instrumentos y vehículos submarinos robotizados.
"Igual que la invención del satélite cambió la forma en como percibimos la superficie terrestre, este programa cambiará nuestra percepción de los océanos y nos va a permitir comprender claramente cómo funcionan los ecosistemas marinos", dijo a EFE el director del capítulo canadiense del proyecto, Chris Barnes.
Una vez que el proyecto entre en funcionamiento, señaló Barnes, cualquier persona en el mundo que tenga acceso a la Internet podrá entrar a la página Web del proyecto (www.neptune.washington.edu/ o www.neptunecanada.ca/index.html) en la que se transmitirá permanentemente información en tiempo real proveniente de las profundidades oceánicas.
"Tanto estudiantes como profesores en escuelas y universidades de todo el mundo, así como científicos e investigadores, tendrán acceso a las imágenes recogidas por el sistema de fibra óptica", indicó Valerie Poulin, portavoz de la Fundación Canadiense para la Innovación, una de las organizaciones que financia el proyecto.
Lo que el proyecto Neptuno va a lograr es llevar la Internet hasta las profundidades del mar y la información que se obtenga se almacenará en un banco de datos.
En un futuro, la información disponible permitirá predecir terremotos y "tsunamis", encontrar pozos submarinos de petróleo y controlar las fronteras marítimas con fines de seguridad, agregó Barnes.
Se calcula que toda la red de fibra óptica y los aproximadamente 30 laboratorios submarinos estarán completamente instalados para 2008.
©EFE
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